Evolución del sueño bebé al adulto

Hasta ahora eras tú quien se adaptaba a su ritmo, pero tu bebé ha crecido mucho y ya está lo bastante maduro como para empezar a habituarse a un horario menos agotador y más cómodo para todos.

Durante su primer trimestre de vida los niños tienen ciclos de sueño muy cortos y en su reducido estómago cabe muy poca comida, por lo que se despiertan cada tres horas, comen y se vuelven a dormir. Pero a partir del cuarto mes la cosa cambia: sus ciclos de sueño se van alargando, pasan más horas despiertos por el día y duermen más por la noche y su sistema digestivo puede aguantar más horas seguidas sin comer nada. Todos estos progresos demuestran que ya puedes empezar a habituar a tu hijo a un horario más regular y cómodo para todos.

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Sueño de día y noche

Evidentemente, no puedes hacer este cambio de la noche a la mañana. Para conseguirlo tienes que establecer una rutina diaria en la que haya un momento fijo para el sueño, las comidas, el baño y el paseo, acorde con sus necesidades y las vuestras.

Para empezar, debes enseñar a tu hijo a diferenciar el día y la noche. Cuando sea de noche, deja la habitación totalmente a oscuras y en silencio (hasta que duerma toda la noche seguida, os resultará más cómodo acostarle en vuestro dormitorio) y cierra la puerta, para que vuestros ruidos no le despierten.

En cambio, para dormir la siesta puedes echarle en el cochecito (debe entender que la cuna es sólo para dormir por la noche), deja un poco de claridad en el cuarto y no cierres la puerta del todo, para que se habitúe a descansar con los sonidos propios de la casa.

Cuando te pida la toma a mitad de la noche (lo normal es que la reclame hasta los cuatro o cinco meses), dásela casi a oscuras en el dormitorio (las tomas diurnas debe hacerlas en el salón), tarda lo menos posible y no juegues con él cuando termine. Así no se desvelará y asociará su cuarto y la oscuridad con la noche, y el salón y la luz con el día. De los tres a los cuatro meses hará tres siestas diurnas y dormirá 8 o 9 horas por la noche (no seguidas). En total, 15 o 16 horas de sueño al día.

Para quitarle la toma nocturna, retrásale todo lo que puedas la última toma del día y házsela más abundante que las demás (consúltalo antes con el pediatra). Si aún así se despierta de madrugada, ofrécele un biberón de agua para que le entretenga el estómago y aguante un poco más. No caigas en la tentación de darle enseguida su toma habitual, porque volverías al horario anterior.

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Comidas, baño y paseo.

Con cuatro o cinco meses seguirá un horario fijo de de comidas, con cinco tomas: a las ocho de la mañana, a las once, a las dos del mediodía, a las cinco o seis de la tarde y a las ocho o nueve de la noche, por ejemplo. Puedes darle una adicional, sólo de leche, cuando te acuestes tú.

Desde los seis meses sus comidas serán parecidas a las vuestras: leche con cereales en el desayuno, puré de verduras al mediodía, papilla de frutas en la merienda y leche con cereales en la cena. Se echará sólo dos siestas y dormirá toda la noche de un tirón (unas 10 horas).

La hora más conveniente para el baño dependerá de su carácter: si es tranquilo, báñalo por la mañana para que el contacto con el agua le espabile, y si es muy activo, báñalo por la noche para que se relaje antes de acostarle. Sea cual sea la opción que elijas, mantenla todos los días para no desconcertarle.

El paseo déjalo para las horas más templadas del día. Un buen momento es, por ejemplo, antes de comer. El aire fresco le abrirá el apetito.

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