Un hábito que os une

Es importante crear de este ritual una rutina, tanto para ti como para él. Busca el momento del día que mejor os venga a los dos, con un ambiente tranquilo y que os relaje.

CUÁNDO DÁRSELO

Al menos tres o cuatro veces a la semana, y mejor si es a diario y lo incorporas como una rutina más. Bastará dedicarle de 15 a 25 minutos. Suele realizarse antes de dormir, aunque eso depende de cada niño y del tiempo libre de los padres. Lo que sí es importante es que sea siempre a la misma hora. Elige un momento relajado para ambos, por la mañana o por la tarde, para disfrutarlo sin prisas. La única condición es que el niño esté en ayunas: al menos una hora antes o una hora después de comer.

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UN AMBIENTE ADECUADO

El ambiente es esencial: luz tenue, música suave y un lugar tranquilo y agradable ayudan a que el bebé reconozca este momento y se prepare para ello. En silencio aprenderás a comunicarte con tu hijo, con los ojos y con el contacto, mejor si es piel con piel (las mujeres indias dan el masaje con el niño sobre sus piernas extendidas y sentadas en el suelo, aunque si esto te resulta incómodo puedes hacerlo sobre una colchoneta o una alfombra).

Usa aceites vegetales, puros, de presión en frío y obtenidos de forma natural, que son más sanos que los derivados del petróleo (ten en cuenta que la piel absorbe el aceite y también que el bebé puede chupar el que queda en sus manos). Los de almendras dulces, nuez de albaricoque y pepitas de uva son algunos de los más recomendables.

El masaje se suele completar con unos ejercicios de yoga muy sencillos, que consisten en cruzarle los brazos sobre el pecho y luego las piernas sobre la barriguita. Y para terminar, un baño aumentará el efecto relajante del masaje y eliminará los restos de aceite. Se puede bañar a los bebés más pequeños en el Tummytub, un cubo típico indio que mantiene la posición fetal del niño

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