Consejos de madres para cuidar al bebé

Nadie sabe mejor cómo cuidar a un recién nacido que alguien que lo ha hecho ya. Por eso pedimos a las lectoras de Crecer Feliz que nos enviaran sus mejores consejos. Aquí los tenéis.

 

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Su salud, su alimentación...

Desde el modo de darle de comer a la mejor manera de vestirle o proteger su salud. Pon en práctica todos estos consejos, dejándote guiar también por tu intuición y tu sentido común, y verás cómo todo va estupendamente.

Elige un buen pediatra y confía en él

Lo ideal es que, antes de que nazca tu hijo, visites el ambulatorio que te corresponda y eches un vistazo a las salas de espera. Que un médico tenga muchos pacientes suele ser un indicio de su valía. Pregunta también a las mamás que esperan turno.

Una vez elegido el pediatra, confía en él, sigue sus indicaciones y, salvo en casos puntuales (por ejemplo, si te recomienda una operación), no busques segundas opiniones. Ah, y en ningún caso antepongas los consejos de la amiga o la vecina a los del profesional responsable de la salud de tu hijo.

Aliméntale a demanda

¿Ha pasado sólo una hora desde que comió? Puede volver a tener hambre. Los recién nacidos no siguen pautas regulares de comida y lo mejor es alimentarlos a demanda para responder a sus necesidades. A medida que pasen las semanas tu bebé se irá regulando poco a poco, a su ritmo, y hará pausas más prolongadas por la noche.

No le despiertes para comer

En los prematuros o los muy bajos de peso, no conviene alargar el intervalo entre las tomas (el pediatra te dará la pauta), pero en los demás no pasa nada si algún día duermen más y comen menos.

Alíviale bien los cólicos

Los cólicos del lactante aparecen hacia la segunda semana de vida y suelen remitir hacia el tercer mes. El niño que los padece tiene la tripa dura, encoge las piernas y llora inconsolablemente desde la sobremesa hasta la medianoche.

Si tu hijo padece cólicos, ayudándole a expulsar los gases le aliviarás, pero no desaparecerán del todo. Habla con su pediatra para que te aconseje qué hacer. Además, procura que trague menos aire en las tomas (al mamar debe abarcar con su boca toda la areola, no sólo el pezón) y asegúrate de que después echa bien los gases.

Cuando tenga el cólico, dale suaves masajes circulares sobre la tripita y paséalo sujetándolo boca abajo. Sobre todo, no te culpabilices y no lo soportes tú sola, túrnate con tu pareja.

Una higiene adecuada

Supone mucho tiempo en los cuidados del recién nacido, por eso es importante que no te quedes con dudas sobre este tema.

Hazte experta en cambios del pañal

En los cambios de pañal nocturnos, es fundamental que el bebé no se altere y se vuelva a dormir enseguida. El truco: abre el sucio, retíralo, pasa la toallita o la esponja por el culete de delante hacia atrás, sécale con unos toques de toalla, unta la crema balsámica, desliza bajo él el nuevo pañal y abróchalo sin que le apriete y sin que le quede suelto.

No olvides que por el día, los cambios de pañal son perfectos para hacerle arrumacos y gimnasia de brazos y piernas. ¡Ah! y apréndete sus hábitos, hay bebés muy regulares y puedes ahorrarte algunos cambios.

Cúrale el cordón sin ningún miedo

Aséalo como mínimo tres veces al día y si está mojado o sucio, las que sean necesarias. Si está limpio, sólo hay que cambiar las gasas secas, sin alcohol ni ningún otro producto.

Una vez limpio, se seca y se coloca una gasa estéril seca. Hacia el octavo día, el cordón se caerá. Después de hacerlo, puede sangrar (unas gotitas) durante unos días. No te asustes, no reviste importancia y puedes eliminarlo al bañar al niño. Si el sangrado es abundante, la cicatriz está inflamada y muy roja o el cordón o la cicatriz huelen mal, ve al pediatra.

