Bebé: Cuida su nariz y respirará mejor

La nariz de tu bebé es el órgano del olfato, su sentido más eficaz, que le sirve de guía para reconocerte y alimentarse. Y ejerce una función importante en la protección de su salud. Necesita buenos cuidados.

 

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Funciones importantes

Esa pequeña y respingona naricita es uno de los rasgos del bebé que más enternecen a cualquier mamá o papá.

Pero además, ejerce una función importantísima en el proceso de adaptación del niño al mundo: gracias al olfato, el sentido que tiene más desarrollado al nacer, empieza a conocer su nuevo entorno y, en él, distingue a su madre del resto de las personas.

También para alimentarse

Y a la hora de alimentarse, el olor de la leche materna le sirve como guía para dirigir su cara hacia el pecho y empezar a mamar.

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Unos minutos para despejarla

Por otro lado, la nariz tiene también un papel esencial en la protección de la salud del bebé. Los pelitos y la mucosa que recubren el interior de las fosas nasales se encargan de templar el aire que penetra a través de ellas y de limpiarlo de partículas dañinas y de cuerpos extraños, impidiendo que lleguen a los pulmones.

Quitarle los moquitos

A la vista de todos estos datos, no es extraño que resulte tan importante el cuidado de esta zona. Si le dedicas unos minutos cada día conseguirás que el bebé esté más cómodo y respire mejor.
El proceso es muy sencillo. Consiste básicamente en despejar el interior de las fosas nasales con ayuda de un aspirador o de una pera nasal (es mejor no utilizar bastoncillos, que empujarán al moco hacia dentro).

Si lo haces nada más bañar al peque, los moquitos estarán reblandecidos por la humedad y será más fácil quitarlos. Si es a otra hora del día o las mucosidades están muy secas, conviene que antes eches unas gotas de suero fisiológico en cada fosa.   

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Un buen ambiente

Que el entorno en el que está el bebé sea adecuado es esencial para que pueda respirar bien.

Usa un humidificador

Para que el ambiente esté húmedo puedes poner un humidificador en su habitación (acuérdate de limpiarlo a diario y enciéndelo cuando el niño no esté en ella) o  colocar recipientes de cerámica con agua bajo los radiadores (también debes limpiarlos a menudo para evitar que se formen hongos).
Por supuesto, por su salud, no dejes que nadie fume en un sitio cerrado donde esté el bebé.

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Y cuando el bebé esté malo...

Si además de estornudar a menudo compruebas que tu bebé se siente incómodo, respira con más dificultad, no tiene ganas de comer... quizá se deba a que está resfriado. Llévale al pediatra para que le examine y sigue las indicaciones que él te dé.

Limpieza, varias veces

Además, para aliviar al niño tendrás que aplicar las pautas de limpieza de la nariz que te hemos contado antes, pero varias veces a lo largo del día. Y si moquea mucho y se le irrita la zona, límpiale con una gasa esterilizada (el papel aumenta la irritación) y ponle crema hidratante.
Sobre sus estornudos, ¡qué curioso!
No te preocupes si tu bebé recién nacido estornuda a menudo: no significa que esté resfriado, se trata simplemente del mecanismo natural con el que cuenta para despejar su pequeña naricita, cuyas fosas nasales son todavía muy estrechas, de partículas extrañas que le impiden respirar bien.

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