Así crece tu bebé en sus dos primeros años

La genética es determinante, pero también entran en juego otros factores. ¿Quieres conocerlos?

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D.R.
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¿Cómo crecerá tu hijo?

Durante la primera etapa de su vida (0-2 años), el bebé se desarrolla a un ritmo muy intenso. La genética es determinante, pero también entran en juego otros factores. ¿Quieres conocerlos?
Tu hijo nunca crecerá tan rápidamente como en esta época. Durante el primer año de vida puede llegar a triplicar su peso (y pasar de los tres kilos de media en los recién nacidos a término, a nueve kilos) y aumentar su longitud de 50 a unos 75 cm. Un índice de desarrollo muy acelerado, al que solo se le acercará posteriormente el periodo de la pubertad. ¿Cómo crecerá y qué influirá en ello?

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Genética y nutrición

La talla viene determinada genéticamente en un 80%. Y también los genes son los que marcan el ritmo de maduración. Sin embargo, el crecimiento de tu hijo no depende exclusivamente de ellos, hay otros elementos importantes que intervienen. Y, sin ninguna duda, durante los primeros años de vida el principal de todos ellos es la nutrición.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomiendan alimentar al bebé con lactancia materna en exclusiva durante los primeros seis meses. Y después, manteniendo la lactancia hasta los 2 años (o hasta que la madre y el bebé quieran) empezar a diversificar la alimentación.

Cuando comiences a darle nuevos alimentos es cuando debes asegurarte de que su dieta sea lo más equilibrada y saludable posible y ofrezca a tu hijo el correcto aporte de vitaminas, minerales y proteínas.
No hay ningún alimento en concreto que por sí solo ayude a crecer, como tampoco un exceso de vitaminas o proteínas acelerará nada. “Es más, una dieta demasiado proteica en los primeros meses de vida puede favorecer la obesidad y la hipertensión arterial”, explica Anna Fernández, pediatra del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.
En cambio, según la pediatra, los nutrientes relacionados con el desarrollo óseo y muscular son la clave del crecimiento.
De ahí la importancia de los lácteos, muy ricos en calcio y vitamina D. Su aportación diaria en niños de un año debería rondar los 400 ml, ya sea en forma de leche o de derivados, como yogures o queso.

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Otros elementos esenciales

Cuando hablamos de crecimiento, la actividad física, el descanso y el entorno afectivo del pequeño también son importantes. El primero de ellos, el ejercicio, beneficia el desarrollo muscular y fortalece los huesos.
Tu hijo aún es muy pequeño para realizar deporte, pero hay muchísimas actividades que podéis hacer. Si ya gatea, por ejemplo, anímale a perseguir objetos, o a pasaros entre vosotros algún juguete. Si ha empezado a andar, juega con él al pilla-pilla, a chutar la pelota, pasea con él a menudo...
De igual forma, el sueño juega un papel fundamental en el desarrollo del bebé, porque mientras dormimos se liberan las hormonas relacionadas con el crecimiento. Según la AEP, los recién nacidos deberían dormir como media entre 16 y 18 horas al día y los bebés de 2 años, unas 13 horas.
Por último, el entorno que rodea al bebé es importantísimo. Crecer en un ambiente saludable, lleno de estímulos y amor, favorecerá muchísimo su desarrollo.

La vitamina D es una de las más importantes para el crecimiento y resulta esencial en la absorción del calcio. ¿Sabes qué debes tener presente respecto a ella?
• Desde hace tiempo se ha detectado que muchos niños tienen un déficit y a veces es necesario ayudar con suplementos.
• El sol es la mayor fuente de vitamina D que existe. Por eso es importante que intentes salir al exterior con tu bebé a diario.
• Los lácteos son otra buena fuente de vitamina D. Los semidesnatados contienen menos cantidad.

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¿Cómo saber que su evolución es buena?

Que tu hijo coma bien, duerma tranquilo y se muestre feliz es el mejor indicador de que todo funciona de maravilla. Además, hasta que cumpla los dos años de edad, su pediatra le realizará controles periódicos de peso, longitud y perímetro cefálico (a partir de los dos años, si todo es correcto, estos controles pasarán a ser anuales o bianuales).
En estas revisiones, y para valorar el crecimiento, se utiliza la gráfica estadística llamada percentil. “Es muy útil porque nos permite realizar un seguimiento a lo largo del tiempo y poder detectar así desviaciones en el patrón de crecimiento”, explica la doctora.
Pronto te familiarizarás con ella. Son unas tablas de porcentajes de altura y peso realizadas por la OMS. De todas formas, ten en cuenta que la normalidad dentro de las tablas es muy amplia y oscila entre el percentil 3 y el percentil 97. Que un niño tenga un peso en el percentil 50 quiere decir que la mitad de los niños de su edad comparten el mismo peso, pero no significa necesariamente que esté más o menos sano que otro bebé de su edad que se encuentre en un percentil 70.

