Cómo cuidar y mimar la piel del bebé

Tan bonita y... tan delicada. La piel del bebé merece mimos y atenciones específicos para mantenerse sana. Así puedes ofrecérselos.

 

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Unas características especiales

Cuando pensamos en el canon de belleza de una piel bonita siempre surge la frase: “como la de un bebé”. Sin embargo, este ideal es difícil de lograr, porque la piel del bebé tiene unas particularidades que la diferencian de la del adulto y la convierten en especial.

- Para empezar, es cinco veces más fina que la nuestra y una vez que pierde el lanugo (ese pelito corporal finísimo que tiene el feto y el bebé de pocos días cuya misión es aislar la epidermis) la piel del recién nacido, apenas tiene vello que la proteja.
- Las células de su epidermis están menos cohesionadas y los corneocitos, que funcionan como barrera, están aún poco desarrollados (son más pequeños).
- Estas circunstancias favorecen, por un lado, que la piel sea más permeable (por ello hay que tener especial cuidado con lo que se le aplica).
- Y, por otro, que pierda agua con facilidad, se descame y aparezcan asperezas.

Diferente a la del adulto

Otra gran diferencia entre la piel del adulto y la del bebé: nuestro pH tiene cierta tendencia a la acidez, perfecto para luchar contra las infecciones y la agresión de agentes externos, pero el suyo es neutro, lo que le deja expuesto a la acción de microorganismos y sustancias potencialmente dañinas.

Si a esto añadimos que el sistema inmunitario del niño es aún inmaduro, que la sudoración es escasa y que las glándulas sebáceas, cuya emisión lubrica y protege, no funcionan correctamente hasta bien pasados los 12 meses, entenderemos la extrema sensibilidad con la que nos encontramos.

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Necesita hidratación

Hacia la segunda semana de vida notarás que tu recién nacido tiene la piel escamosa; esto se debe a que a las 48 horas de nacer perdió la protección de la vérnix caseosa (la capa grasa que protegía su piel cuando estaba en contacto con el líquido amniótico y que tiene un alto poder hidratante).

Ante la carencia de esta capa, la piel se muestra seca con evidentes signos de falta de agua. Mira entre los deditos de manos y pies, en el pliegue del cuello, en el empeine del pie, bajo las axilas. Notarás la piel cuarteada, con pliegues marcados y con escamas blanquecinas.

Ante estos signos...

...es el momento de ofrecerle ayuda externa. Pero recuerda que las especiales características de la piel del bebé requieren cuidar muchísimo todo lo que se aplica sobre ella, valorar bien sus ingredientes, la textura y la forma de aplicar cada producto tanto de su cuidado como de la higiene diaria.

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Trata su piel con productos adecuados

Para hidratar la piel de tu hijo, elige productos humectantes o emolientes (evitan la pérdida de agua) específicos para bebés, que respeten las particularidades de su piel, con fórmulas naturales de alta tolerancia (sin tóxicos ni sustancias irritantes), seguros (sin parabenos, sin fenoxietanol, sin ftalatos ni alcohol), que refuercen su barrera epidérmica y que protejan la delicadeza de su epidermis. Adquiérelos en establecimientos y e-commerce que garanticen su calidad y que certifiquen la autenticidad de sus ingredientes.

Bien utlizados

Cuando los apliques, hazlo con delicadeza, sin frotar ni restregar, a modo de masaje y con suavidad, hasta su total absorción (ten en cuenta que parte del producto lo notarás tú al tacto, no insistas, podrías irritarle). Su piel será más permeable tras el baño y ése es el momento ideal para ofrecerle los mejores cuidados. Las lociones se extienden mejor que la textura crema y los aceites mejor que la crema.

Recuerda que los bebés pierden calor corporal con la cabecita mojada, lávale el pelo al final del baño (en total este no debe durar más de 5 minutos). Usa un esponja para la zona del culete y el cuerpo y otra solo para la cara y la cabeza. Despúes, sécalo con una toalla suave (de uso exclusivo para él), con toques suaves y sin restregar. Y cuando esté seco, hidrata su piel. Utiliza poca cantidad, calienta previamente el producto en tus manos y extiéndelo.

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Cuidar su piel en casa

Has de procurar que el ambiente en el que se encuentra el niño sea adecuado para su piel. En este sentido, recuerda que ni el exceso de calor de la calefacción, ni la sequedad ambiental, ni las bajas temperaturas externas, ni el aire acondicionado directo son recomendables para un bebé.

