Tu bebé y tú, relajados en verano

Los bebés pueden sufrir estrés al igual que un adulto. Aquí te presentamos los factores que lo causan para que así puedas evitarlo.

 

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El estrés y el bebé

Un bebé o un niño puede sufrir estrés igual que un adulto. Según recientes estudios, entre un 9 y un 21% de los menores de 2 años lo padecen. Y uno publicado hace tiempo por la Universidad Complutense de Madrid concluyó que en España los bebés actuales tienen 50 veces más probabilidades de sufrir este trastorno que los de hace 15 años, entre otras causas por nuestro ritmo de vida tan acelerado.

Son motivos suficientes para plantearnos de qué manera podemos prevenirlo en nuestros niños. La norma básica es: padres relajados, hijos sin estrés. Aprovecha el verano para ponerla en práctica y relajarte junto a tu bebé.

¿Qué es el estrés?

Es la respuesta del cuerpo ante algo que considera una amenaza. En este estado segregamos una gran cantidad de cortisol y catecolaminas, que nos mueven a la acción.Si dura poco, no hay problema e incluso es algo positivo, ya que nos da la oportunidad de huir de un peligro. Pero si este estado se prolonga ya no es saludable.

En el niño, una situación de estrés elevado prolongada en el tiempo debilita su sistema inmunológico (hace que enferme más) y también afecta a su memoria.Si el pequeño está estresado no es capaz de calmarse tras una situación difícil y es menos resistente a los contratiempos que conlleva su crecimiento. Su organismo se adapta a este estado, que se convierte en norma. Y lo manifiesta con llantos, un nivel alto de irritabilidad y menos receptividad a la comunicación.

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Factores que lo causan

Para el bebé crecer conlleva un cierto nivel de estrés (debe aprender a estar sin ti, a controlar sus esfínteres...). Es algo natural y con tu apoyo le ayuda a evolucionar y madurar.

Los más importantes

Sin embargo, existen ciertos factores que pueden provocar un estrés negativo en tu hijo.

- Falta de atención y mimos. El niño necesita disponer de la suficiente atención e interacción con sus padres para crecer y desarrollarse bien. Por ejemplo, en su primer año dejarle llorar sin acudir a atenderle es una fuente de estrés importante para él.Falta de sueño. 
- No dormir lo suficiente (de manera habitual, no pasa nada si algún día tu hijo duerme algo menos) puede causar que el pequeño se irrite y acabe estresado. Para que te hagas una idea, un bebé de pocos meses necesita aproximadamente entre 16 y 18 horas de sueño diarias.
- Un entorno conflictivo. El niño siente las emociones y estados de ánimo de quienes le rodean (incluso aunque los disimulen). Si discutís o gritáis en su presencia, él se siente indefenso. Por eso conviene evitarlo o, si ya ha ocurrido, hacer las paces delante de él (a pesar de no entenderlo, percibirá las emociones positivas y se calmará).
- Estimulación excesiva. Factores como permanecer en un entorno muy ruidoso o llevar un ritmo de vida acelerado estresan al bebé, ya que su cerebro no está preparado para esa avalancha de impresiones. La parte del cerebro que primero se desarrolla es la emocional. Para lograrlo necesita amor, cercanía y tranquilidad. Después, hacia los 2 años, es cuando conviene nutrirle ya con información de tipo intelectual, como televisión educativa, números, etc., pero no antes, porque sólo le estresará.
- Hambre. Comer es su necesidad básica. Si le hacen esperar, sufre estrés.
- Incomodidad física o dolor. También le agobia tener frío o calor, estar mojado o sudado o sufrir un dolor.

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Remedios para el estrés

Una vez que conoces los factores que causan el estrés de tu bebé, haz que desaparezca. Aquí te proponemos buenos remedios para ayudarte en este proceso.

