Enseña a tu bebé lo que es el peligro

Además de protegerle, debéis explicarle por qué no puede coger la lejía ni asomarse a la ventana. Sólo así aprenderá a distinguir lo que es peligroso de lo que no.

Vuestro hijo es imprevisible. Su inmensa curiosidad por todo, su inagotable energía y su creciente dominio de nuevas habilidades psicomotoras (ya no sólo anda y corre, sino que también salta, trepa y escala), unido a que aún carece del sentido del peligro y a que todavía no sabe anticiparse a las posibles consecuencias de sus actos, le convierten en una especie de funambulista imparable e incansable, sin temor a nada.

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Por eso, para prevenir sustos innecesarios y posibles accidentes, debéis estar siempre ahí, vigilándole a cada instante y anticipándoos a las trastadas más disparatadas que se le puedan ocurrir (introducir el dedito en los enchufes, escalar por las estanterías del salón, meterse monedas en la boca, jugar con la escobilla del cuarto de baño...).

Normas de seguridad

Además de adaptar la casa a las necesidades de su estado evolutivo (leed el cuadro de la derecha) y de no perderle de vista ni un segundo, para que no le ocurra nada malo hay otra medida muy efectiva que debéis adoptar ya. Consiste en enseñarle algunas normas básicas de seguridad, para que él mismo se mantenga lejos de los peligros. Y no importa que aún no hable, ya os comprende perfectamente.

No os canséis de repetirle que no puede entrar en la cocina ni asomarse a la ventana, ni jugar con el mechero. Así aprenderá a asociar estos lugares y objetos con vuestros rotundos “noes”.

Si además acompañáis vuestras negativas con signos de dolor y explicaciones sencillas como “el mechero quema”, asimilará mejor la idea de que hay ciertas zonas y aparatos que pueden causarle daño. Armáos de paciencia y confiad en que después de insistir mucho, vuestras indicaciones acabarán sustituyendo sus ganas de explorar lo prohibido por su afán de esquivarlo. Y así empezará a tener conciencia del peligro.

Al final del día, más alerta

Hay otros factores básicos a tener en cuenta, para mantener a los niños tan pequeños a salvo de accidentes:

  • Darles un buen paseo o llevarles a un parque seguro todos los días, para que puedan desfogar energías sin correr riesgos y luego, en casa, tengan menos ganas de hacer trastadas.
  • Estar más alerta con ellos a la caída de la tarde. Curiosamente, muchos niños cuando están cansados se vuelven más activos, pero también más torpes. Por eso es importante que al final del día prestéis, si cabe, más atención a vuestro pequeño. Y, mejor aún, que tratéis de distraerle con un juego tranquilo.
  • No le prohibáis las cosas por norma. Si quiere subirse a un bordilllo, en vez de decirle “no, que te caes”, dadle la mano para que camine por él sin perder el equilibrio. De este modo conseguiréis que deje de ser temerario y se vuelva precavido, pero no temeroso.
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    Recordad que proteger a los bebés es bueno; sobreprotegerlos, no. La sobreprotección hace que hasta las cosas más fáciles les resulten peligrosas.

    Adapta la casa a sus necesidades

    Evita que tu hijo alcance los pequeños peligros que puede haber en casa.

    • Pon cierres de seguridad en las ventanas, el inodoro...
    • Adapta vallas protectoras en las escaleras y en la terraza.
    • Protege los picos de los muebles y tapa los enchufes.
    • Guarda bajo llave las medicinas y productos tóxicos.
    • Aparta de su paso lo que pueda hacerle tropezar y todo lo que pueda tirarse encima.
    • Cubre los grifos de la bañera con almohadillas y pega figuras antideslizantes en el fondo.
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