El bebé también necesita rutinas durante las vacaciones

Vosotros suspiráis por días sin obligaciones y horarios flexibles, pero el niño necesita un ritmo de vida más estable. ¿Cómo compaginar ambas cosas?

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D.R.
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Dos circunstancias diferentes

Las vacaciones prometen descanso, recargar pilas, romper con lo cotidiano… Pero ¿y si tenemos un bebé que ya está hecho a un ritmo de vida más o menos estable, que no entiende de cambios y que necesita comer y dormir a unas horas concretas? ¿Cómo compaginar sus necesidades con las nuestras para que él no se vuelva loco y nosotros disfrutemos de un merecido descanso?

La clave está en que seamos realistas y nos tomemos las cosas con relajación. Si nosotros estamos tranquilos y felices, el bebé se contagiará de ese espíritu y todo irá mejor.

La clave está en la flexibilidad

Antes de nada, una aclaración: el concepto “vacaciones” no tiene sentido para un bebé, que no necesita “descansar” del trabajo que hace a lo largo del año. Por eso, aunque estemos de veraneo, le hace falta una rutina. Saber cómo transcurre el día, con sus comidas, siestas, baño, paseo, etc., le ayuda a orientarse en un mundo imprevisible para él.

Pero también es cierto que no es preciso seguir unos horarios tan estrictos; podemos ser más flexibles. Es más, siempre que lo hagamos con cabeza, relajar un poco las costumbres, dándole la merienda un poco más tarde o acostándole las siestas en una manta sobre la hierba a la sombra de un árbol, por ejemplo, puede resultar muy beneficioso para la marcha familiar y, por tanto, también para él.

Además, desde los seis meses, aproximadamente, el bebé empieza a tener ya una cierta capacidad de cambio, y al ponerla en juego comienza a entrenar habilidades como la adaptación al entorno y la resistencia a pequeñas frustraciones, lo que contribuye a su maduración. Pero, eso sí, hay que tener cuidado para no llevar esta capacidad al límite.

Un periodo de adaptación

Empecemos las vacaciones teniendo en cuenta algo muy importante: una de las cosas que más cuestan a los bebés es cambiar su hogar y su cuna por un entorno que no conocen.

A los niños les da seguridad lo que les resulta familiar, incluso aunque todavía sean pequeños para ser conscientes de ello. Por eso, es normal que al principio nuestro bebé extrañe, esté más lloroso de lo normal, le cueste dormirse y se despierte más veces a lo largo de la noche. Si lo hace y llora, lo mejor es que le atendamos cuanto antes y permanezcamos a su lado hasta que se calme.

También es muy buena idea que le dejemos a mano alguna de sus cosas favoritas (como su peluche, su sonajero, su dou dou...) para que se sienta más seguro y esté tranquilo.

Por otro lado, en los dos o tres primeros días conviene intentar cambiar lo menos posible sus rutinas de sueño, comida y baño, para facilitarle la adaptación. Y si tiene chupete o mascota, esta época no es el momento más adecuado para quitárselos; es mejor que los llevemos guardados y se los demos si los pide.

El sueño y la alimentación, sagrados

A partir de ahí, podemos ir relajando el ritmo de vida diario, pero manteniendo dos cosas que deben ser invariables: el descanso necesario y la alimentación correcta.

Respecto al sueño, podemos flexibilizar algo los horarios, pero siempre cuidando que el bebé descanse las horas que necesita, en función de su edad. Es muy importante que de manera habitual duerma lo suficiente (no pasa nada si algún día duerme algo menos), entre otras razones porque la falta de sueño puede motivar que esté irritado y que le cueste calmarse tras pequeñas frustraciones.

Y en cuanto a su alimentación, no debemos saltarnos ninguna de las tomas o, si ya come otros alimentos además de leche, ninguna de las comidas. Pasar hambre afecta al rendimiento físico del bebé y a su bienestar general y hace que se vuelva irascible.

