En casa con el recién nacido

Tener un bebé es una experiencia maravillosa, pero es lógico que a la hora de cuidarle surjan dudas. Aquí tienes las 24 más comunes, con sus respuestas.

 

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¿Por qué tiene la piel tan seca?

La sequedad excesiva de la piel forma parte del proceso de adaptación del niño a un ambiente mucho más seco, totalmente distinto al medio acuoso en el que se ha desenvuelto durante la gestación.

Para hidratársela hay que aplicarle una crema o un aceite corporal infantil varias veces al día.

Añadir un chorro de cualquiera de estos productos al agua del baño también resulta muy eficaz.

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¿Por qué está tan amarillo?

Esta coloración se debe a un exceso de bilirrubina en la sangre (es una sustancia que se produce por la descomposición de los glóbulos rojos viejos), porque el hígado del bebé, aún inmaduro, no puede procesar bien esta sustancia.

Generalmente, para solucionar este problema basta con exponer al niño a la luz solar, acercando su cuna a la ventana o sacándole de paseo. ¡Ojo, a la luz, no al sol directamente!

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¿Por qué tiene tanto hipo?

Porque su diafragma (es el músculo que regula la cantidad de aire que entra en los pulmones) aún está inmaduro.

Desde los tres o cuatro meses, el hipo deja de ser tan habitual.

Hasta ese momento, para ayudarle a superar sus hipidos, podéis darle un poco de agua en el biberón, cambiarle de postura o recostarle sobre vuestro hombro y darle unos ligeros golpecitos en la espalda.

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¿En qué postura le acuesto?

Siempre boca arriba, porque en esta posición el riesgo de muerte súbita disminuye notablemente.

Si es propenso a vomitar, puedes ladearle la cabecita o acostarle sobre un plano inclinado.

Existen cunas cuyo somier se eleva en el cabecero para mantener al niño con una inclinación adecuada y también hay accesorios que se colocan sobre el colchón para mantener al niño en esta postura. Pregunta en farmacias y tiendas de puericultura.
Para que duerma seguro y a gusto, mantén su cuarto a unos 20 ºC, ponle un pijama finito y mételo en un sacopijama que le abrigue bien y le permita moverse sin riesgo de taparse la cabeza con la ropa (aún no sabe destaparse).

Si no tienes un sacopijama, puedes optar por acostarle en la posición “con los pies al pie de la cuna”, poniendo el embozo más abajo, para que no pueda deslizarse bajo la ropa.

También es importante que al acostarle le quites el babero y los accesorios que pueden comprometer su seguridad.

Vigila además que el ambiente de su cuarto no esté viciado.

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¿Dónde le pongo a dormir?

Lo más cómodo para la madre suele ser que el bebé duerma en su cuarto para poder escucharle si llora.

A partir del tercer mes el bebé suele estar lo bastante maduro como para empezar a adaptarse a vuestros horarios (pero recuerda que esto no se debe forzar, porque cada niño evoluciona a su ritmo).

Desde ese momento puedes ponerle a dormir por el día en el salón y por la noche en su cuarto.

De esta manera empezará a distinguir el día y la noche y su organismo comenzará a ir habituándose a una rutina de sueño.

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¿Es mejor la cuna o el moisés?

Mientras vivía en tu útero, el espacio que tenía tu hijo para moverse era mínimo y esto le daba seguridad.

Ahora, un lugar “enorme” para él, como la cuna, le desorientaría.

Por eso, mientras quepa en ellos, el cuco y el moisés son los accesorios idóneos para él.

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¿Por qué hay que cambiarle de postura?

Al tumbarle, conviene que unas veces le pongas la cabeza mirando al frente, otras a un lado y otras a otro.

Aún tiene los huesos del cráneo blanditos y se le pueden deformar (esta deformación suele desaparecer con el tiempo, sin dejar secuelas; pero si aparece, conviene hablar con el pediatra, por si precisa tratamiento).
Hay otro motivo por el que debes cambiarle de postura: aún tiene inmaduro el sistema circulatorio.

Si permanece en la misma posición mucho tiempo, es fácil que la zona sobre la que descansa se le amorate, se le enrojezca o se le quede totalmente pálida, algo que se le pasará en unos instantes, en cuanto le pongas en otra posición, pero que puede darte un buen susto.

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¿Con qué frecuencia le doy las tomas?

Normalmente se empieza con tomas cada tres horas. Pero si el bebé toma pecho y le alimentas “a demanda” es muy posible que tengas que darle más veces.

No obstante, si el niño llora, antes de lo que suele ser habitual en él, piensa que además del hambre, puede deberse a otras muchas causas: que esté mojado, le duela algo, tenga frío o calor, se sienta solo y necesite compañía...

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¿Cuánto tiempo le pongo al pecho?

Unos 10 o 15 minutos en cada pecho. Pasado este tiempo, el niño sigue succionando por instinto y es preferible cambiar de mama para evitar que se sacie y deje el segundo pecho rebosante de leche.

Recuerda que en cada toma deberás empezar por el último pecho que ofreciste a tu pequeño en la toma anterior, que es el que siempre queda más lleno.

