¿Por qué necesita tanto el bebé tus caricias?

Además de para su desarrollo afectivo es importante para su desarrollo corporal que acaricies a tu hijo, por eso es aconsejable tocar a tu bebé desde sus primeros instantes de vida.

Fíjate si es importante que acaricies a tu hijo, que los ginecólogos aconsejan a las futuras mamás que se acaricien la tripa (en esto se basa el método haptonómico de preparación al parto). El motivo es que la piel aparece en el embrión antes que la boca, la nariz y las orejas, y el futuro bebé, desde la octava semana de embarazo, ya empieza a percibir todo un mundo de sensaciones cutáneas que van despertando su conciencia.

Una vez que el bebé nace, conviene que la madre lo acaricie unos segundos sosteniéndole sobre su pecho desnudo (deberá pactarlo antes con su ginecólogo). Y también en cuanto se lo entreguen tras el primer chequeo, porque el pequeño necesita sentir su calor y notar que su madre le quiere. Estas agradables sensaciones le ayudarán a superar la soledad que experimentan los pequeños tras el parto. Y no sólo eso: estudios recientes han demostrado que los bebés con los que se lleva a cabo esta práctica son más sociables y confiados, tienen más seguridad en sí mismos, conocen antes su cuerpo y están más receptivos a lo que ocurre a su alrededor. Y ello estimula sus sentidos y mejora su inteligencia.

La búsqueda del contacto íntimo con la madre, en la que se afana el pequeño desde que nace, va mucho más allá de su necesidad de mamar. Lo sabemos porque hace unos años se comprobó con esta experiencia: varias madres fueron sustituidas por máquinas que daban el biberón a los bebés, y la mayoría de ellos ni siquiera se acercaron a los artilugios, aunque llevaban más horas de las habituales sin comer. Reaccionaron así porque además del alimento, necesitaban el calor y el cariño que su madre les transmite, y una máquina les resultaba fría.

En todo caso, no te sientas culpable si nada más encontrarte con tu hijo no te apetece abrazarlo. Tras el parto las emociones se viven muy intensamente y no siempre son las que se esperaban, pero seguro que, si te tomas tu tiempo, en cuanto te recuperes lo verás todo desde una nueva perspectiva y disfrutarás mucho de ese contacto con tu bebé.

Abrázale ahora; déjale ir después

La seguridad que proporcionas ahora a tu hijo, con tu estrecho contacto, le irá dando la confianza suficiente para atreverse luego a separarse de ti. Tú misma comprobarás, a medida que vaya creciendo, que ya no se conformará con cogerte el pezón o con darte la manita. También querrá abrazarte, abarcarte con sus piernas, jugar sentado encima de ti... E irá ampliando sus contactos con otras personas.En otras palabras, el campo que ocupa en su trato contigo y con los demás irá siendo cada vez mayor.

Cualquier hora es buena para acariciarle: por la mañana, tus caricias le pondrán las pilas para empezar el día contento; por la noche, le relajarán y le ayudarán a dormir mejor; después de comer, le facilitarán la digestión... Pero, eso sí, no le acaricies cuando estés nerviosa, ya que él captará tu estado de ánimo. Hazlo mejor cuando te encuentres calmada.

Por otro lado, para que tus caricias resulten realmente beneficiosas para tu hijo, ten en cuenta algunos detalles:

  • Antes de acariciarle, comprueba que no tienes las manos frías ni húmedas, para no causarle impresión.
  • Al cogerle y levantarle en brazos, hazlo muy despacio, para que no experimente sensación de vértigo. Si arquea el cuerpo hacia atrás, es señal de que le has hablado muy alto o le has levantado muy deprisa: suaviza tus movimientos con él.
  • Cuando vayas a darle un masaje, recuerda que le gustará más que empieces por las piernas y los brazos antes que por el pecho. Es lógico: sentir unas manos enormes sobre la zona que le recubre sus órganos vitales puede asustarle.

    Seguramente te habrá sorprendido el poderoso efecto que tus besos, tus abrazos y tus caricias ejercen sobre tu hijo. Aprovéchalo: así tu pequeño sentirá que el mundo exterior le acaricia y despertarás sus ganas de conocerlo y de participar cada vez más en él.

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