Beneficios de la piscina para el bebé

Bañaros en la piscina es una manera muy amena de disfrutar el uno del otro y de potenciar su desarrollo. Descubre por qué.

 

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Piscina y bebé, descubre los beneficios

A la inmensa mayoría de los bebés les encanta el agua. Es verdad que algunos lloran cuando los metemos en ella, pero no porque no les guste, sino porque el cambio de temperatura y la impresión que les produce mojarse les extraña un poco. Sin embargo, si nos mostramos tranquilos y les transmitimos seguridad, enseguida se sienten como auténticos pececitos. Y es natural, al fin y al cabo han estado nueve meses viviendo en un medio acuático, por lo que no les resulta desconocido del todo. Es más: al meterlos en el agua y balancearlos rítmicamente rememoran su vida intrauterina y se sienten relajados y felices.

Por ello es muy buena idea que acudas con tu hijo a la piscina, una vez que le hayas acostumbrado a bañarse contigo en la bañera grande. También es importante que antes de ir, consultes a su pediatra y esperes a que cumpla los 4 meses, porque a partir de entonces tendrá el sistema inmunológico más fuerte. Además de pasar un rato muy agradable contigo y de fortalecer vuestra unión, en el agua ejercitará los músculos, lo que a su vez potenciará su desarrollo, le abrirá el apetito y le ayudará a dormir mejor.

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Pautas a tener en cuenta

Ahora bien, para que esta actividad resulte realmente saludable para él, ten en cuenta estas pautas:

- Elige una piscina específica para bebés. Es mejor que al principio sea cubierta y que el agua está templada (27-30 ºC) y tratada con bromo u ozono, no con cloro, que irrita más los ojos y la piel.
- Procura acudir cuando la piscina no esté muy concurrida. Cuanto menos ruido y más tranquilidad haya, mejor, porque evitarás que tu hijo se agobie y se asuste.
- El primer día no le bañes. Cógele en brazos, envuelto en una toalla grande, y paséale por el recinto para que se familiarice con el lugar, el olor, los sonidos...
- Al día siguiente, siéntate con él en el bordillo de la piscina para que vea cómo se mueve el agua, sus reflejos, sus sonidos... Mójale un poco y date una breve ducha con él, a una temperatura algo más fría que la de la piscina, para que la entrada en ésta le resulte muy placentera.
- Una vez dentro del agua, mantenle muy pegado a ti hasta que notes que se siente seguro. Llegado este momento (tardará unos días), sepárale un poco para practicar los juegos que te explicamos más adelante. Pero recuerda: la separación entre él y tú debe permitirte agarrarle con el brazo inmediatamente, para que si se sumerge puedas ayudarle a emerger antes de que se asuste.
- Por supuesto, debes sacarle de la piscina antes de que se quede frío y, una vez fuera, darte una ducha calentita con él y secarle enseguida, para que apenas note el cambio de temperatura. Con un bebé tan pequeño no conviene permanecer en el agua más de 15 o 20 minutos, porque a partir de entonces empieza a perder temperatura. Al secar a tu hijo debes taparle bien la cabeza (es por donde los peques pierden más calor).
- Recuerda que nunca debes meterle en el agua si hace poco que ha comido. No porque se le vaya a cortar la digestión (en estas piscinas, como el agua está templada, no se somete al organismo a un cambio importante de temperatura), sino porque si traga algo de agua es posible que vomite, se atemorice y no quiera volver a bañarse.
- También deberás dejar esta actividad para más adelante si estás estresada, porque si tu pequeño te nota nerviosa, enseguida se contagiará de tu malestar. Y ya sabes que para evitar que coja miedo debe relacionar el agua con momentos agradables, no con situaciones de tensión. Por el contrario, si es tu bebé quien está nervioso, le vendrá muy bien bañarse contigo; el poder relajante del agua le ayudará a librarse de toda la tensión que haya podido acumular.

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Juegos para la piscina

Pasados unos días, tu hijo se sentirá estupendamente en el agua y entonces podrás empezar a practicar con él los siguientes juegos (acuérdate de cambiar de uno a otro cada poco tiempo para que no se aburra y no insistas si alguno aún no le gusta).

- De paseo. Con el niño abrazado, mirando hacia ti, entra despacio en la piscina, en una zona donde no te cubra, y pasea por ella dando saltitos, echándote hacia un lado y hacia otro, girando... Hazlo muy lentamente para no sobresaltarle, procurando que el agua le llegue siempre a los hombros para que no se quede frío. Así le divertirás y estimularás su sentido del equilibrio.

- Dentro y fuera. Cogido de las axilas, mirando hacia ti, métele en el agua hasta el cuello y sácale hasta la cintura. Hazlo con cuidado, varias veces, a la vez que caminas despacio. La emoción de subir y bajar le llevará a mover las piernas y los brazos insistentemente, un ejercicio ideal para fortalecerlos.

- ¡A nadar! Ponle boca abajo, sujetándole la tripa con uno de tus brazos, y mécele suavemente. Una vez que le notes confiado, acerca un juguete a su cara. Verás cómo extiende los brazos hacia él, a la vez que en un acto reflejo también estira las piernas. Sin darse cuenta, irá entrenando los músculos y practicando los movimientos de natación más básicos.

