Bebé: por qué de pronto le cuesta dormir

Hacia los 6 o 7 meses, muchos bebés duermen toda la noche seguida. Pero a otros les cuesta algo más, por motivos que tienen fácil solución.

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D.R.
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El sueño del bebé "mayor"

Entre el quinto y el sexto mes de vida muchos bebés dejan de necesitar la toma nocturna y empiezan a dormir de un tirón. Pero hay niños a los que les resulta más difícil establecer una buena dinámica de sueño o que empiezan de pronto a dormir mal, bien por motivos internos (carácter inquieto, miedo a la separación de papá y de mamá…), bien por causas externas (malos hábitos al dormir).

Si es el caso de vuestro bebé, no te culpes ni le culpes a él; es normal que en distintos momentos de su desarrollo tenga dificultades para dormir. Te explicamos cuáles son las más comunes y cuál es el mejor modo de afrontarlas.

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Se despierta y no sabe volver a dormirse

A todos nos ocurre: aunque creamos pasar durmiendo toda la noche, lo cierto es que durante ese tiempo se repiten varios ciclos de sueño. Cada vez que un ciclo concluye nos despertamos, pero inmediatamente nos volvemos a quedar dormidos a no ser que algo nos mantenga despiertos.

En el bebé puede hacerlo una incomodidad física (estar mojado o tener calor) o el hambre, en cuyo caso cuando resuelvas el motivo (cuando le cambies de pañal o le des una toma) volverá a conciliar el sueño. O puede ser que haya aprendido a dormirse de cierta manera (paseando en tus brazos por la casa, oyendo una nana, etc.) y ahora no sepa hacerlo de otra forma, con lo que llorará varias veces en la noche (cada vez que un ciclo de sueño termine).

Atiéndele siempre (no te preocupes, no se malacostumbrará, y si no le atiendes lo único que lograrás es que se sienta solo y se ponga más nervioso) y ten paciencia. A partir de ahora puedes ir modificando ese aprendizaje, eliminando poco a poco de su “rutina de sueño” las circunstancias que luego él es incapaz de reproducir si se despierta (mecer la cuna, cantarle una nana...). Si lo haces con calma y con mucho cariño, irá aprendiendo a dormirse solo sabiendo que tú estás pendiente de él para ayudarle si no lo consigue.

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Llora si se queda solo en el cuarto

En torno al séptimo u octavo mes de vida aparece en los bebés la llamada “angustia por separación”, que les hace sentir miedo cuando sus papás no están presentes; es una etapa difícil para el pequeño, pero que pasa pronto, cuando aprende que seguís estando ahí aunque no os vea.

Para ayudarle acude a atenderle en cuanto llore y quédate un rato con él dedicándole unas palabras de consuelo, pero evita cualquier acción que pueda convertirse en un hábito (por ejemplo, encender la luz). Poco a poco ve acudiendo más lentamente a su cuarto, hablándole mientras estás yendo para ver si se calma antes de que llegues (si sigue llorando, no dejes de ir).

Y recuerda que un pañito o un doudou que pueda asociar con vosotros (dedica un rato al día a jugar con ese objeto y con el niño) le dará seguridad cuando esté solo.

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Solo duerme fuera de su cuna

A partir de los 7 u 8 meses, hay niños que concilian el sueño sin problemas, siempre que sea fuera de su cuna. Si al tuyo le pasa, la razón puede ser que ha aprendido a asociar el descanso con un espacio diferente (la alfombra, el sofá del salón...).

Para ayudarle a cambiar este patrón, haz de su cuna un espacio agradable y acuéstale antes de que se quede dormido en otro sitio (si es necesario adelanta la hora de la cena y del ritual de acostarse). Los primeros días llorará y protestará; reacciona con calma, atendiéndole cuando te necesite y contándole con cariño y con tranquilidad que tiene que dormir en su cuna. Poco a poco se irá acostumbrando.

Y, en general, no utilices la cuna como espacio para jugar, métele en ella solo para la siesta y para acostarle por la noche.

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Quiere jugar a media noche

Aunque el cuerpo posee un reloj biológico que nos predispone a dormir de noche, este puede verse alterado. A los bebés de pocos días les suele suceder, situación que mejora a los 2 meses. Pero si tu hijo es mayor de 7 meses y tiene ganas de jugar cuando debería dormir, significa que no está cansado.

Revisa sus horarios, quizá le acuestas muy temprano, o se levanta muy tarde. Si es así, puedes probar a ir modificando estos horarios poco a poco. Y dale un paseo a última hora del día, los estímulos ambientales le cansan.

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Le acuesto y empieza a pedir cosas

A partir del año o los 15 meses los niños empiezan a decir sus primeras palabras y aprenden lo poderoso que es el lenguaje, no solo como herramienta de comunicación sino también para llamar la atención. A esta edad, la mayoría de las veces tu bebé se calma y deja de llorar cuando le hablas desde otro cuarto. Pero quién se resiste a un ¡Bibe!, ¡Agua!,… que parecen una necesidad clara.

El problema surge cuando utiliza estas llamadas para mantenerte a su lado. Para evitarlo, asegúrate de que al acostarle están cubiertas sus necesidades y no respondas a su demanda dándole lo que pide, sino recordándole que es hora de dormir y que ya ha comido, bebido...

Una vez explicado no se lo repitas cada vez (estaría logrando su objetivo: llamar tu atención); simplemente dile, con calma, que es hora de dormir.

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Se golpea la cabeza para relajarse

Algunos niños tienen extraños rituales para relajarse y alcanzar el sueño, y uno de los más llamativos es balancearse o golpearse la cabeza. Verlo puede resultar angustioso para los padres, pero su función viene a ser la misma que la de succionar un chupete, y es un comportamiento habitual entre los 10 y 24 meses.

Hay que quitarle importancia, ya que prestarle demasiada atención puede reforzarlo; basta con evitar que se haga daño poniendo una tela acolchada en los barrotes de la cuna. Eso sí, si este comportamiento aparece a lo largo del día, tiene una duración prolongada o lo hace con excesiva fuerza, habla con su pediatra.

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