Cómo cuidar los genitales del bebé

Conviene saber que esta zona exige cuidados diferentes en niños y en niñas.

Cómo cuidar los genitales del bebé
Agencias

Cuando nazca tu hijo, quizá te sorprenda el aspecto de sus genitales: los varones suelen tener el escroto (la bolsa que contiene los testículos) muy voluminoso, arrugado y algo oscurecido; en las niñas llama la atención que sus genitales son muy prominentes; y si son prematuras, los labios mayores no cubren a los menores. Estas peculiaridades se corrigen solas, no hay que preocuparse, pero hay otras particularidades que requieren intervención médica. Sigue leyendo y descubrirás cuáles son las más comunes en niños y en niñas y cómo se tratan en cada caso.

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Fimosis, un problema común en niños

En la mayoría de los recién nacidos, la piel que cubre el glande del pene no se puede retraer porque el orificio es muy pequeño. Este problema suele desaparecer por sí solo con el crecimiento: a los 3-4 años, el 80% ya no lo sufren, según la Asociación Española de Pediatría.

Si tu bebé tiene fimosis, es muy probable que durante el primer año de vida el orificio se ensanche y permita dejar el glande al descubierto. El pediatra lo comprobará en cada revisión. Mientras esto sucede, lo único que has de hacer es lavarle con agua y jabón durante su baño diario y movilizar un poco la zona para mejorar la higiene (sin tirar, sin forzar, sin molestar en ningún momento al niño). Ya no se recomienda la maniobra de retirar el prepucio, resulta muy molesta para el niño y en muchas ocasiones es contraproducente.

En caso de fimosis severa (el orificio es tan estrecho que cuando el niño orina se le forma una especie de globo en el prepucio), debes comentárselo al médico para que te indique cómo realizar su higiene diaria y evitar infecciones .

El tratamiento: Si la fimosis persiste, el pediatra puede recomendar un tratamiento a base de corticoides en crema que se aplica en la zona durante unas semanas y que suele dar buenos resultados. La cirugía se contempla en las fimosis muy severas que no se resuelven de forma natural o que producen infecciones de orina o locales de repetición (balanitis).

La operación, que se suele realizar a partir de los 4 años, dura unos 12 minutos y requiere anestesia general para conseguir la inmovilidad total del niño. Actualmente algunos urólogos recomiendan retrasar esta operación hasta los 8 años para realizarla con anestesia local. Es cirugía ambulatoria, no requiere hospitalización.

Testículos hinchados en bebés

En niños es frecuente el hidrocele comunicante: una acumulación de líquido en las membranas que envuelven los testículos, originada por la abertura del conducto peritoneo-vaginal (lo normal es que este conducto permanezca abierto en el feto y se cierre al nacer). En la mayoría de los casos el problema se corrige por sí solo durante el primer año: el conducto se cierra espontáneamente y el líquido se reabsorbe.

El tratamiento: Si persiste a partir del año, se recurre a la cirugía, que consiste en realizar una ligadura alta del conducto. Requiere anestesia general, pero es una intervención sencilla que no suele precisar hospitalización.

Niños que tienen solo un testículo

Otro problema que puede padecer el niño recién nacido es la criptorquidia o ausencia de un testículo. Los testículos se forman en el abdomen del embrión, durante la gestación completan su desarrollo y al final del embarazo descienden a la bolsa escrotal.

En la primera exploración que realiza al recién nacido, el neonatólogo palpa el escroto para comprobar si los testículos han descendido. Si falta uno, o los dos, lo más probable es que aún esté en el abdomen. Por eso el médico suele esperar un tiempo, a ver si desciende. Si el bebé cumple 6 meses y el testículo sigue sin descender, lo más seguro es que ya no lo haga.

El tratamiento: El pediatra envía al niño al especialista y éste decide si hay que poner un tratamiento hormonal o intervenir. El primero tiene una tasa de éxito del 10%, mientras que la cirugía es definitiva. La operación nunca se realiza más tarde del segundo año para evitar que se atrofien los testículos que no han descendido.

Testículo en ascensor en niños
Karl TapalesGetty Images

Testículos en ascensor, un problema distinto

Recuerda que no es lo mismo criptorquidia (el caso descrito anteriormente) que testículos en ascensor (cuando uno de ellos, o los dos, se sale en ocasiones de la bolsa y queda alojado más arriba, en el abdomen). Como hemos explicado, el primer caso requiere tratamiento y el segundo no. Para diferenciarlo hay que observar al niño mientras duerme o cuando está en la bañera, ya que con la relajación y el calor lo normal es que el testículo descienda a su sitio, al escroto, salvo que sea criptorquídico. En este caso, si el testículo nunca ocupa su lugar en el escroto, hay que consultar con el médico.

Nias con himen abombado

Hay niñas que al nacer presentan este problema. Lo detectarás fácilmente porque se trata de una membrana de color blanquecino que asoma por el orificio vaginal. No es un problema frecuente, solo lo padecen el 1%. Se suele detectar nada más nacer y es necesario abrirlo para que las secreciones vaginales salgan al exterior.

El tratamiento: El especialista abre el himen en las primeras semanas de vida mediante un pequeño corte que no requiere anestesia. Hay que tener en cuenta que el himen no es impermeable, en situaciones normales está perforado para que la menstruación y las secreciones vaginales puedan eliminarse.

Labios menores sellados

Las niñas pueden presentar en sus primeras semanas o meses de vida los labios menores de la zona genital sellados. En la mayoría de los casos este problema, que solo afecta al 1% de las recién nacidas, aparece tras el nacimiento y suele deberse a un bajo nivel de hormonas o a algún traumatismo leve o irritación en la zona.

Si el sellado es total, existe el riesgo de micción vaginal, es decir, que cada vez que la niña haga pis, la orina se deslice por debajo del sellado en dirección al orificio vaginal, provocando irritación y riesgo de infección.

El tratamiento: El pediatra os enviará al especialista para que separe los labios sellados. Es una maniobra sencilla, pero dolorosa, que dura 10 segundos.

El uso de anestesia depende de la decisión de los padres, aunque en niñas de más de un año se recomienda, para evitar que se muevan y reducir el dolor. Tras la separación, hay que aplicar pomada de estrógenos durante un tiempo para que no vuelvan a sellarse.

El aseo de los genitales de los niños pequeños

En los niños: En cada cambio de pañal, puedes hacerlo con agua del grifo templada o con toallitas y después aplicar su crema protectora. Durante el baño diario, en el que pongas unas gotas de un producto lavante, sin jabón o con una fórmula de jabón neutro, has de limpiar la piel que recubre el glande y eliminar las secreciones acumuladas para evitar irritaciones, sobre todo si el bebé tiene fimosis.

En el caso de las niñas: Tras cada cambio de pañal has de limpiar la zona con agua o con toallitas. Si hay deposiciones, hay que retirar el pañal y limpiar siempre de delante hacia atrás para evitar que entren restos de heces en la vagina o en la uretra, después lavar con agua y una gota del producto lavante que uses para su higiene, o con toallitas de alta calidad que permitan retirar todo sin irritar la zona al arrastrar. Si hay irritación en el culete y vas a aplicar una crema específica, o a diario cuando le apliques su crema habitual, extiéndela solo por los labios mayores, nunca por el interior.

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