Por qué llora el bebé, causas y soluciones

No hay nada más agobiante para los padres que oír el llanto de su bebé y no saber cómo calmarlo. Conocer la causa que lo provoca ayuda a tranquilizar al niño.

 

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Todos los bebés lloran

Durante los tres primeros meses, la inmensa mayoría de los bebés lloran mucho, entre hora y media y tres horas al día. Pero a partir de los seis meses, una vez que su organismo madura y ellos se sienten más seguros en su nuevo ambiente, dejan de hacerlo tan a menudo (un total de una hora al día, en diferentes intervalos).

Por eso, aunque a veces te desesperes al oír llorar a tu bebé, piensa que es algo normal en los niños tan pequeños y que lo malo sería que no lo hiciera. Fíjate hasta qué punto es algo normal, que los antropólogos han observado que los bebés de los cinco continentes lloran el mismo promedio de horas diarias, lo que evidencia que los pequeños tienen la necesidad fisiológica de hacerlo.

¿Quieres saber por qué llora tu bebé y cómo puedes calmarle? Sigue leyendo.

4 razones para llorar

Convéncete de que tu bebé no llora por capricho ni para poner a prueba tu paciencia, ni tampoco porque tú no sepas desempeñar bien tu nuevo papel de madre. Llora por varias razones.

- Porque así se comunica. Tu hijo llora porque, por el momento, llorar es su única forma de comunicarse. Así hace saber que tiene hambre, que está mojado, que se aburre o te echa de menos...
- Porque te necesita. Llorar es su medio más eficaz para llamar tu atención y conseguir que le atiendas de inmediato. Está comprobado que los padres reaccionan a las lágrimas con más rapidez que a cualquier otra expresión del bebé. Curiosamente también sabemos que el llanto del pequeño estimula la producción de leche de la madre, uno de los mejores calmantes para él en sus primeros meses. 
- Porque así descarga su tensión emocional. El llanto es para tu hijo un modo de descargar tensión emocional y estrés. Sí, has leído bien, los recién nacidos tienen estrés. Lo sabemos gracias a dos estudios. Uno, realizado por el psicólogo Brazelton, que comprobó que los niveles de cortisol (indican si hay o no estrés) en los lactantes son elevados durante el parto y el postparto y van descendiendo hasta normalizarse cuando los niños cumplen seis meses. Por eso a partir de esta edad sus episodios de llanto disminuyen considerablemente. La otra investigación ha sido llevada a cabo por el bioquímico William Frey. Descubrió que la composición de las lágrimas que segregaba el ojo del bebé por estar constipado era distinta a la de las lágrimas que derramaba cuando lloraba porque se sentía mal. Parece ser que sólo estas últimas contenían hormonas relacionadas con el estrés, como las catecolaminas. Por lo tanto, el llanto tiene la función de limpiar el organismo, restableciendo el equilibrio hormonal y emocional.
- Porque llorar es bueno para su organismo. Está demostrado que el llanto ayuda al bebé a conciliar el sueño, ejercita su corazón y sus músculos faciales y abdominales e incrementa sus defensas.

8 estrategias para calmarle

Aunque sepas que llorar favorece el desarrollo de tu pequeño y le ayuda a sentirse mejor, es natural que te angusties si no logras consolarle. Ante su llanto, dos puntos de partida: primero, es esencial que te mantengas serena; sino, tu pequeño se contagiará de tu inquietud y llorará más. Y segundo, es importante que no le dejes llorar y le cojas en brazos para calmarle en seguida. Atrás han quedado las teorías que aseguraban que esto era un hábito que acababa malcriando al niño. Hoy en día se sabe que es una costumbre estupenda, que proporciona seguridad al pequeño y le facilita la integración en su nuevo ambiente. Incluso existen estudios que evidencian que los bebés que tienen contacto corporal con sus madres en sus primeras 48 horas de vida son menos llorones.

A partir de ahí, varias estrategias que funcionan cuando no logras calmarle:

- Practícale un suave masaje en la tripa. Desliza tus manos sobre ella como si fueran palas, de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda. Así le ayudas si la causa de su llanto son los cólicos del lactante (en este caso ármate de paciencia, porque los cólicos son muy frecuentes durante los tres primeros meses; después, salvo excepciones, desaparecen como por arte de magia). También puedes acariciarle suavemente el entrecejo, masajearle el lóbulo de la oreja y pasarle muy despacio por la cabeza su cepillo del pelo.
- Báñale. El agua templadita ejercerá un masaje relajante sobre su cuerpo, que le hará sentirse mejor de inmediato.
- Ponle el chupete. Le reconfortará.
- Dale la mano. El contacto físico contigo es un consuelo perfecto para él.
- Acciona su musical de cuna. La melodía de estos juguetes es “mano de santo” contra los sofocones de los más pequeños.
- Cántale nanas. Su ritmo repetitivo y tu tono cariñoso calmarán a tu hijo. También puedes grabar nanas con tu voz y ponerle la cinta tantas veces como creas oportuno.
- Acerca su cochecito a la lavadora. Cuando esté en marcha, sin centrifugar. Se trata de un truco empleado por madres y padres desesperados, sin ningún rigor científico, pero que funciona estupendamente: el sonido sordo, monótono y aburrido de este electrodoméstico relaja hasta a los pequeños más activos, nerviosos y llorones.
- Paséale. Puedes hacerlo por la casa, mientras realizas alguna tarea, llevándole en el marsupio. Escuchar los latidos de tu corazón, que le son tan familiares, le relajará. Y también puedes sacarle a la calle. Respirar aire fresco le hará sentirse más tranquilo.

Y un caso especial

Hay bebés que lloran mucho y durante mucho tiempo. Esto, sin lugar a dudas, implica un comienzo difícil, pero afortunadamente este llanto excesivo no predice nada malo sobre el futuro del pequeño: antes de cumplir su primer año, más del 90% de estos bebés inconsolables dejan de llorar tanto y se convierten en niños risueños y tranquilos. En la mayoría de las ocasiones nunca se averigua la causa: puede que sean bebés demasiado reacios a los cambios, demasiado sensibles o muy asustadizos.

Hasta que llegue esa ansiada época de paz y de silencio, para que no pierdas los nervios puedes practicar nuestros consejos:

- No te responsabilices de todo. Pide ayuda a tu pareja, a tu madre, a una amiga o, si puedes permitírtelo, contrata a una asistenta que te libre de las tareas del hogar. Aun así, no pasa nada si no tienes la casa tan ordenada y reluciente como te gustaría.
- Dedícate tiempo a ti misma. Una o dos veces a la semana deja al niño con tu pareja o con alguien de confianza y vete de compras, queda con amigas, hazte la manicura o una limpieza de cutis... De este modo descansarás y recuperarás fuerzas para poder afrontar mejor el llanto de tu bebé. ¿Ves como no tienes ningún motivo para sentirte culpable por separarte de él?
- Confía en tu instinto maternal. Te guiará para saber cómo actuar, aunque tú te sientas desconcertada y perdida.
- Procura tomarte las cosas con un poco de humor. Aunque te parezca mentira, es posible), ármate de paciencia y da tiempo al tiempo. A medida que tu pequeño encuentre otras maneras de comunicarse contigo y de autoconsolarse, recurrirá menos al llanto.

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