Qué juguetes necesita un bebé (y por qué)

Hay 6 que son básicos en su ajuar juguetero: un mordedor, una pelota, un musical, un sonajero, un libro de baño y un muñeco de pequeño tamaño.

 

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Un sonajero: ¡qué divertido!

Agita un objeto sonoro ante su carita, acércalo y aléjalo para incitarle a que lo coja. Lo más probable es que levante los brazos para intentarlo.

Si no lo ha hecho nunca y lo hace, prémiale con sonrisas y con elogios. La primera vez que echa los bracitos con intención supone un esfuerzo de coordinación de movimientos grande. No es lo mismo ponérselo tú en la mano a que sea él quien intente cogerlo.

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Un libro de baño: para mirar, tocar, chupar...

Un pequeño libro de baño es uno de los juguetes más simples y a la vez más completos, ya que se presta a muchos usos.

Además de permitir al niño asir sus páginas, aunque sea de forma tosca, cada superficie tiene un color llamativo, con formas y escenas (ideal para estimular la vista en distancias cortas).

Y, por si fuera poco, en caso de precisar un estudio más completo del objeto, se puede chupar. ¿Hay algún otro juguete que ofrezca más?

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Muñecos de goma: estimulan su vista y habilidad manual

Entre los 3 y los 6 meses las habilidades de tu hijo experimentan grandes avances. Para estimular el reflejo de prensión, fase previa para el desarrollo de la pinza (uso del índice y el pulgar), ofrécele muñecos pequeños de goma.

Colócaselos en la mano para que cierre los dedos sobre ellos. Después, intenta quitárselos y percibe si hace fuerza para retenerlos.

Y la siguiente vez observa si hace movimientos, aunque sean desorganizados, para evitar que se los quites.

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Juguete musical: mejora su audición

Es importante que el niño reciba estímulos sonoros de distinto tipo, para desarrollar su audición y el reconocimiento sonoro. Por supuesto, conviene reducir los ruidos estridentes que le asustarían, permitir los sonidos cotidianos normales y fomentar los musicales.

Hazte con un juguete que emita una melodía suave y colócalo primero hacia un oído y luego hacia el otro. Observa si en ambos casos la reacción es idéntica.

Un consejo: no le ofrezcas la misma música que la que tiene en su móvil de cuna o lo identificará con el hecho de dormir y no participará en el juego.

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Un mordedor: mucho por descubrir

La boca es la zona más sensible de los bebés. Sus terminaciones nerviosas están infinitamente más perfeccionadas que las de las manos y a través de ella el niño percibe la temperatura, la suavidad, aspereza o rugosidad, los conceptos de duro y blando y, por supuesto, el sabor.

Por eso, desde que es capaz de asir un objeto el primer impulso es llevárselo a la boca y ‘estudiarlo’. Fomenta esta primera forma de análisis ofreciendo a tu hijo un mordedor con diferentes texturas. Y si antes lo mantienes unos minutos en la nevera, le aliviará las molestias de los dientes.

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Una pelota blanda: ¡cuántos beneficios!

Ata un lazo a una pelota de colores básicos. Paséala ante sus ojos (a 30 cm), asegúrate de que la ve y está atento al movimiento. Acércasela a las manos y verás que en el intento de cogerla, las abre y las cierra.

Después haz lo mismo con los pies. Tu bebé empezará a patalear; si aún no lo hace, levántale el culete y deja que las piernas toquen la bola. Entenderá el mensaje. Si se pone muy nervioso, raciona el juego.

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