Con este ritual, tu bebé dormirá mejor

Establece una rutina de actividades que relaje a tu bebé antes de ir a dormir y aprovéchala para relajarte con él; asegurarás su descanso y afianzarás vuestro vínculo.

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D.R.
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Un momento perfecto para los dos

Después de un día repleto de actividades y emociones, llega el anochecer. Y con él, el momento de prepararlo todo para el sueño del bebé.

Las horas que transcurren entre los últimos compases de la tarde y el momento de dormir son mágicas. A solas, sin demasiado ruido externo ni visitas, se crea una intimidad cómplice entre vosotros, ¿verdad?

Aprovéchala para relajarle y ayudarle a dormir bien, pero también para reforzar ese vínculo que os une.

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Prepara un buen descanso

Lo mejor para lograrlo, según el doctor Óscar Sans, responsable de la Unidad de Sueño del Hospital de Nens de Barcelona, es establecer una rutina de sueño.

Repitiendo siempre el mismo hábito lograrás que tu hijo anticipe lo que va a pasar a continuación, y eso le hará sentirse más seguro; darle confianza es el primer paso para que duerma tranquilo.

Un aspecto clave al trabajar en esta rutina es aprovechar para empezar a enseñarle la diferencia entre noche y día. Desde el punto de vista fisiológico, los bebés son capaces de distinguir el ciclo día-noche a partir de los 5-6 meses. Pero puedes comenzar a introducirlo en su rutina antes: “Por ejemplo, asegúrate de darle las tomas diurnas con buena iluminación, para que entienda que debe estar despierto, y en cambio hacer de la toma nocturna algo más tranquilo. No se trata de convertir tu casa en un monasterio de clausura, pero sí de que haya una disminución de la actividad lumínica y física”, explica el doctor Sans.

Paso a paso

En cuanto a la rutina en sí, lo más habitual es empezar por un baño y un masaje, seguidos de pijama, cena y un ratito de mimos o una nana. Pero todo dependerá de tu hijo.

Poco a poco, conforme os vayáis conociendo, verás qué actividades le calman más, con cuáles quiere pasar más rato... Porque de lo que se trata es de eso, de disfrutar juntos de esos momentos alejados de las prisas diurnas, que son de gran calidad emocional.

Eso sí, elige actividades que no le exciten; nada de televisión, música con ritmo, juegos que le estimulen... ¡No olvides que a esta hora todo debe ir orientado a relajarle!

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Un baño calentito y agradable

Es una buena manera de establecer la frontera entre la actividad diurna y la tranquilidad de la tarde-noche y, por tanto, una excelente forma de empezar la rutina del sueño.

Un baño con el agua a unos 36 ºC generalmente relaja a los pequeños. Asegúrate de que el cuarto está a una temperatura agradable y que tienes todo a mano. Ve desvistiendo al bebé poco a poco, contándole qué hacéis.

Una vez en la bañera, interactúa con él. Hay mil posibilidades: mécele suavemente, deja que patalee si le apetece, enjabónale poco a poco, acariciándole y nombrándole las partes de su cuerpo...

En fin, convierte esta actividad en algo ameno y agradable que dure no más de 5-10 minutos. Pasado este tiempo, envuélvele con una toalla y sécale con suavidad, vigilando que no queden húmedas la zona genital y las axilas.

Un último apunte

A algunos bebés, en lugar de relajarlos, los excita. Si es el caso de tu hijo, adelanta la hora de la actividad o, si es necesario, pásala a la mañana. ¡No hay ningún problema!

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Un masaje relajante

Una excelente forma de acabar el baño es con un masaje. Los beneficios que proporciona esta práctica son muchos. Según un estudio de la Universidad de Warrick, disminuye el estrés del bebé, aumenta sus defensas y libera melatonina (relacionada con el sueño), consiguiendo con ello que se relaje más fácilmente y duerma mejor.

Hazlo así

Pero además de esto, es una excelente herramienta para fortalecer vuestro apego. Así que anímate a acariciarle con cariño y lentitud: brazos, piernas... Pasa tu dedo suavemente por su entrecejo: verás cómo cierra sus ojitos y se tranquiliza.

