Muerte súbita del lactante, los 6 factores clave para prevenirla

Descubre qué debes tener en cuenta en cada uno de ellos para proporcionar a tu bebé un sueño seguro.

prevenir muerte súbita del lactante
Getty ImagesMint Images - Jane Taylor

Si hablamos del descanso del bebé, uno de los aspectos que más preocupan a los padres es el de la seguridad. En este sentido, es necesario abordar el llamado “Síndrome de Muerte Súbita del Lactante”, un trastorno asociado al sueño que asusta mucho pero cuya incidencia es muy pequeña (2 de cada 1.000 niños en España) y ha disminuido de forma espectacular en los últimos años gracias a las medidas de prevención.

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Por un sueño seguro...

Según la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), este síndrome se define como la “muerte súbita de un lactante de menos de un año cuya causa permanece inexplicada después de una minuciosa investigación”. El mayor riesgo de Síndrome de Muerte Súbita del Lactante se da en el primer medio año de vida del bebé, sobre todo entre los 2 y los 4 meses, seguramente porque la capacidad del niño para despertarse del sueño aún no está madura. Conocer los factores implicados (en sentido positivo o negativo) en el SMSL ayuda a prevenir su aparición.

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1. La postura al dormir

En los años noventa los pediatras descubrieron una relación entre la posición del bebé en la cuna y la muerte súbita y empezaron a aconsejar a los padres acostar a sus bebés boca arriba. La tasa de los fallecimientos se redujo más del 90%. Por tanto, aunque no hay una única causa para el SMSL, acostar al bebé boca arriba es la medida de prevención más importante. La razón es que si tiene su cara hacia abajo no siempre gira su cabecita de lado, lo cual dificulta su respiración.

El inconveniente de poner al bebé siempre en la misma postura es que pueda sufrir una ligera deformación de la cabeza, pero lo evitas teniéndole mucho en brazos y llevándole en pañuelo de porteo o portabebés. Y en cuanto a la posibilidad de que se dé la vuelta él solo y se ponga boca abajo, cuando el bebé tiene capacidad para hacerlo (hacia el séptimo mes de vida), ya posee fuerza suficiente para reaccionar si está en problemas, así que tranquila.

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2. El interior de la cuna

Según datos de la AEPAP, una superficie de descanso blanda aumenta el riesgo de SMSL, al igual que lo hace la presencia en ella de almohadas, cojines y objetos blandos sueltos, que pueden llegar a dificultar la respiración del bebé si cubren su cara. Elige un colchón firme (comprueba que no queda espacio entre este y los barrotes de la cuna), usa ropa de cuna que se ajuste bien y evita poner objetos que agobien al niño.

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3. La temperatura

Un exceso de calor es peligroso para el bebé, que aún no transpira bien. Piensa que puede pasar calor si los rayos de sol que se filtran por la ventana se combinan con demasiada ropa, o si de noche la calefacción está muy alta y él está muy tapado en la cuna. Mantén la temperatura del cuarto a unos 20º C.

Para dormir puedes ponerle un body y un pijama saco y no taparle con nada. Si prefieres ponerle un pijama, prescinde de mantas y edredones y tápale con una sabanita que le cubra solo hasta las axilas (saca sus brazos por arriba) y esté bien remetida bajo el colchón en la parte de los pies. Si está resfriado, tiene infección o tras una vacuna no es necesario taparle más. Para asegurarte de que no está pasando calor, toca su nuca: si suda, está muy abrigado. Si sus pies están calentitos y sus manos algo frescas, perfecto.

Y un apunte más: cuando vaya en el coche quítale la chaqueta y el gorro, y si lo llevas en el portabebés, recuerda que también recibe tu calor corporal.

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4. Los hábitos de la madre

El hecho de que la madre fume, beba o tome drogas durante el embarazo aumenta el riesgo de que luego su bebé sufra SMSL. Y tras el nacimiento, el humo del tabaco también es un factor de riesgo. Es esencial que vosotros y el resto de familiares, amigos, etc., tengáis claro que la habitación del niño, la casa en general, el coche y los espacios cerrados donde esté el bebé son lugares libres de humo.

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5. El lugar de descanso

Hasta el año, lo más seguro para el bebé es dormir en vuestra habitación de noche (de día en el salón). Aunque estéis dormidos, en vosotros sigue despierto el instinto de protección y percibís cualquier anomalía que suceda durante el sueño. De hecho, los estudios demuestran que la incidencia de SMSL es menor en países como Japón, donde los bebés duermen en la habitación de sus padres, que en los que abogan por el sueño solitario, como Estados Unidos.

En cuanto al colecho, no existe unanimidad. Hay especialistas que aconsejan su práctica, aduciendo que con el colecho se produce una sincronización física entre la madre y el bebé (acoplan sus fases de sueño) y que la respiración de la primera ayuda a regular la del segundo, lo cual disminuye el riesgo de SMSL. Pero otros lo consideran peligroso y lo desaconsejan, salvo que se opte por una cuna adosada que se añade a la cama de los padres. En todo caso, no se debe practicar el colecho con el bebé si se han ingerido alcohol o somníferos, se padece obesidad o el colchón de la cama es blando y se hunde.

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6. La lactancia y el chupete

Se ha demostrado el efecto protector de la lactancia materna, posiblemente porque defiende al bebé frente a las infecciones, factores de riesgo para el SMSL. Además, también se sabe que la succión que el niño realiza con el chupete ayuda a reducir el peligro de padecerlo.

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El ALTE, un tipo de trastorno diferente

También está asociado al sueño y pone en riesgo la vida del bebé, pero es menos habitual que el SMSL. El ALTE (“Apparent Life-Threatening Event”) puede deberse a causas diversas y se presenta con síntomas como pausas en la respiración, cambios en la coloración de la piel y/o alteraciones musculares (flojera o rigidez excesivas).

Hay que actuar de inmediato (frotar la espalda y el tórax del bebé, darle palmadas en el culete, y en último caso aplicar la respiración boca a boca mientras se llama al 112). Después de un episodio el bebé se recupera bien.

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