Implantar un buen hábito de sueño

Los recién nacidos suelen tener sus horarios regulados de forma diferente a los adultos, irá regularizándolos poco a poco...

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D.R.
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Así duermen los bebés

Cuando a horas intempestivas de la noche, después de haberle alimentado, cambiado y acunado, vuestro bebé sigue con los ojos abiertos, comenzáis a pensar que hay algo que no estáis haciendo bien.

La buena noticia es que esta situación mejorará pronto: mantened la calma, armáos de paciencia y seguid nuestros consejos.

Su ritmo de sueño

Los bebés recién nacidos duermen mucho, pero lo hacen en horarios diferentes a los de los adultos; es decir, duermen de día y se muestran más activos de noche. Esto se explica porque durante su vida intrauterina lo hacen así: tienden a adormecerse cuando su madre está activa, porque su constante movimiento es un dulce mecimiento para ellos, y se espabilan cuando su madre para, o sea, de noche, ya que al tumbarse les deja más espacio en la tripa para poder moverse.

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Empieza a enseñarle el día y la noche

Pasados unos meses, en los que os tendréis que adaptar a su horario de sueño y comidas, el ritmo innato de vuestro hijo empezará a cambiar.

Para ir ayudándole, enseñarle a distinguir el día y la noche no es demasiado complicado: cuando sea de noche, poned su habitación a oscuras y procurad que esté lo más aislada posible del ruido. En cambio, para dormir la siesta dejad algo de claridad y permitid que lleguen hasta él los sonidos de la casa.

Otra idea es echarle en el cochecito para las siestas y darle las tomas diurnas en el salón: así asociará el cochecito y el salón con el día, y la cuna y el dormitorio con la noche. Lo que no debéis hacer es despertarle, aunque lleve durmiendo mucho tiempo (ni siquiera para comer, salvo que pese menos de tres kilos).

Si duerme es porque lo necesita y hacerlo le ayudará a reponer fuerzas y a crecer. Por dos motivos: porque durante el sueño segrega la hormona del crecimiento, imprescindible para que éste no se detenga, y porque mientras duerme ahorra energías, que quedan a disposición de un mejor desarrollo.

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Crea un ritual nocturno

A partir de los tres o cuatro meses, los bebés ya no necesitan comer tan a menudo y su tiempo de sueño continuo suele prolongarse. Es el momento ideal para empezar a aplicar una rutina diaria en la que haya un momento fijo para las comidas, el baño, el paseo y el sueño. Y que, llegado el momento de dormir, hagáis un ritual, siempre el mismo y en el mismo orden.

- Saber de antemano lo que va a ocurrir hará que se sienta seguro y esto le ayudará a relajarse y a quedarse dormido enseguida
- Ponedle el pijama, dadle la toma, mecedlo en brazos, cantadle una nana, acostadle, dadle un masaje y salid del cuarto antes de que se duerma.
- Si llora, acudid a su lado para calmarle, sin sacarle de la cuna.
- Marcháos de nuevo y repetid las visitas tantas veces como sea preciso, hasta que se duerma.
- Habladle y tocadle, pero no le durmáis en brazos.

Todo esto le permitirá dormirse solo y si se despierta de noche, no tendrá necesidad de reclamaros para volver a dormirse.

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Intenta prolongar su sueño nocturno

Con cinco o seis meses, los bebés suelen reducir sus siestas diarias a tres, acompañadas por un sueño nocturno de más de seis horas. Y desde los seis u ocho meses ya suelen limitar sus siestas diurnas a dos y duermen por la noche unas nueve horas.

Para prolongar las horas de sueño nocturno de vuestro pequeño podéis empezar a retirarle la toma de la madrugada. ¿Cómo? Si ya está tomando papillas de cereales, completando con ella la última toma y dándosela más tarde (antes de empezar a hacerlo, consultadlo con el pediatra).

Si a pesar de todo, vuestro pequeño continúa despertándose demasiado temprano, dadle un poquito de agua que le entretenga el estómago durante un rato. Ya veréis cómo dentro de poco su primera toma del día coincide con vuestro desayuno.

Desde ese momento podréis trasladarle a su propio dormitorio, aunque alguna vez se inquiete por la noche (comprad un interfono para oírle si llora).

Así todos dormiréis mucho mejor: vosotros, porque no estaréis constantemente pendientes de su respiración. Y él, porque estará más aislado del ruido que sin daros cuenta podáis hacer.

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