El primer sentido

No escatimes en besos, abrazos y caricias con tu pequeño. Aprovecha que tiene el sentido del tacto totalmente desarrollado para comunicarle lo mucho que le quieres, ayudarle a crecer, transmitirle seguridad, aumentar su inteligencia...

Podemos vivir siendo ciegos, sordos o incapaces de percibir olores y sabores, pero no podemos hacerlo sin las sensaciones que nos proporciona el tacto. Y nos sería casi imposible sobrevivir en los primeros meses sin ser acariciados.

Por eso la Naturaleza, que es tan sabia, “decide” que el bebé llegue al mundo con el sentido del tacto completamente desarrollado (a diferencia de los otros cuatro, que todavía están inmaduros). Lo dispone así para que el pequeño cuente desde sus primeros instantes de vida con una fuente de información infalible sobre el mundo exterior, pero también para que pueda alimentarse de las caricias de sus papás.

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Y es que los abrazos, besos, masajes y arrumacos reconfortan al bebé, le relajan y le nutren casi tanto como el alimento. Por eso son imprescindibles para su supervivencia. Diferentes estudios médicos así lo confirman:

  1. En uno llevado a cabo en Estados Unidos se demostró que los bebés prematuros que únicamente recibían los cuidados asépticos del centro hospitalario apenas aumentaban de peso, lloraban mucho y eran menos enérgicos y activos que aquellos otros a los que las enfermeras, las madres y los padres acariciaban y mecían a menudo.
  2. Otra investigación realizada en Estocolmo (Suecia) ha verificado que los bebés nacidos mediante cesárea, que no pueden ser abrazados por sus madres hasta que a ellas se les pasa el efecto de la anestesia, obtienen muchos beneficios si sus papás los colocan sobre su pecho durante sus primeras dos horas de vida. En dicho estudio, a 15 padres se les pidió que acostaran a sus niños en el cuco y a otros 15, que acurrucaran a sus bebés contra su pecho desnudo. Los pequeños del segundo grupo se tranquilizaron enseguida, dejaron de llorar mucho antes y mostraron reflejos más fuertes para el amamantamiento (rotación y succión).

    Tus mimos le hacen más listo

    Los científicos también han comprobado que el sentido del tacto favorece el desarrollo cerebral del bebé. Cada vez que le tocamos, su cerebro recibe un mensaje y se realiza una conexión entre sus células cerebrales. Gracias a estas conexiones el pequeño puede hablar, moverse, relacionarse y aprender.

    Y otro dato interesante: los adultos que de pequeños no recibieron mimos de sus padres son más fríos y violentos que aquellos que sí fueron cogidos en brazos y acunados por sus mayores. Esto se debe a que ser tocados es una necesidad básica y el hecho de que no se satisfaga produce en nosotros sentimientos de enfado, frustración y agresividad.

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