Báñale antes de dormir

Suele ser muy efectivo para relajarle y ayudarle a conciliar el sueño. Cuando lo hagas, con el agua a 37 ºC , sujétale la nuca y la espalda con tu antebrazo y el culete con la mano. Pásale la esponja con la otra mano. Usa una emulsión sin jabón, aclárale y sécale con toquecitos de toalla, sin restregar. Incide en los pliegues de la piel, para evitar hongos e irritaciones. Luego, hidrátale la piel. El baño debe durar 2 o 3 minutos.

El sueño del bebé

No te agobies si al principio se despierta cada poco tiempo, es totalmente normal (y lógico). Lo que importa es que el tiempo que duerme lo haga bien y tranquilo.

Ponle a dormir en el cuco

Lo más práctico es que duerma en un cuco al principio: así le recordará a tu útero y se sentirá más cómodo y seguro. Si prefieres que duerma en la cuna (recuerda que en todo caso debes ponerle a dormir siempre boca arriba), no le pongas almohada, tápale con una sabanita que le cubra solo hasta el pecho (con los brazos por fuera) y mete bien la parte inferior de la sábana por la zona más baja de la cuna, para evitar que se suba hacia arriba y le tape la cabeza.

Establece una rutina de sueño

Para que vaya regulando su ciclo de sueño y actividad es bueno que favorezcas un buen descanso. Puede ayudarle a conciliar el sueño que le pongas la misma nana relajante todas las noches, que controles que duerme las siestas diarias que necesita para que al llegar la noche no esté irritable, que pongas la misma luz cada noche, muy bajita...

Haz que se sienta seguro de noche

Es común que los bebés lloren al despertarse si no encuentran a mamá a su lado. Si no sueles usar colonia, déjale una prenda que hayas utilizado que huela a ti, así se relajará.

Ayúdale a diferenciar la noche del día

Ponle a dormir sus siestas diarias en la sala de estar, en su hamaquita, sin suprimir toda la luz y sin mitigar los ruidos ambientales. Y por la noche, acuéstale en vuestro cuarto, en el moisés o en la cuna, a oscuras y en silencio. Otra buena idea es ponerle, sólo por la noche, un juguete musical cuya melodía le induzca al sueño y le señale que el día ha terminado.

Cuestiones sobre su llanto

El llanto del bebé es una de las cosas que más agobian a las madres y los padres primerizos. Pero pronto serás una experta a la hora de identificar sus causas y aliviarlo. 

Si llora no te agobies

Con el paso de los días sabrás diferenciar perfectamente sus llantos. Comprueba que no llora por alguna de sus necesidades básicas (hambre, sueño, higiene). Si no, puede que llore para reclamar compañía o estímulos. Y, en algún caso, por una incomodidad, un dolor o una enfermedad. Nunca es para manipularte.

Cuando llore, cógelo en brazos

Si te pide mimos, brazos, contacto piel con piel, ofréceselo sin dudar. Así se siente más seguro y se relaja antes, sobre todo si le coges tranquila y le transmites paz. Y será menos llorón.

Otras pautas prácticas

No olvides tenerlas en cuenta, te ayudarán más de lo que crees en el día a día con tu bebé. 

Elige con criterio su ropita

Su ropa ha de ser de tejidos naturales, porque su piel es muy delicada, sin botones o adornos que puedan desprenderse y sin lazos que puedan desatarse y enrollarse en su cuello. Evita los jerséis de lana que hacen pelusas, y de punto calado (se le pueden enganchar los deditos). Y cómprale una talla más de la que crees que necesita (el pañal aumenta el volumen).

Ten claro si siente frío o calor

El recién nacido no regula bien su temperatura, por eso hay que abrigarle correctamente para que no se enfríe, y hay que vigilar que no sude. A partir del cuarto día se puede tomar como norma vestirle con una prenda más que la madre para salir. Ojo con abrigarle en exceso en verano, porque le expones a la deshidratación, o para dormir, porque aumentas el riesgo de muerte súbita. Ah, y no le tomes la temperatura tocándole las manos y los pies: a esta edad los tiene más fríos que el resto del cuerpo.

Di sí al chupete

Satisface su instinto de succión, le entretiene, le da seguridad y te ayuda a calmarle. Además, luego es más fácil de suprimir que el hábito de chuparse el dedo. Espera a que mame bien antes de ofrecérselo, para que no dificulte la lactancia. Si al principio lo rechaza, es normal, espera unas semanas.

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