7 pasos para ayudar al bebé a dormir

Si aplicas este ritual todas las noches y siempre en el mismo orden, tu hijo llegará al sueño más relajado y dormirá mejor.

 

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Un ritual de sueño

A tu bebé le cuesta conciliar el sueño cuando le acuestas por la noche y sin embargo, se pasa dormido la mayor parte del día.

No es nada extraño y le ocurre como a la inmensa mayoría de los niños tan pequeñitos, que tiene el sueño cambiado.

Esto es así porque durante el embarazo dormía por el día, puesto que tus movimientos actuaban como un dulce mecimiento para él, y se despertaba cuando te acostabas, porque estaba descansado y porque al ponerte en horizontal, él disponía de más espacio para moverse.

El caso es que al nacer ha seguido manteniendo este ritmo de sueño-vigilia. Si a ello le sumas que necesita comer cada muy poco tiempo, es comprensible que os paséis las noches en danza.

Distinguir día y noche

Es bueno que tu hijo duerma a placer, le ayuda a crecer y desarrollarse bien. Respetando esta premisa, cuando pase su primer trimestre de vida puedes empezar a enseñarle a distinguir la noche y el día.

Para ello, cuando sea de noche, deja su cuarto totalmente a oscuras y procura aislarle de los ruidos de la casa. Por el contrario, cuando sea de día, sube un poco la persiana y deja que lleguen a él sonidos cotidianos como vuestras conversaciones, el teléfono...

También es buena idea echarle en el cochecito para dormir las siestas y en la cuna para el sueño nocturno. Así asociará el primero con el día y la segunda con la noche.

Anticipar el paso siguiente

Conseguidos estos avances puedes comenzar a aplicar un ritual que le ayudará a ir “organizando” un poco sus horarios. Repítelo  cada noche, siempre igual y en el mismo orden. Así tu pequeño podrá anticiparse a lo que viene a continuación, lo que le ayudará a sentirse confiado y relajado en su ambiente y le recordará que ha llegado la hora de dormir.

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Paso 1: Bañarle con agua calentita

Acabar el día con un baño calentito relajará mucho a tu bebé.

Antes de meterle en su bañera, pon el agua y comprueba con un termómetro que no está a más 37 ºC, para evitar quemarle.
Una vez dentro del agua, deja que tu pequeño chapotee a su antojo para que descargue las energías que aún le quedan.

Y cuando deje de hacerlo, empieza a mecerle muy suavemente, al tiempo que le hablas o le cantas algo en voz baja. Sentir este balanceo metido en el agua y escuchando tu voz le recordará a su vida intrauterina, en la que no tenía ninguna carencia, y le incitará al relax.

Si tu pequeño es muy inquieto puedes echar dos o tres bolsitas de manzanilla en el agua. Esta planta actúa como un relajante muscular natural muy efectivo y carece de efectos secundarios.

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Paso 2: Darle un masaje relajante

Pasados cinco minutos, sácalo del agua y sécalo con una toalla esponjosa, despacito pero haciendo hincapié en las axilas, las ingles y los pliegues del culete, para que al ponerle el pijama no se sienta incómodo.
Hecho esto, dale un masaje. Pon las palmas de tus manos sobre su pecho y frótaselo suavemente, deslizándolas hacia los lados.
Luego túmbale boca abajo y pásale tus manos desde la nuca hasta el final de la espalda con delicadeza (jamás debes ejercer presión sobre su columna).
También le adormecerá que le acaricies el entrecejo desde arriba hacia abajo con la yema de tu dedo.

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Paso 3: Ponerle un pijama cómodo

No es bueno que tu pequeño pase calor por la noche. Primero, porque es uno de los factores que incrementan el riesgo de muerte súbita del lactante. Y segundo, porque si suda tendrá un sueño más agitado y acabará despertándose.

Por eso es mejor que le pongas un pijama finito, de un tejido que permita la transpiración corporal, como el algodón. O también puedes acostarle con un saco de bebé para dormir.

Mientras le vistes para la noche ve explicándole cómo lo haces: una pierna por aquí, el bracito por acá... Así, aunque aún es muy pequeño, irá tomando conciencia de cómo es su cuerpo y al concentrarse en lo que le dices y escuchar tu voz bajita, le irá entrando cada vez más sueño.

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Paso 4: Darle la toma

Seguro que a tu pequeño, como a todos los bebés, también le encanta la última toma del día.
Es natural: después del “ajetreo” de la jornada, vuelve a tu regazo y calma su hambre. ¡No hay nada que le haga sentirse más satisfecho!

Aprovecha este momento tan íntimo entre los dos para hablarle en voz bajita, hacerle caricias en la cara, masajearle suavemente la espalda...

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Paso 5: Ayudarle a echar los gases

Cuando termine, tendrás que ayudarle a expulsar el aire: recuéstalo sobre tu hombro y dale unos golpecitos en la espalda, o túmbalo boca abajo sobre tu regazo mientras le pones una mano en la tripa y con la otra presionas su espalda suavemente.

Si no eructa, no conseguirá quedarse dormido o estará incómodo y esto hará que se despierte varias veces por la noche.

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Paso 6: Mecerle y cantarle una nana

Una vez que le cambies el pañal, baja la persiana de su cuarto y mécelo un ratito en tus brazos.
Este acunamiento le facilita el tránsito del día y de la actividad a la noche y el descanso (recuerda que a los bebés no les gustan los cambios).
Hazlo despacito, porque así tu pequeño acabará acompasando su respiración a tu vaivén y se relajará.
También es bueno que le cantes nanas en un tono de voz muy cariñoso, a la vez que te mueves.
Las nanas tienen algo muy especial. Al entonarlas liberarás oxitocina, que es una hormona que produce serenidad y bienestar, dos sensaciones que contagiarás a tu hijo y que le harán tener un sueño más profundo, reposado y reparador.

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Paso 7: Dejarlo en su cuna

Cuando el bebé esté a punto de dormirse, déjalo en la cuna con suavidad, sin hacer movimientos bruscos. Así la transición al sueño será relajada.
Ah, y no olvides dejar a su lado un pañuelo   impregnado con tu olor, porque le hará “compañía” y le dará más seguridad.

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