Y, si por cualquier motivo no le das el pecho y toma biberón, no te agobies, las leches de fórmula actuales están pensadas para ayudar al bebé a crecer bien.

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¿Por qué vomita un poco después de comer?

Por la inmadurez de su aparato digestivo.

Estas bocanadas (regurgitaciones) son tan mínimas que no le harán perder peso. Suelen desaparecer sin necesidad de tratamiento antes de los seis meses.

Hasta entonces, para que tu hijo no regurgite tan a menudo: dale de comer semiincorporado, levanta la cabecera de su moisés unos 30 grados, dale de comer despacio, dejándole descansar varias veces a lo largo de la toma, y jamás le acuestes sin asegurarte de que ha eructado.

Cuando le tumbes, ponle la cabecita de lado, para evitar que se atragante en caso de que expulse algo.

Y si a pesar de tomar estas medidas sigue regurgitando o vomitando con asiduidad, llévale al pediatra: quizá tengas que cambiarle de dieta.

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¿Por qué tiene arcadas?

Porque le cuesta expulsar las flemas. Para facilitarle la labor, ponle de lado.

Y si aún así parece que se ahoga, dale unas palmadas, con la mano hueca, en el centro de su espalda para provocar su tos. Así le será más fácil eliminar la mucosidad que tiene en la garganta.

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¿Qué hago si tiene cólicos del lactante?

Los cólicos se deben a la inmadurez del aparato digestivo y desaparecen cuando el niño cumple los tres meses. Hasta entonces, para aliviar a tu hijo:

Cámbiale de posición a menudo. Paséale tumbado sobre uno de tus antebrazos, mientras le das golpecitos en la espalda con la mano que tienes libre.

Túmbale boca arriba en la cama. Así, con las palmas de tus manos, practícale estos masajes: Traza en su tripa una U invertida, de derecha a izquierda, para desplazarle los gases hacia el colon. Dibújale una I, desde el pecho hacia la parte inferior del vientre. Dándole suaves golpecitos con las yemas de tus dedos, dibuja una O alrededor de su ombligo.

Otra idea. En la misma posición anterior, flexiónale las piernas sobre el estómago, despacio, varias veces.

No pierdas la calma. Si lo haces, le contagiarás tus nervios y se pondrá aún peor. Túrnate con tu pareja para atenderle y si es necesario, pedid ayuda a los abuelos o a los tíos o, si podéis, contratad a una cuidadora para que vosotros podáis descansar más.

Busca consejo. Si crees que la situación precisa ayuda profesional, puedes acudir a un fisioterapeuta infantil, especializado en este problema (la osteopatía y la fisioterapia dan muy buenos resultados).

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¿Desde cuándo y cómo le baño?

Desde que vuelvas a casa con él, siempre y cuando luego le seques bien la zona del cordón umbilical. Primero caldea la habitación donde vas a poner la bañerita infantil (22 ºC) y coge lo que vas a utilizar y llena la bañera antes de meter al niño (agua a 37 ºC), para no quemarle.

Desnúdale y métele en el agua. Sostenle la cabeza, la nuca y los hombros con un brazo, mientras le aseas con la mano del otro brazo.

Pásale la esponja de arriba hacia abajo. Aclárala en cada pasada para prevenir infecciones.

Lávale la cabeza. Después, pásasela por la cabeza, para evitar la costra láctea.

No alargues el baño más de tres minutos. En cuanto le saques del agua, envuélvelo en una toalla, que le tape también la cabeza. Sécale dándole toquecitos con una toalla suave. Haz hincapié en los pliegues cutáneos, para prevenir hongos e irritaciones.

Ponle crema. Antes de vestirle, aplícale una hidratante infantil con un suave masaje y la pomada para el culete.

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¿Cómo le cambio el pañal?

Las primeras semanas tu hijo manchará unos 10 pañales diarios. Para evitar las irritaciones...

Límpiale bien. Pásale las toallitas o la esponja de delante hacia atrás, aclarando la esponja en cada pasada si se ha hecho caquita. Y aplícale una crema emoliente a base de óxido de zinc cada vez que le cambies, para  prevenir las escoceduras.

Déjale un rato con el culete al aire. La razón es que la humedad favorece los hongos y las irritaciones.

Ponle el pañal limpio, bien sujeto. Así previenes las hernias umbilicales y evitas que el ombligo le quede saliente.

¿Y si alguna vez se escuece? Sustituye la crema protectora por la pomada antiescoceduras que te aconseje el pediatra. Olvídate del talco: no protege la piel y, además, la reseca.

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¿Cómo le curo el cordón umbilical?

Tienes que mantenerlo limpio y seco.

No quites la pinza. Jamás quites ni abras la pinza que le pusieron en la clínica.

Limpia la zona. Hazlo cada vez le bañes, con delicadeza, y después asegúrate de que se queda bien seca (da unos toquecitos con una toalla que no suelte pelusas, sin frotar, y déjale la zona un rato al aire).

