Enseña al bebé a flotar en el agua

Ve poco a poco y lograrás que tu hijo aprenda a hacerlo y disfrute muchísimo más en la piscina.

 

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Un aprendizaje buenísimo para el bebé

Tu pequeño ¿tiene más de 4 meses? Entonces su sistema inmunológico ya se habrá fortalecido bastante, por lo que, consultando siempre a su pediatra, puedes aprovechar este verano para enseñarle a flotar en el agua.

Sí, de momento sólo a flotar. Hasta los 3 años no tendrá el desarrollo motor adecuado para hacer suyos los movimientos de natación, pero sí para aprender a defenderse en el medio acuático y a disfrutar de él... ¡Y esto ya es mucho!

Estupendo para la salud

Gracias a esta experiencia compartiréis momentos muy agradables que reforzarán vuestra unión y tú, aunque jamás le quites el ojo de encima cuando vayáis a la piscina o a la playa, podrás estar algo más relajada sabiendo que si en un breve descuido tuyo tu hijo se cae al agua, no se ahogará.

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Los beneficios de flotar en el agua

Flotar y chapotear, además de divertirle mucho, reportará innumerables beneficios a tu hijo:

- Potenciará su inteligencia, pues el contacto con el agua despertará sus sentidos y le volverá más receptivo.
- Favorecerá su desarrollo psicomotor. Al mover los brazos y las piernas, girarse y estirarse, ganará flexibilidad y fuerza muscular, coordinación corporal y sentido del equilibrio.
- Mejorará sus nociones de distancia y de desplazamiento, gracias a que en el agua puede moverse tridimensionalmente, con mucha más libertad.
- Aumentará su capacidad pulmonar y fortalecerá su corazón. En el agua tu hijo realiza un mayor esfuerzo para respirar, lo que se traduce en un desarrollo pulmonar, una oxigenación y un traslado de la sangre más óptimos.
- Le abrirá el apetito y le incitará a dormir mejor, lo que se traducirá en un mayor crecimiento.
- Le ayudará a estar más tranquilo y de mejor humor, lo que fomentará sus relaciones sociales.
- El niño ganará confianza en sí mismo al comprobar que se defiende en el agua, otro punto más a su favor para que pueda desenvolverse mejor en todos los aspectos de su vida

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Si es pequeñito, en piscina de bebés

Si tu bebé es pequeñito y disfruta del baño en la bañera de casa, es buena idea acostumbrarle ya a la piscina. Pero a esta edad conviene que empieces en una piscina específica para bebés, para que disfrute más y luego le cueste mucho menos acostumbrarse a una piscina de mayores. Recuerda los siguientes consejos.

Elige una piscina específica

Estas piscinas mantienen el agua templadita y suelen tener un lugar apropiado para vestir y desnudar a los niños cerca del agua y no tener que llevarlos hasta los vestuarios. Así los peques no se constipan. Además, el agua se trata con bromo u ozono, que son sustancias menos irritantes que el cloro.

Ve con el bebé cuando haya menos gente

Evitarás que tu hijo se asuste con el ruido y conseguirás que se relaje, un logro imprescindible para que se sienta confiado y a gusto en el agua y pueda aprender a flotar y a bucear en ella.

Llévale de paseo a ver el recinto

Antes de bañarte con él, llévale a ver el recinto para que no le resulte amenazante. Después, siéntate en el bordillo y juega a mojarle. Si le gusta, dale una ducha rápida y métete en la piscina con él. Como este agua está más calentita que la de la alcachofa, tu hijo se sentirá mejor “en remojo” que fuera. Si llora, deja el baño para dentro de un rato.

Abrázale fuerte y más adelante, sepárale de ti

Cuanto más seguro se sienta tu hijo en vuestros primeros baños, menos le costará alejarse un poco de ti en los próximos días. Cuando veas que está a gusto y confiado, suéltale de tu cuello y aléjale un poquito, no mucho para que puedas cogerle si se sumerge.
Ponle boca abajo sobre el agua, sujetándole por la tripa, y ve caminando así para que él vaya encogiendo y estirando los brazos y las piernas. Sin querer comenzará a practicar los movimientos básicos para mantenerse a flote. Sácale antes de que se inquiete o pase frío
Si tiene un buen recuerdo de lo vivido, querrá repetir, así que sácale en cuanto se inquiete y en cualquier caso, cúbrele la cabeza (es por donde más calor pierde) y sécale bien con su toalla.

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Si es más mayor, poco a poco

Conviene enseñar a los bebés a flotar antes de que cumplan los 9 meses, porque pasada esta edad pierden reflejos innatos que les ayudan a familiarizarse con el agua (el pataleo incontrolado, el cierre de la glotis...) y habituarles a ella es más difícil. A esto se suma que aún no son conscientes de que la piscina y el mar pueden ser peligrosos, por lo que no suelen atemorizarles.

Pero si tu hijo es mayor de esta edad o ha vivido una mala experiencia y tiene miedo al agua, antes de ir a la playa o a la piscina cómprale una piscinita hinchable, que sea algo mayor que su bañerita habitual.

El primer paso

Llénala de agua templada al principio y ve bajando la temperatura día a día, para que se acostumbre a bañarse con ella fresca y cuando por fin se meta en el mar o en la piscina, no acuse tanto el cambio de temperatura.
Déjale jugar dentro de ella a su antojo y una vez que le veas relajado y confiado, avísale de que pronto vais a ir a la piscina “de verdad” o a la playa.
Cuéntaselo muy contenta para transmitirle tu alegría y entusiasmo.

¡Es la hora!

Llegado el momento, siéntate con él en el bordillo de la piscina o en la orilla del mar y ve mojándole poco a poco. Cuando en lugar de asustarse disfrute al sentirse cada vez más empapado, métete con él en el agua, sujetándole muy bien y aplica el mismo paso a paso que te hemos explicado para enseñar a flotar al bebé más pequeñito.

Lo que no debes hacer es obligarle a meterse en el agua si no quiere. Esto aumentaría su miedo y su inseguridad.

Un poco más adelante podrás practicar con él juegos “acuáticos” (puedes arrastrarle cogiéndole de los brazos, subirlo a tu espalda y nadar despacio, ponerle a flotar boca arriba mientras le empujas...). Así, cuando tenga edad para ello, no tardará en soltarse a nadar.

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