¿Tu bebé tiene muchas legañas?

Que el bebé se despierte con los ojos legañosos es normal; que tenga legañas siempre, haya estado despierto o dormido, no lo es. En este caso hay que llevarle al pediatra.

Las mucosas del recién nacido están muy secas. Su boca apenas produce saliva (por eso tiene siempre la lengua muy blanca) y sus ojos no segregan lágrimas, ni siquiera cuando llora (por eso se dice que los recién nacidos, durante sus primeras semanas, lloran “en seco”).

Sin embargo, según pasan los dos o tres primeros meses, las glándulas incrementan su actividad y comienzan a segregar más líquido, con el objetivo de que el bebé pueda digerir los nuevos alimentos que necesita y para que sus ojos puedan permanecer abiertos durante más horas al día, sin enrojecerse ni sufrir otras complicaciones.

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Qué son las lágrimas

La lágrima es una sustancia líquida que está formada por agua, grasa y una proteína denominada mucina, que permite una mejor adherencia de la lágrima al ojo. Baña la córnea y la conjuntiva (es la parte blanca del ojo), impidiendo que ambas se sequen.

Dicho de otra manera, la lágrima se encarga de simular las condiciones del medio acuoso en el que se formaron y se desarrollaron los ojos (empiezan a formarse sobre la tercera semana de gestación, en la bolsa de las aguas).

Y no solamente eso. Además, ejerce también otras funciones imprescindibles para mantener una visión y una salud ocular óptimas:

  • Función antibacteriana. La composición de la lágrima dificulta la aparición de bacterias dentro del ojo, favorece su eliminación cuando se presentan y ayuda a prevenir infecciones oculares.
    • Óptica. Las lágrimas, al proporcionar a la córnea una superficie acuosa y totalmente uniforme, permiten una visión nítida, bien perfilada.
      • Nutritiva. Las lágrimas “alimentan” al ojo, proporcionándole todas las sustancias que necesita para poder funcionar sin ningún problema.
        • Mecánica. Además, facilitan el arrastre y la eliminación de los cuerpos y de las partículas extrañas que hayan podido penetrar en el ojo.

          Una vez que la lágrima realiza sus funciones, es evacuada a través de unos diminutos agujeritos que se encuentran en los párpados, en la zona más próxima a la nariz. Desde aquí acaba desembocando en las fosas nasales, a través del conducto lagrimal.

          Por este motivo, y porque con el parpadeo (espontáneo e inconsciente) se distribuye la lágrima por todo el ojo y se conduce hacia los agujeritos lagrimales, no estamos llorando continuamente.

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