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Cada bebé tiene su ritmo

Como hemos dicho, durante los dos primeros años de vida hay un crecimiento muy rápido. Después, éste va disminuyendo progresivamente: 25 cm el primer año de vida, 10-12 cm el segundo año y alrededor de 8 cm el tercero.
El peso sigue un patrón similar: suele duplicarse al cuarto-quinto mes y triplicarse al año de vida. Durante el segundo y tercer año, la ganancia de peso es menor; aproximadamente unos 2-3 kg/año.
Estos son datos generales. A partir de ahí, cada bebé crece en cierta forma “a su manera”, que no siempre es constante. Por ejemplo, durante este tiempo puede vivir picos de crecimiento y engordar en una semana el doble que la anterior, provocando incluso un salto de un percentil a otro.
Estos “acelerones” en su velocidad de desarrollo suelen aparecen a las tres y seis semanas de vida y a los tres y seis meses, por lo que los pediatras los denominan “la regla 3-6”. Lo que suele ocurrir entonces es que el bebé se muestra un tanto inquieto y pide más pecho, porque necesita comer más.

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¿Y si ha nacido con bajo peso?

La talla y peso al nacer dependen de factores genéticos, maternos y ambientales. Por ejemplo, los niños prematuros o de embarazos múltiples suelen tener menos peso. Por otro lado, puede producirse un retraso en el crecimiento intrauterino a causa de problemas de la placenta, enfermedades genéticas o infecciones maternas durante la gestación.
Si tu hijo ha nacido con bajo peso, lo más probable es que el pediatra quiera pautar unos controles más seguidos con el fin de monitorizar su crecimiento. No te preocupes: te informará sobre qué puedes hacer para favorecer su desarrollo.
A partir de ahí, verás cómo poco a poco, tu pequeño va recuperando la talla que le corresponde. Según explica la doctora, la mayor parte de estos niños crecen adecuadamente y a los cuatro años suelen estar ya dentro de los estándares normales. “Es cierto que las medidas del bebé en el momento del nacimiento influirán en la altura que tendrá de mayor, pero solo un 20% de los adultos con talla baja tienen el antecedente de haber nacido con retraso de crecimiento intrauterino”, aclara.

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A veces las cosas no van como deben...

El desarrollo puede verse afectado por múltiples causas, así que si tu hijo no crece como debería, lo primero que hará el pediatra o el endocrinólogo será realizar una valoración y un estudio para ir descartándolas. El estudio puede ir desde la evaluación física a alguna analítica de sangre, o una radiografía de la muñeca para valorar la maduración ósea (en niños mayores de dos años).
El diagnóstico puede revelar algún problema puntual, como una mala adaptación al cambio de tipo de alimentación (por ejemplo en el paso de triturados a sólidos), una carencia nutricional concreta o alguna enfermedad aguda que, por repetitiva, ha acabado alterando el crecimiento. Por ejemplo, si un bebé cursa repetidas infecciones durante los primeros meses de guardería, es posible que deje de crecer adecuadamente.
Otra cosa sería un trastorno crónico (enfermedades renales, cardíacas o del aparato respiratorio). Estos sí afectan al crecimiento, pero cuando se trata la dolencia, el niño mejora y suele volver a su percentil normal. “Es lo que denominamos ‘crecimiento de recuperación’ o ‘catch up’, explica la doctora. Un ejemplo típico de lo que hablamos es la enfermedad celíaca: el estancamiento del peso y talla que produce se recupera al instaurar una dieta exenta de gluten.
Otras causas menos frecuentes de un mal desarrollo son el déficit en la hormona del crecimiento (representa solo un 1% de los casos) y algunas enfermedades genéticas como el síndrome de Turner. En estos casos, el tratamiento suele ser la administración de la hormona del crecimiento, pero siempre a partir de los cuatro años.

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¡Cada vez más altos!

Gracias al potencial genético y la mejor alimentación, los niños son cada vez más altos. Por eso, las tablas de percentiles se actualizan y los datos que hoy representan el percentil 50 no son los de hace unos años.

Según la OMS, la altura y peso medio al año se sitúa en los 74 cm y 9 kg para niñas y 76 cm y 9,600 kg para los niños. A los dos años, ya llega a los 86 cm y 11,400 kg (niñas) y 88 cm y 12,100 kg (niños).

El pediatra puede establecer la altura potencial del niño en función de su carga genética. Es la denominada ‘Talla diana‘y se calcula a través de una sencilla fórmula: la suma de la altura del padre y la madre dividida por dos, a la que se le resta o suma 6,5 cm en función de si el bebé es niña o niño. El resultado tiene una posible desviación de 5 cm.

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