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La última toma antes de acostarlo

Llega la última toma del día, otro momento de gran conexión entre el bebé y tú. Busca una habitación donde os encontréis tranquilos (no está de más que haya una luz tenue).

A estas alturas seguro que ya sabes cuál es la postura que mejor os va a los dos: tumbados en paralelo en la cama, sentada en el sillón con el bebé sobre tu vientre, pegando su cuerpo a tu costado...

Mucho más que alimento

Disfruta de estos minutos con calma, consciente de que el contacto piel con piel enriquece ese vínculo especial que ya tenéis. Unicef lo define así: “La interacción entre la madre y el niño durante la lactancia materna tiene repercusiones positivas para la vida en lo que se refiere a la sensación de bienestar y la seguridad, y la forma en que el niño se relaciona con otras personas”.

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Una nana cantada en voz bajita

Cuando el bebé acabe de comer, sujétale en brazos en posición vertical y dale suaves palmaditas en la espalda para que eructe y elimine gases. De esta forma le ayudarás a digerir mejor, lo que favorecerá un sueño tranquilo.

Adiós al estrés

Mientras estés acariciándole la espalda puedes aprovechar para hablarle suavemente o para cantarle alguna canción de cuna, con voz muy queda.

La música reduce el estrés y las nanas, de ritmo lento, le relajan, porque le recuerdan los latidos de tu corazón.

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A la cuna, tranquilo

Mécele un rato en tus brazos mientras le hablas con ternura, nota cómo vuestras respiraciones se acompasan...Y, con todo ese amor, déjale tranquilamente en la cuna (acuéstale boca arriba o de lado, nunca boca abajo).

A muchos niños les viene bien tener un “objeto de transición” (generalmente un muñeco), que les aporta seguridad y les ayuda a conciliar el sueño. Déjalo siempre en su cuna; será su compañero de descanso.

Si lo prefieres, también puedes sustituirlo por alguna prenda tuya (un pañuelo, por ejemplo), para que el bebé duerma acompañado por tu olor.

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La hora indicada para acostarlo

¿Cuál es la mejor hora para ponerle a dormir? Hay un intervalo “perfecto”, que va desde las ocho a las diez de la noche.

Pero lo ideal, otra vez, es conocer a tu hijo y ver qué necesita. No te agobies con una idea predeterminada: “Si intentas ponerle a dormir sí o sí a las ocho y media, cuando él no da ninguna muestra de tener sueño, lo único que conseguirás es pasarte una hora meciéndole y, de paso, ponerte nerviosa”, apunta el doctor.

Una precaución importante

Evita que tu hijo llegue a dormir demasiado cansado. Si lo está, al contrario de lo que pudiera parecer, le costará mucho más conciliar el sueño.

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Es normal que se despierte

En todo caso, no es raro que incluso siguiendo estos consejos, tu hijo se despierte de noche. Hasta los 3 meses los bebés suelen dormir en períodos de entre cuatro y seis horas. A partir de los 6 meses el sueño nocturno se alarga generalmente hasta las 11-12 horas, pero es normal que tengan hasta incluso tres despertares.

Cómo actuar

Cuando pase, mantén la penumbra del cuarto (pon un punto de luz) y tranquilízale como sabes que le va mejor. Es importante transmitirle que estás ahí para él, que no está solo. Si sientes que quieres cogerlo en brazos o darle el pecho, hazlo, no hay nada “prohibido” en ese sentido. “No me gusta hacer recomendaciones cerradas al respecto”, dice el doctor Sans.

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El entorno idóneo para su descanso

Cuídalo bien y lograrás que el bebé descanse mejor:

- En los primeros meses es preferible que duerma en vuestra habitación.
- Vigila que el cuarto esté bien ventilado y a una temperatura ambiente que ronde los 23 ºC. Asegúrate de que no haya excesivo ruido en el entorno.
- Prescinde de almohadas y mantas pesadas y opta por un saco-pijama, que permite que el bebé se mueva con libertad sin destaparse.
- No abrigues demasiado al niño o sudará y estará incómodo, lo que probablemente afectará a su descanso.

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