Cuidados de la piel del bebé en invierno

La piel del bebé sufre con las inclemencias del invierno: el viento, el frío seco, el sol o una temperatura muy elevada en casa son sus enemigos. Hidratarla ayuda a combatirlos.

 

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La piel, su "muralla"

La piel, el mayor órgano que poseemos los seres humanos, actúa como barrera del organismo frente al medio que lo rodea, le ayuda a mantener íntegras sus estructuras, protege contra los cambios de temperatura y bloquea los rayos ultravioletas que puedan resultar perjudiciales. “Es como la muralla de un castillo que nos defiende frente a invasores externos”, ilustra Eulalia Baselga, jefa de Dermatología Pediátrica del Hospital Sant Pau de Barcelona. Pero este órgano también necesita cuidados y protección, sobre todo la piel de tu hijo, que es entre un 40% y un 60% más delgada que la tuya. Y no solo en verano, como muchas veces se cree: el invierno puede ser igual de dañino para ella si no tomamos las medidas adecuadas para evitarlo.

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Epidermis muy vulnerable

No hay nada más tierno que la piel de un bebé, pero lo cierto es que esa piel es inmadura y aún le queda un largo camino para acabar de desarrollarse (el proceso de maduración dura hasta los 2 años de edad, más o menos). “La epidermis del bebé es más delgada que la del adulto, tiene un recambio más rápido ya que las células son más pequeñas y además, sufre alteraciones en el estrato córneo; por eso se deshidrata con más facilidad”, explica la doctora Baselga.
Por otra parte, tiene un pH más elevado (alrededor del 6), y no tan ácido como el del adulto (que es de 5), por eso es más sensible a las irritaciones e infecciones.
Y, además, la piel del niño es más permeable que la del adulto, lo que conlleva un riesgo adicional: tiene mayor capacidad de absorber lo que le apliquemos.  

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El frío y el viento, grandes enemigos

El sol, el viento y el frío (en el exterior) unidos a una temperatura muy elevada y a un ambiente reseco en el interior de casa son los principales enemigos de la piel de tu hijo.
El primero de ellos, el sol, sigue muy presente en invierno, aunque no “pique” tanto como en la época estival. Para tu hijo es necesario porque sintetiza la vitamina D, fundamental para su desarrollo, y por esta razón la dermatóloga pediátrica recuerda que “el paseo de media tarde es totalmente recomendable para su piel”. Pero es esencial tomar precauciones.
A pesar de que no sea tan intenso como en verano, una exposición prolongada es igualmente nociva para el bebé si no lo proteges adecuadamente. “La epidermis infantil es más sensible a los rayos UV puesto que la pigmentación es menor”, cuenta Eulalia Baselga.
Así que, para sacarle de paseo, conviene que evites las horas centrales del día y que le pongas crema protectora al menos SPF 20 (antes de los 6 meses ha de ser específica para bebés).

Tampoco el frío, sobre todo si es seco, se lleva muy bien con la epidermis de los pequeños. Recuerda que si vives en zonas de interior del país deberás hidratarle más a menudo que si resides en zonas costeras.

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El exceso de sudor, otro peligro

Otro de los “grandes males” de la piel de los bebés tiene que ver con su exceso de sudoración. “No tienen la misma capacidad de eliminar calor que los adultos; cuando se les abriga demasiado no eliminan bien el sudor y eso les provoca sudamina, una erupción causada por este sudor que queda retenido debajo de la piel”, añade la dermatóloga.
Así pues, tanto al sacarlo a la calle como cuando está en casa, es conveniente que no lo abrigues más de la cuenta.
Los cambios bruscos de temperatura tampoco le benefician. Cuando entres en un recinto cerrado quítale los guantes, el anorak y la bufanda lo antes posible.
Y en casa, evita que la calefacción esté demasiado elevada. Los expertos recomiendan que la temperatura en el interior de la vivienda oscile entre los 20 y 21 grados y que la humedad sea del 50% (utiliza humidificadores o pon un vaso de cerámica con agua en los radiadores).

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Productos que cuidan la piel del bebé

La piel tiene memoria, de ahí que la prevención sea fundamental. Y utilizar para cuidarla los productos adecuados es una de las medidas más importantes. Toma nota.