Aunque en el resto de la casa puede hacer un poquito más de calor, en su cuarto lo recomendado es entre 21 y 22 ºC; y la humedad ambiental es mejor que esté sobre el 40%. Por otro lado, ten la costumbre de ventilar bien su habitación (5-10 minutos diarios bastan para renovar el aire de una estancia de tamaño medio), evita hacerlo cuando esté él para que no le afecten las corrientes de aire y recuerda que con un bebé en casa no se debe fumar.

Vestido sin agobios

Hasta el año de edad, los niños no regulan bien la temperatura corporal ni les funciona correctamente la sudoración, por ello son tan propensos a la sofocación, una circunstancia que asociada al sueño puede poner en peligro su vida. Su ropa de cama, cuanto más ligera mejor.

Mientras el bebé esté en casa, ponle ropa que no agobie ni pese. Si está jugando o se mueve mucho, aligera su vestimenta (si le ves sofocado quítale zapatos, calcetines, prendas gruesas y ofrécele agua o pecho).

El calor y el sudor, puede favorecer la irritación de la piel y, en el caso de niños con tendencia a presentar piel atópica, provocar un brote.

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Su ropa también cuenta

Por la delicadeza de su epidermis hay que prestar también atención a los tejidos que la visten; preferiblemente han de ser 100% naturales (algodón orgánico, tejido de bambú...). Asegúrate de que los colores y tintes utilizados son atóxicos, que las costuras están bien rematadas y no rozan y que los botones y cierres no son accesibles para el niño.

Debes lavarla bien

Durante los tres primeros meses, es conveniente lavar todas sus prendas antes del primer uso (salvo que sean productos orgánicos certificados o previamente higienizados y sellados, específicos para bebés que indiquen que no es preciso hacerlo).

A la hora de lavarlos, durante el primer año y para minimizar el riesgo de alergias, lava su ropa por separado, son recomendables los productos sin jabón, con ingredientes vegetales y mejor si su origen es ecológico. Sin lejías, blanqueadores ni sustancias aromáticas volátiles.

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A la calle, con calor o con frío

Conviene que todos los días salgas con el bebé de paseo, por lo menos una hora. El aire limpio, el sol y el contacto con el exterior (sonidos nuevos, caras diferentes, espacios abiertos, etc.) contribuyen a su crecimiento físico y desarrollo mental. Elige zonas con poco ruido y si es posible, soleadas (parque, bosque, paseo marítimo, etc) y toma ciertas precauciones para proteger tu piel.

En épocas de frío

Es cierto que las bajas temperaturas y el viento son los principales agresores de la piel en estas épocas (ambas circunstancias favorecen la pérdida de agua y la resecan). Pero, eso no quiere decir que el niño se pase todos los días encerrado en casa. Elige las horas de más calor, abrígalo bien, tápale las manitas y utiliza la burbuja de lluvia, sin anclar del todo, para evitar que el viento le dañe la piel. Y recuerda.

- El niño tiene que ir lo suficientemente abrigado como para no coger frío, pero tampoco para sudar (el sudor reseca la piel y favorece la aparición de granitos).
- Si es un día lluvioso, ponle al carrito un protector de plástico (burbuja) y acorta el tiempo que dure el paseo.
- No te detengas con el cochecito en lugares donde pueda recibir corrientes de aire, el niño recostado apenas se mueve y es muy fácil que se enfríe.
- Algunos bebés de piel ultra sensible pueden presentar en la carita y en las manos unas ronchas rojas, muy molestas, cuando vuelven de su paseo. Se trata de una reacción al frío (urticaria a frigore), que aparece a los 15-30 minutos de que la piel, tras estar sometida al frío, haya recuperado su temperatura habitual. Pregunta en farmacias por cremas para protegerle del frío y el viento y aplícaselas media hora antes de salir. Si la reacción se produce siempre que sale a la calle y aumenta en intensidad, conviene que lo vea el dermatólogo e indique el tratamiento más oportuno.

Si es época de calor

Pon la capota y la sombrilla a la silla de paseo, elige zonas de sombra y lleva siempre un arrullo o muselina para echárselo por encima, si entráis en establecimientos refrigerados. Tócale la nariz y los brazos. Si están fríos (o notas en su piel unas marcas veteadas como el dibujo del mármol) significa que el bebé necesita más ropa. Si por el contrario, le tocas la nuca y el pliegue del cuello y está mojado, el niño necesita refrescarse.

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El sol, en su justa medida

El sol es imprescindible para que el organismo de tu hijo sintetice la vitamina D (primordial para su crecimiento, para fortalecer sus huesos y para prevenir determinadas enfermedades). Pero también puede ser uno de los grandes enemigos de su piel (y no solo durante el verano, sino todo el año). Los especialistas recomiendan que los menores de 2 años no se expongan directamente a él. Y nunca durante los 6 primeros meses de vida.