Incluso si nos parece que no tiene hambre, debemos vigilar su alimentación. El calor puede hacerle perder el apetito y, aunque no pasa nada si algunos días come más despacio o algo menos, de nosotros depende que esté bien nutrido. Si ya toma diferentes sólidos y vemos que le cuesta comer, podemos variar algo su dieta, ofreciéndole las verduras en purés fresquitos, preparándole postres de fruta divertidos, dándole platos únicos...

Un último apunte en este sentido: con un bebé no podemos dejar a la improvisación las comidas: es esencial ser previsores, ir bien equipados en las jornadas de playa y en las excursiones y tener siempre a mano un almuerzo o un lugar para comer.

Tres requisitos esenciales

Ahora ya tenemos claro cómo actuar para respetar al máximo las necesidades del bebé sin renunciar a “estar de vacaciones”. Pero ¿cómo lograr que el descanso lo sea de verdad para todos? Estos son los requisitos básicos:

Adoptar una visión realista

En los años que vienen, nuestras vacaciones no van a tener nada que ver con las que vivíamos cuando íbamos sin niño. Así dicho parece algo obvio, pero si no lo interiorizamos y nos pasamos el tiempo añorando lo que hacíamos, nos sentiremos decepcionados y nos perderemos días estupendos y momentos inolvidables; diferentes a los de antes, pero inolvidables. Por eso, conviene ajustar las expectativas y planificar los viajes de modo realista.

Organizarse bien

Para que el descanso sea general, es esencial la colaboración de todos, la reflexión sobre qué tareas no son necesarias y la simplificación de aquellas que sí son imprescindibles, como la comida, con el objetivo de reducir el trabajo al mínimo.

Funcionar en equipo

María y Luis, padres de dos niños de 5 y 3 años y un bebé de 8 meses, se organizan así: “Compartimos todo: niños, ropa, comidas, limpieza… Cuando los mayores están preparados, uno se los lleva y el otro se queda con el bebé esperando que se despierte o atendiéndole y terminando de organizar en el apartamento; al día siguiente cambiamos, y hay otros días en los que salimos todos al mismo tiempo”. Por su parte, Andrea y Miguel acuestan a sus dos hijos, de 1 y 3 años, en cuanto empieza a anochecer. “Se duermen enseguida y nosotros disfrutamos a solas de ese rato tan agradable. Durante el día nos turnamos para tener cada uno nuestro rato de ocio; una hora hojeando una revista o paseando por la orilla del mar te recarga las pilas. De esta forma no tenemos que modificar apenas los horarios de comidas y de siestas del bebé”.

Secretos de relax

Conviene recordarlos y practicarlos a diario.

- Comenzar cada día poniendo música tranquila, desayunando juntos... estrecha el vínculo familiar y ayuda a que la jornada transcurra con relax.
- Evitar planificar demasiadas actividades. Conviene tener tiempo para “no hacer nada”. Si no, acabaremos estresados y se lo contagiaremos al bebé.
- Sentarnos juntos en la arena o la hierba. El contacto con estos elementos naturales aporta calma.

Qué bien nos van a venir las vacaciones

Si tenemos en cuenta todo lo dicho, podremos disfrutar más de las vacaciones en familia. Y haremos bien, estos días nos vienen estupendamente a todos. Al bebé, porque el verano tiene muchos beneficios para su salud y estar al aire libre fomenta el optimismo y el crecimiento. Además, si está atravesando la crisis de los extraños, al encontrarse rodeado por más gente los verá con mayor naturalidad.

Y a nosotros, porque las vacaciones son una ocasión para disfrutar juntos, viendo en directo lo que nuestro hijo aprende y descubre. Y, sobre todo, porque nos regala algo maravilloso: tiempo. Tiempo para estar juntos y enseñar a nuestro bebé a modo de juego; tiempo para asistir a los inicios de su desarrollo social, al verle observar a otros niños mientras juega junto a ellos en la arena; tiempo para ver cómo se mueve y hace ejercicio al aire libre y luego come más y duerme mejor; y tiempo, sobre todo, para compartir risas, comidas tranquilas y largas siestas al aire libre.

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