- Aplícale cremas hidratantes y aceites naturales, ya que una correcta hidratación es la mejor fórmula frente a futuras anomalías. Apuesta por una crema o loción hidratante hipoalergénica (sin parabenos, formaldehído...). Puedes ponérsela a tu bebé a cualquier hora del día, pero el momento perfecto es tras el baño, cuando aún tiene la piel humedecida y los poros más abiertos. Al aplicársela, presta especial atención a los pliegues del cuello, la cara y las manos, que son las zonas que están más en contacto con el exterior. Por último, recuerda que en el invierno son muy beneficiosas las cremas que tienen un alto contenido en grasas, mientras que las que contienen niveles de agua más elevados resultan especialmente recomendables en verano.
- No olvides sus labios, ya que el exceso de saliva puede acelerar la sequedad y multiplicar la irritación de esta zona del cuerpo que carece de glándulas sebáceas y por lo tanto no puede fabricar grasa para protegerse frente al frío. Existen muchos protectores labiales en el mercado diseñados para niños, sin sabores artificiales ni colorantes.
- Ten muy presente la crema de protección solar, sobre todo los días de mucho sol y, por supuesto, si vais a zonas con nieve o que sean de alta montaña. Los protectores solares más convenientes para bebés son aquellos que contienen únicamente filtros físicos.
- Utiliza jabones solamente si son específicos para bebés. La doctora Eulalia Baselga recomienda para su delicada piel los syndet, limpiadores sin jabón y sin detergentes.
- Si le vas a poner alguna fragancia, que sea sin alcohol. Hazlo sobre su ropa y no sobre la piel, no olvides que su capa córnea es aún inmadura. En general, conviene que sus productos de higiene y cuidado sean sin conservantes.

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Más pautas eficaces que le protegen

Conviene que también tengas en cuenta otras sencillas normas para que la epidermis de tu hijo esté preparada a la hora de hacer frente a los rigores de esta estación.

- No le vistas con tejidos sintéticos. Estas fibras son demasiado ásperas y le irritan la piel. Lo idóneo para el bebé son las prendas de algodón o de hilo, mucho más transpirables. Si lo sacas a pasear y ya camina, desabróchale el abrigo y quítale la bufanda, para que no sude. Y a la hora de lavar sus primeras prendas de ropa evita utilizar lejías y suavizantes.
- Cuida su hidratación. La leche, junto con el agua y los zumos naturales (si ya los toma) suministran a su cuerpo, y a su piel, el líquido que necesita para estar sano.
- Ofrécele una dieta rica en alimentos que contengan antioxidantes, que juegan un papel importante para contrarrestar el efecto oxidativo del sol y para el fortalecimiento de su sistema inmunitario. Los encontrarás sobre todo en las verduras (brócoli, tomate, espinacas, col o zanahorias) y en las frutas (cítricos y uvas, entre otras muchas).
- Evita los baños con agua muy caliente, sobre todo durante los días más fríos, ya que resecan la piel en exceso y la dejan áspera y agrietada. El agua debe estar a una temperatura agradable al contacto y el baño no debe durar más de diez minutos. No uses esponjas artificiales, ya que pueden favorecer la eliminación de su capa de grasa. Recuerda que no es obligatorio el baño completo a diario. Con tres o cuatro veces a la semana vale (aunque puedes hacerlo a diario, si prefieres).

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Presta atención a su cabello

Al poco de nacer, tu hijo puede sufrir una caída normal o fisiológica de parte de su cabello. “Esta caída no siempre es uniforme pudiendo ser más exagerada en la zona de la nuca”, advierte Baselga. Y es que el pelo del bebé también sufre un proceso de maduración: inicialmente es fino y va adquiriendo grosor poco a poco, en un proceso que a veces dura años.  “No se engrasa de la misma manera que el de un adulto, por lo que hay que usar jabones más neutros y delicados.

No es aconsejable aplicar colonias en el pelo, ya que pueden contener alérgenos y alcohol que resecan el cuero cabelludo”, añade. Además es frecuente que los bebés tengan en la cabecita costra láctea, una capa gruesa escamosa y amarillenta, que no es peligrosa ni dañina. “Se suele corregir con champús específicos, aceites especiales o tratamiento médico”, aclara, pero los alcoholes no le van.

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Si tiene dermatitis atópica...

Se calcula que hasta un 20% de bebés y niños padecen esta enfermedad, cuyos síntomas son piel inflamada, reseca y erupciones cutáneas muy pruriginosas. Tiene origen genético, aunque también intervienen factores ambientales.
Tenlo en cuenta...

- Las temperaturas extremas pueden favorecer un brote o empeorar el existente.
- El sol (moderado) y una correcta hidratación (aguas, zumos) son pautas beneficiosas.
- La hidratación de la piel desde los primeros meses de vida ha demostrado ser eficaz.
- Suele mejorar o desaparecer a medida que el niño crece.

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