- Bamboleo. Ponle de nuevo boca abajo, cógele de los brazos y dale vueltas balanceando su cuerpo lentamente. Haz lo mismo a continuación, pero poniéndole boca arriba. Así se habituará a sentir el agua por todo su cuerpo como un mecimiento y se relajará.

- Te mojo la cara. Mójale la cara despacito. El reflejo de apnea evitará que el agua llegue a sus pulmones. Al principio no le gustará mucho este juego, pero así se habituará a esta sensación y no perderá este reflejo, que cuando aprenda a nadar le será muy útil porque le ayudará a respirar rítmicamente (si no se ejercita, desaparece a los 4 meses y deberá volver a aprenderlo).

- ¡A bucear! Antes de meter a tu hijo la cabeza bajo el agua, sóplale suavemente en la carita; así aguantará la respiración. Sumérgete tú con él para ver su cara bajo el agua y cuando emerjáis, recíbele sonriendo y dale un fuerte abrazo.

- Con papá. Dejad un metro de distancia entre vosotros y empujad al niño suavemente de brazos de mamá a los de papá y viceversa. Para vuestra sorpresa, se mantendrá flotando unos instantes. Esto aumentará la confianza en sí mismo, a la vez que se siente querido y protegido por vosotros.

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No son clases de natación

El objetivo no es que tu bebé aprenda a nadar, sino que disfrute en el medio acuático y paséis un ratito agradable juntos en la piscina. Además, hasta los 3 años los niños no tienen el desarrollo motor adecuado para aprender los movimientos de natación, que son especialmente coordinados, por lo que tendrás que esperar. Lo que sí puedes hacer es enseñar a tu pequeño a flotar. Para ello, ponle boca arriba, coloca tus manos en su culete y anda despacito hacia atrás, moviéndole suavemente por el agua. Así conseguirás que flote de manera casi autónoma, a la vez que entrenas su sentido del equilibrio.

Ya en casa, es importante que le enseñes a soplar, pero para que pueda aprender tiene que faltar poco para su primer cumpleaños Sopla tú sobre su cara, despacito, para incitarle a imitarte. O ponle un pañuelo ligero delante y anímale a que lo haga volar a golpe de soplidos.

Otra medida muy acertada es ofrecerle una pajita para que se tome la leche o el zumo. Beber con ella enseña a los pequeños a controlar el aire que entra y sale de su boca, algo que además de ayudarles a pronunciar correctamente, evita que traguen agua mientras se bañan. Y esto impide que cojan miedo a la bañera y a la piscina.

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Si al bebé le da miedo el agua...

Para que tu hijo pueda disfrutar en la piscina, antes debes habituarle a bañarse contigo en la bañera y convertir este momento en uno de los mejores del día. Para lograrlo...

- Deja listo todo lo que vayas a necesitar (y no te olvides de colocar una alfombrilla antideslizante en el suelo), descuelga el teléfono fijo, apaga el móvil y pon la música que escuchabas cuando estabas embarazada.
- Llena la bañera, cógele en brazos y métete con él en el agua. Mécele suavemente mientras le mantienes encima de ti. Entre la música y el acunamiento, creerá que vuelve a su vida intrauterina y se sentirá relajado y a gusto.
- Otro día puedes apoyarlo en tus rodillas, de cara a ti. Súbelas y bájalas despacio para que él entre y salga del agua mientras le cantas una canción al ritmo de tus movimientos.
- También puedes ponerle boca arriba, sujetándole del culete, y dejar que mueva los brazos y las piernas a su aire.
- Y no dudes en darle de mamar en el agua si llega la hora de su toma. Así asociará el baño con algo placentero.

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Si lo que le asusta es la bañera...

No es nada raro. Así debes actuar.

- De momento, báñale en seco.
- Pasados unos días, moja una esponja y, a modo de juego, deja caer unas gotitas de agua por su tripa, sus manos, sus piernas...
- Cuando le notes más seguro, echa algo de agua en su bañerita y métele en ella. Para cogerlo sin riesgo de que se te escurra tienes que sujetarle la cabecita y los hombros con una mano y el culete y las piernas con la otra. 
- Día a día, ve echando más agua en la bañerita, hasta llenarla.
- Para lavarle la cabeza, ponle un gorro de baño con visera. De este modo el agua no le caerá en los ojos y evitarás que se asuste.
- Que comience a salpicar y a chapotear sin llorar indica que ya ha superado su miedo.

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Y si coge miedo a la piscina...

También es frecuente que de pronto surja este temor. Descubre qué puedes hacer.

- Deja de ir durante unos días.
- Báñale en su bañerita y si da muestras de sentirse a gusto, mete ésta en la bañera grande y llénala de agua, para que se habitúe a ver mucha agua junta.
- El siguiente paso es bañarte en la bañera grande con él. Si no se agobia puedes volver a la piscina.
- Siéntate en el bordillo con él y ve mojándole poquito a poco. Cuanto más se familiarice con el agua fuera de la pileta, menosle costará entrar en ella. Lo que no debes hacer jamás es tirarle de golpe. Este sistema convierte su miedo en auténtico pavor.
- Si dentro de la piscina rompe a llorar haz intención de sacarle, pero despacio, intentando que deje de llorar antes de salir del agua.

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