Las vacaciones de verano con un bebé

Estas vacaciones queréis salir de viaje con vuestro pequeño, pero os asaltan mil dudas. ¿Qué destino es mejor para él? ¿Cómo vamos hasta allí? ¿Qué hacemos si se pone malo? Os ayudamos a resolverlas.

Para que estas vacaciones que vais a pasar en familia resulten estupendas tanto para vuestro bebé como para vosotros, debéis organizarlas bien desde el primer momento. Preguntad al pediatra si podéis viajar con el niño (no conviene hacerlo si tiene menos de un mes) y si os dice que sí, planteaos qué medio de transporte os resulta más cómodo y los pros y contras de cada posible destino.

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Por tierra, mar o aire

Generalmente la forma más confortable de viajar con niños pequeños es en el propio automóvil. Éste os permitirá llevar todo el equipaje que necesitéis y parar tanto como os apetezca. Ya sabéis que debéis hacerlo como poco cada dos horas, para estiraros y airear la sillita de seguridad de vuestro pequeño y cambiarle el pañal (viajando es normal que se escueza más).

Para que vuestro hijo no se maree, si ya ha cumplido los 2 años lo más práctico es que pidáis en la farmacia algún medicamento contra la cinetosis. Y si aún no tiene esta edad, colocad un limón partido en rodajas en alguna zona del coche (el olor de esta fruta alivia las náuseas). En cualquier caso, es importante que evitéis viajar en las horas de más calor, que mantengáis la temperatura interior del coche a unos 22 ºC, que acopléis parasoles en las ventanillas para que el niño no se queme y que cuando pongáis el aire acondicionado, os aseguréis de que los chorros no le llegan directamente. Acordaos también de coger el reposacuellos, para colocárselo a vuestro hijo cuando se quede dormido y evitar que le entre tortícolis.

Si vais a ir muy lejos, descartad el autocar (ofrece poca libertad de movimientos y las paradas son muy escasas). Yendo con un niño pequeño es mucho mejor que vayáis en tren, en avión o en barco.

En el tren, si vuestro hijo ya anda, le encantará corretear por los pasillos. Y si optáis por uno que tenga coche-cama, incluso podréis viajar durmiendo.

El avión es otra posible opción. Si el niño es menor de 2 años tendréis que ir con él en brazos (no paga billete, aunque sí el seguro de vuelo) y sujetarle con el cinturón de seguridad que os facilite la tripulación. Es posible que los cambios de presión le produzcan dolor de oídos; para evitarlo, ponedle el chupete al despegar y al aterrizar o, si no lo usa, tapadle los oídos en esos momentos. También es aconsejable que le deis agua a menudo, para que no se le taponen los oídos ni pase sed (el cambio de presión y la sequedad dentro del avión alteran el equilibrio hídrico del organismo).

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Los principales inconvenientes de viajar en barco con niños pequeños son que se aburren, que se marean y que hay cruceros que limitan el número de niños por pasaje y/o no aceptan a los menores de 2 años. Para evitar estas posibles complicaciones, elegid una compañía de cruceros con servicio para niños (tienen niñeras, animación, actividades...), reservad los billetes con antelación y, antes de partir, preguntad al pediatra si podéis dar algo a vuestro hijo contra el mareo (quizá podáis aplicarle en las sienes un stick de menta que se compra en las farmacias).

El destino, según su estado de salud

En cuanto a los destinos, tanto el mar como la montaña son buenas opciones si el niño está sano. En ambos casos se beneficiará del aire puro y de la luz del sol, dos factores que aumentan la producción de las hormonas del bienestar. Es por ello que los niños están más alegres y receptivos cuando hace buen tiempo.

Ahora bien, si vuestro hijo es muy nervioso, tiene congestión de las vías altas o es alérgico al polen, es mejor que vayáis a la playa. Os contamos por qué:

  • La luz del sol (no el sol directo) ejerce un efecto sedante sobre las terminaciones nerviosas de la piel y el movimiento de las olas genera iones negativos que actúan como tranquilizantes, lo que se traduce en un estado general mucho más reposado.
  • La brisa marina actúa como un potente humidificador, que limpia los mocos del aparato respiratorio.
  • En la costa la concentración de pólenes es nula. Por eso los alérgicos a las gramíneas están tan a gusto allí.

    Por el contrario, si vuestro hijo tiene asma o problemas bronquiales, el aire puro y seco de la montaña le beneficiará más que el de la costa, porque además de oxigenarle, aumentará su capacidad pulmonar.

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