Por qué llora por la tarde

Superadas estas crisis de llanto, tu pequeño pasará unas horas más sereno. Está comprobado que los bebés lloran bastante por la mañana (hasta que se habitúan al ritmo de vigilia) y por la tarde (están cansados de toda la jornada), pero lo hacen mucho menos en las horas centrales del día. Aun así, es posible que tu pequeño también llore porque tiene hambre o sueño a estas horas de la jornada. En estos casos ya sabes cómo actuar.

Tal vez no lo hayas pensado, pero tu hijo también puede llorar porque esté aburrido (sí, los bebés a veces se aburren). Si te parece que ésta puede ser la causa de sus lágrimas, cógele en brazos y recorre la casa con él, mientras le vas contando lo que vais viendo. Al distraerse, dejará de llorar. Otras ideas acertadas son: bañarte con él, hacerle muecas divertidas, enseñarle alguno de sus juguetes preferidos...

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BERRINCHES A ÚLTIMA HORA

Al atardecer, además de por tener cólicos del lactante, es probable que tu hijo llore porque está cansado. Si es así, adelanta un poco su hora de acostarle y acúnale en tus brazos. El mecimiento le calmará y al acostarle (adormilado) se dormirá antes.

También puedes ponerle una música tranquila bajita o incluso grabar sus lloros y ponérselos para que los escuche y se sorprenda. En cualquier caso, no te agobies si llora un poco antes de dormir. Los bebés necesitan dar salida a sus tensiones para poder descansar tranquilos.

No descartes que tu hijo llore por sobreestimulación. De ser así, llorará con rabia y rechazará tus intentos de calmarle. Lo mejor es que le dejes llorar un rato (contigo, no solo) para que elimine la tensión acumulada y que le des un baño calentito. Al sumergirle en el agua (debe estar a 37-38 ºC) rememorará la sensación que tenía cuando vivía en tu útero y se relajará.

Otra buena idea es que le des un masaje suavecito. Este tipo de contacto piel a piel favorece la emisión de endorfinas, que son las hormonas del bienestar, por lo que tu peque no tardará mucho en dejar de llorar.

Claro que no te gusta que tu hijo llore, pero ya ves que es algo natural y hasta deseable. Sé paciente y piensa que según se vaya adaptando a su nuevo ambiente y su sistema nervioso madure, irá llorando menos.

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