Hay una excepción que debe seguirse con mucha cautela. En los casos de ictericia neonatal, se recomienda poner al bebé cerca de una ventana, varios minutos al día, ya que la radiación UV contribuye a mejorar el proceso. Pero el niño ha de estar vigilado en todo momento y se deben respetar los tiempos prescritos para que su piel no se queme.

Para que tu hijo obtenga lo mejor del sol sin sus riesgos, pasea con él a primeras horas de la mañana o a última de la tarde, llévale siempre con sombrilla, gorrito y ropa ligera. No te pares con el cochecito a pleno sol.

A partir de los 6 meses, en caso de exposición y para proteger su piel de los rayos, se puede recurrir a productos solares de muy alta protección, con filtros físicos, naturales, formulados específicamente para bebés. Aplícale el protector media hora antes de salir de casa y repite a las dos horas, si seguís fuera.

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Bebés con piel atópica

Lo habitual es que la piel de la cara del niño sea lisa y preciosa, pero existe la posibilidad de que presente una enfermedad inflamatoria de la piel que cada vez es más comun y que se conoce como dermatitis atópica.

El 20% de los bebés y niños españoles padecen este problema que se manifiesta con sequedad acusada de la epidermis, brote de granitos, picor intenso, enrojecimiento e inflamación de la piel. El problema suele surgir en brotes con cierta periodicidad (en los bebés de pocos meses suele afectar a la zona del rostro, en niños más mayorcitos en zonas de flexión).

Las causas

Hay varios factores que influyen en la aparición de esta enfermedad: por un lado la predisposición genética; por otro, una alteración en la estructura de la barrera cutánea y de su función protectora, además puede existir una alteración inmunológica. También está relacionada la dermatitis atópica con una reducción temprana de la lactancia materna, con el tabaquismo materno y con la contaminación ambiental.

El 45% de los casos de dermatitis atópica aparecen antes de los 6 primeros meses de vida; el 60%, antes del año, y el 85%, antes de los 5 años. El 70% de los casos desaparecen en la adolescencia (datos de la Academia Española de Dermatología).

Ante los primeros síntomas, si crees que tu hijo puede estar afectado, consulta con el pediatra y/o con el dermatólogo. Y sigue el tratamiento y las indicaciones para el día a día que establezca el especialista.

- En algunos casos prescribirá antiinflamatorios tópicos para utilizar durante el brote.
- Aplicar dos veces al día una crema emoliente.
- Evitar irritantes sobre su piel (polvo, sudor, níquel, cromo, etc.).
- No usar productos con jabón.
- Vestir al bebé con ropa muy ligera (menos sudor) y con tejidos naturales.
- Baños muy cortos de agua tibia.
- Puedes encontrar información más detallada sobre esta enfermedad en www.adeaweb.org.

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En cuanto a su culito

Es otra de las zonas más delicadas de la piel del bebé y que más consideración merece. La presencia de pis y de heces favorece que el pH de la piel del culito se vuelva más alcalino (lo que le confiere menor protección). Las enzimas fecales destruyen la capa protectora de la epidermis y con ello aumenta la irritación y las infecciones. La humedad, la oclusión y el roce continuado completan las circunstancias que hacen tan sensible esta zona de su cuerpo.

Prevenir la dermatitis del pañal

Para evitar, en la medida de lo posible, la aparición de una dermatitis que afecta a la zona que cubre el pañal sigue estas indicaciones.

- A la hora de limpiar los genitales, hazlo siempre de delante hacia atrás, para no arrastrar las heces hacia la zona vaginal (en los varones también es recomendable hacerlo así, para reducir riesgos de infección urinaria).
- En cada cambio de pañal, puedes lavar su culito con agua tibia o usar toallitas de calidad. Si hay deposiciones, una vez retiradas, lava con abundante agua y una gota de producto lavante, sin jabón, o con las toallitas. Limpia bien entre los pliegues pero sin apretar ni arrastrar con fuerza la toallita ni la esponja.
- Seca bien la zona y aplica después, o por lo menos dos veces al día, una crema emoliente protectora de alta tolerancia.
- Cuando la piel esté dañada, sustituye la crema habitual por una pomada o pasta con efecto aislante (nunca uses talco) y deja el culete al aire todo el tiempo que sea posible.
- Recuerda cambiar el pañal siempre que tenga heces y cada tres horas, aunque solo tenga pis.
- En el caso de los varones, además, hay que aprovechar el baño diario para intentar bajar (con muchísima suavidad y sin forzar nunca) la piel que recubre el prepucio. Así ayudas a reducir las adherencias, higienizas la zona y evitas infecciones.

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