Buenas ideas

Una vez que conoces el origen del estrés, descubre qué lo contrarresta:

- Atención plena y completa. Sin interferencias como el móvil, el e-mail, la tele... El niño disfruta al recibir atención exclusiva de sus padres y su cerebro se desarrolla óptimamente bajo esta condición. La atención de otros cuidadores, como en la guardería, también debe ser buena, cálida y personal (evitando grupos grandes).
- Una rutina diaria. Le beneficia saber cómo transcurre el día, con sus comidas, siestas, baño, paseo, etc. Así puede “adelantarse” a los acontecimientos y poner orden en un mundo que le resulta imprevisible y grande.
- Un entorno cálido y afectuoso. El amor, la seguridad y la estima actúan como barreras contra el estrés. Los niños que crecen en familias felices lo sufren menos y, a más edad, saben mejor cómo combatirlo.
- La lactancia materna. Vuestro contacto íntimo es muy relajante. Y es un antídoto contra las prisas que os proporciona momentos de paz a los dos.

Actividades relajantes antes de los 12 meses

Estas sencillas actividades gustarán mucho a tu bebé y contribuirán a evitar el estrés.

- Cántale: Cuando cantas (incluso aunque lo hagas fatal), en tu organismo se liberan hormonas del bienestar, como las endorfinas y la oxitocina. Y este efecto beneficioso se produce tanto en ti como en el bebé que te está escuchando.
- Mécete con él en una hamaca: Al hacerlo te relajarás y le transmitirás esta sensación de calma.
- Pasea con él: Caminar es relajante para ti, porque segregas endorfinas. Y el bebé disfruta del vaivén del movimiento, tanto si lo llevas en cochecito como en bandolera, porque le traslada a su vida intrauterina.
- Disfrutad en la hierba o la arena: El contacto con estos elementos naturales le aporta calma, igual que ocurre cuando toca el agua del río o del mar.
- Jugad a soplar: Coge una flor de diente de león, ya convertida en bolita de pelusa, y enséñale cómo al soplarla se desprenden los pistilos.
- Dale un masaje: Tus caricias lentas le transmiten tu amor y crean una sensación única en los dos.
- Juegos a partir de un año: Son juegos activos, porque a esta edad el niño necesita moverse mucho para practicar sus habilidades motrices. Pero lejos de excitarle, estas actividades le relajan

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Cómo evitarlo

- Soplad pompas: No sólo es entretenido, sino también un ejercicio relajante que mejora la respiración.
- ¡Obstáculos!: Prepara un recorrido de obstáculos en el jardín y ayúdale a pasarlo. Con dos cajas de cartón colocadas una tras otra haz un túnel. Pon otra de madera, para subir y bajar. Una cuerda en el suelo representa la tabla de equilibrio.
- ¡A divertirse en el agua!: La piscina y el mar son dos escenarios estupendos para combatir el estrés.Si lleva manguitos o es más mayor y sabe nadar, puedes hacer distintos juegos: sujeta un aro y ayúdale para que lo atraviese, o aléjate un poco de él y dile que vuelva a ti para darte un beso, una y otra vez. O llénale su piscinita para que entre y salga cuando quiera.
- Relájate, mami: No es fácil con un niño pequeño, pero debes proponértelo. Hazlo así:
- Sigue su ritmo de siempre:Procura que no se alteren sus horarios de comidas y sueño; un niño descansado es más fácil de llevar.
- Repartid las tareas: Si mientras tú bañas al bebé tu pareja prepara la cena, por ejemplo, los dos estaréis más relajados.
- Empieza el día con un ritual: Como poner música relajante en el desayuno. Estas melodías os evocarán buenos recuerdos más adelante.
- Dedícate tiempo: Guarda unos 30 minutos para ti misma. O busca a alguien que se ocupe del niño mientras vosotros salís a cenar.
- Utiliza el humor: Es una buena táctica con niños un poco más mayores. ¿No quiere vestirse? Haz como si te pusieras su camiseta. ¿Sale corriendo cuando vas a cambiarle el pañal? Juega con él al ‘pilla pilla’.

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