Cómo lavar y cuidar el pelo del bebé

No se trata sólo de una cuestión estética. Tratar bien el cabello de tu bebé, aunque sea escaso y muy finito, resulta imprescindible para ahorrarle picores, granitos...

 

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Lavar y cuidar el pelo del bebé

Tanto si tu bebé ha nacido calvo como si tiene mucho pelo, es importante que le laves la cabeza todos los días para evitar que el sudor se le quede acumulado en el cuero cabelludo y le salgan granitos. Además, así también previenes la formación de la antiestética y latosa costra láctea.

No es imprescindible que emplees champú todos los días, bastará con que se lo eches uno sí y otro no. Y recuerda: el producto que elijas para él debe ser especial para niños de tan corta edad, muy suave y con el pH neutro, para que no le dé alergia, no le irrite la piel y no le escueza los ojos.

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Sin sustos ni enfriamientos

Mientras lavas el pelo a tu bebé, mantenle la cabecita ligeramente echada hacia atrás para que no le caiga agua en la cara ni le entre champú en los ojos (podría asustarse). Aprovecha el momento de enjabonarle para darle un suave masaje en el cuero cabelludo con las puntas de tus dedos, haciendo pequeños movimientos circulares. De esta forma le activarás el riego sanguíneo, lo que favorece la salida del verdadero cabello.

Y es que probablemente lo que tiene tu hijo ahora, salvo que sea calvo del todo, no es pelo, sino lanugo, es decir, restos de la capa pilosa que le recubría el cuerpo cuando aún vivía dentro de ti y que irá perdiendo poco a poco.

Una vez que le saques del agua, envuélvelo en una capa con capucha o en una toalla grande que le cubra la cabeza para que no se enfríe (los niños pierden la mayor parte de su calor por esta parte del cuerpo, que tiene una superficie muy grande en comparación con las demás).

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El tratamiento contra la costra láctea

El bebé recién nacido todavía se encuentra bajo la influencia de las hormonas que le ha transmitido su madre durante el embarazo. Éstas aumentan la producción sebácea del cuero cabelludo y a veces este exceso de grasa origina la llamada costra láctea, formada por descamaciones blanquecinas similares a la caspa.

Esta afección, si se trata, desaparece en pocas semanas. Para ello hay que untar todos los días la cabeza al bebé con una capa de vaselina, esperar media hora y lavarle la cabeza con una esponja humedecida en agua y jabón infantil neutro. Después conviene pasarle un cepillo de cerdas suaves por la cabeza durante un par de minutos. Y, eso sí, jamás hay que quitarle las costritas con las uñas, porque podemos hacerle heridas.

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Secar, cortar y peinar

Para peinarle sin hacerle daño necesitas un cepillo infantil con cerdas muy suaves o un peine para bebés que tenga los dientes separados y las puntas redondas. Y, por supuesto, resérvalo para su uso personal, no dejes que sus hermanos o primos lo utilicen, para prevenir el contagio de micosis y piojos, por ejemplo.

Si tiene el pelo muy irregular, no dudes en igualárselo, pero no para que le salga más fuerte, como hace años se pensaba (el corte no modifica la fortaleza de la raíz), sino para que esté más guapo. Y recuerda que de momento es muy pequeño para raparle al cero (la poca pelusilla que tiene le ayuda a conservar el calor corporal).

Lo mejor es que le iguales el pelo con unas tijeras de punta roma, pero esperando a que se duerma para ponerte manos a la obra. Así no habrá riesgo de posibles percances.

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¿Y esa calvita?

No te inquietes si en la zona posterior de la cabeza observas que a tu hijo le sale una calvita, porque es algo que carece de importancia. Ésta se produce porque pasa muchas horas tumbado y el roce continuo con las sábanas y la funda del cochecito hace que los pelitos de esta zona se le caigan. En cuanto tu pequeño aprenda a sentarse y pase más tiempo así, seguro que esta calvita le desaparece.

Tampoco te extrañes si tu pequeño ha nacido rubio, con el cabello casi blanco, y a medida que pasan los meses se le va poniendo cada vez más oscuro. Esto ocurre con mucha frecuencia y se debe a que los melanocitos, que son las células responsables del color de la piel, de los ojos y del cabello, aumentan su producción de melanina a medida que van madurando.

A esto se une que, con el tiempo, las glándulas sebáceas también segregan más cantidad de grasa, y ésta tiende a oscurecer el cabello de forma considerable, siendo evidente a la vista.

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