Usa una gasa. Puedes enrollar en el muñón una gasita seca, para saber si se moja cuando haga pis, y después ponle el pañal.

Ponle suero. Cuando el cordón se le caiga (entre el séptimo y el décimo día), aplícale suero fisiológico en la zona durante un par de días.

Presta atención. Hasta que el muñón le cicatrice, obsérvaselo. Si tiene un color extraño o huele mal, lleva al niño a urgencias: puede tener una infección.

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¿Cómo le visto?

La mayoría de las madres primerizas, y sobre todo de las abuelas, tienden a abrigar en exceso a sus pequeños, por miedo a que se resfríen.

Y es un error por muchos motivos, entre otros, porque abrigarle demasiado, sobre todo mientras duerme, es un factor que incrementa el riesgo de muerte súbita.

Recuerda también que si tu bebé está muy gordito, al tener más grasa perderá calor más lentamente y es probable que debas abrigarle algo menos de lo que piensas.

Elige siempre para él ropa cómoda, fácil de poner y quitar, que esté confeccionada con tejidos naturales (algodón, lino, hilo...), que no le oprima y que carezca de accesorios (botones, lacitos...) que puedan desprenderse y que el pequeño se pueda meter en la boca.

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¿Cómo sé si tiene frío o calor?

Para saber si tu hijo lleva la cantidad de ropa adecuada, tócale la nuca: si está húmeda, le has abrigado mucho y debes destaparle un poco; si no, has acertado.

Ten en cuenta que los recién nacidos suelen tener las manitas y los pies frescos (no helados), porque su sistema de termorregulación no es bueno y su organismo “prefiere” mantener calientes las zonas vitales a las extremidades.

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¿Por qué estornuda tanto?

No te preocupes, esta es una reacción típica de los recién nacidos y no significa que estén resfriados.

En realidad, este estornudo es un acto reflejo típico de los neonatos, que les ayuda a despejar sus vías respiratorias.

Eso sí, si los estornudos van acompañados de fiebre o de síntomas de malestar, consulta con el pediatra.

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¿Puedo sacarle de paseo?

Salvo que las temperaturas sean extremas, llueva mucho o haga viento, paséale desde el primer día. 

Hazlo por una zona verde. Y a las horas más templadas del día.

Antes de salir de casa... Acuérdate de coger una muda, las toallitas húmedas, la crema protectora para el culete y una toquilla Si es época de lluvia, lleva la burbuja impermeable para el cochecito.

Si hace frío. Ponle un gorrito que le tape la cabeza (es la zona por la que más calor pierde) y le cubra bien los oídos (son muy propensos a las otitis). Y si hace calor, ponle un sombrerito de tela fina que le proteja la cabeza del sol y no le haga sudar. Si hace sol, pon una sombrilla en el cochecito y ve por la sombra.

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¿Es bueno que use chupete?

No conviene dárselo si la lactancia todavía no está bien instaurada, pero después, su uso moderado puede ser de gran ayuda cuando el bebé está nervioso, molesto o no puede dormir. 

Una vez que se tranquilice o se duerma, no se lo dejes puesto. Así evitarás que se envicie con él y cuando llegue el momento (sobre los 18 meses), no le costará demasiado abandonarlo.

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¿Dejo que se chupe el dedo?

Si sólo lo hace de vez en cuando, sí: chuparse el dedo le proporciona placer, le tranquiliza, le consuela, le hace sentirse más acompañado...

Pero si recurre a él muy a menudo, conviene que se lo saques de la boca y, si llora, que se lo cambies por el chupete (llegado el momento, éste es más fácil de abandonar que el dedo).

Así le evitarás posibles deformaciones en el paladar, en los dientes y en el dedo.

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¿Le cojo en brazos si llora?

“No le cojas, que se acostumbra” es un consejo que todos hemos escuchado mil veces. Pero no es cierto.

Cuando tu hijo llore, comprueba que tiene cubiertas sus necesidades y no está molesto: su pañal está limpio, no tiene frío ni calor, no es su hora de comer, no tiene fiebre...

Si todo está en orden, intenta calmarle hablándole y acariciándole o cógele. Durante el primer año no hay riesgo de malcriarle por ello, al contrario: cogiéndole en brazos le proporcionas seguridad, algo que luego favorecerá su independencia.

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¿Qué hago para que no se sobresalte?

Evitar las voces, los ruidos estridentes y los cambios bruscos de posición.

No puedes hacer mucho más, porque la mayoría de las veces esos sobresaltos no se deben a estímulos ambientales fuertes, sino a que su sistema nervioso aún no está bien desarrollado.

También se explican porque el bebé todavía no se ha habituado a estar rodeado de aire y tiene sensación de vértigo.

A medida que pasan los meses, estos sobresaltos van siendo cada vez menos habituales.

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¿Desde cuándo puedo usar la hamaquita?

Desde los dos meses, el cuerpo del bebé está preparado para sentirse bien en la postura que adopta en la hamaquita.

Siempre, eso sí, que pongas este accesorio en posición casi horizontal.

Así evitarás que se le resienta la columna, que aún no tiene bien formada.

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