Actividades que hacen más autónomo al bebé

Beber en vaso, pintar, usar la cuchara... Descubre actividades cotidianas con las que puedes fomentar la independencia de tu hijo.

 

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“¡Dentro zapatos!”

Para el niño calzarse sin ayuda es un logro enorme. Para poder hacerlo bien tiene que entender el porqué de la acción. Y pronto será consciente de que no puede llevar un zapato sin el otro.

“¡Mira mi gorra!”

Ponerse algo en la cabeza tiene para el pequeño más complicación de lo que parece. Que lo haga implica, primero, que ya ha adquirido el concepto del “yo”. Además, significa que va conociendo los límites de su cuerpo, lo va controlando, y es capaz de coordinarse para ajustar el gorro a su cabeza.

“Ya como solo”

Empezar a llevarse la comida a la boca (casi) sin ayuda es un paso importante en el desarrollo de la autonomía del niño. Cuando come, lo hace siguiendo un impulso: el hambre.

Deja que intente hacerlo solo, aunque se manche. Este aprendizaje fomenta no sólo su precisión al manejar un instrumento que tiene que direccionar con cuidado, sino también su  independencia a la hora de satisfacer una necesidad. Le hará sentirse muy bien consigo mismo.

“Toca cuento”

A su edad, si pasa una página fina la romperá; por eso sus libros son de páginas gruesas. Necesita practicar para adquirir destreza al manejarlas, aunque al principio agarre varias juntas o se las lleve a la boca. Poco a poco irá aumentando la precisión.

“Tengo mucha sed”

El control de la fuerza al agarrar cosas irá siendo cada vez mayor. Puedes ponerle algún reto para que vaya perfeccionándolo, como darle un vaso de plástico para que beba él solo (llénalo con poca agua). Cuando se lo des, enséñale a cogerlo sin aplastarlo para que no se salga el líquido. 

“Soy todo un artista”

Otro gran avance en su desarrollo: aprender a agarrar bien la pintura para poder dibujar. Además, al dirigir sus trazos hace un enorme ejercicio de coordinación, porque debe aplicar la fuerza justa y, a la vez, mover la muñeca y el brazo. Si lo consigue realizar y va siendo más preciso es porque ha adquirido el concepto causa-efecto. 

“¡Y a peinarse!”

Muchas veces el pequeño coge el peine y hace el gesto de peinarse, pero no lo lleva en la dirección correcta. Al principio lo hace por repetición, pero el siguiente paso es conseguir que entienda la función de la acción, y consiga el objetivo. Deja que juegue con el peine e intente usarlo para que practique.

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