Y ahora, a la bañera grande

A partir de los 6 meses el baño es un momento ideal para que tu pequeño se divierta, aprenda y estreche sus lazos contigo.

A medida que tu hijo va cumpliendo meses, se vuelve más autónomo: aprende a gatear y luego a andar, a curiosear, a explorar lo que le rodea...

Así que, desde el punto de vista higiénico-sanitario, el baño cobra aún mayor importancia que antes, pues el niño lo chupa y lo manosea todo (cuando enjabones a tu bebé presta especial atención a las manos y las uñas, donde los gérmenes se acumulan más fácilmente).

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Bañarlo antes de la cena sigue siendo una buena opción: el efecto relajante del agua le ayudará a conciliar el sueño.

SEGURIDAD Y COMODIDAD

Una vez que tu hijo aprenda a mantenerse sentado (hacia los 7-8 meses), podrás pasarlo a la bañera grande. Para prevenir accidentes, sigue llenando la bañera antes de meter al niño y comprueba que el agua está a 36-37 ºC.

Cubre los grifos con protectores, pega una alfombra antideslizante en el suelo y acomoda al bebé en un aro de seguridad o en un asiento especial para el baño; así se mantendrá bien sentado (no adoptará posturas forzadas) y no se resbalará. En todo caso, no le dejes solo en la bañera ni un segundo.

Obsérvale y si ves que se siente inseguro rodeado de tanta agua, durante unos días prueba a meter su bañerita en la de adultos (ésta, vacía). Así se irá habituando a ella.

Otra buena opción es que cuando te bañes tú, lleves al niño en su gandulita al cuarto de baño para que vea que no te pasa nada por utilizar la bañera grande.

NUEVOS DESCUBRIMIENTOS

Puedes aprovechar este momento para ofrecer a tu pequeño nuevos aprendizajes. Nómbrale las partes de su cuerpo mientras le enjabonas, para que se familiarice con ellas, y dale juguetes para el baño (cuentos, objetos que floten, envases que pueda llenar y vaciar...).

Así irá asimilando conceptos muy útiles sobre su entorno. Y anímale a chapotear: este ejercicio, además de fortalecerle la musculatura, le ayuda a ser más consciente de su cuerpo y de lo que es capaz de hacer con él.

Además, puedes empezar a bañarte con él; al estar contigo no se asustará y será un momento genial para los dos.

No olvides, en todo caso, que los niños a medida que crecen son más sensibles a nuestros miedos. Por eso hay que quitar importancia a los pequeños percances, como que les entre agua en los ojos o por la nariz, que pierdan el equilibrio momentáneamente...

Cuando tu hijo viva estas situaciones, hazle ver que no pasa nada y muéstrale tu afecto para que se sienta protegido y seguro dentro del agua.

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