Las nanas son mucho más que canciones

Un método muy agradable para calmar a tu hijo cuando llore es cantarle nanas. Estas melodías repetitivas y tu voz son la combinación ideal para tranquilizarle, a la vez que estimulan su desarrollo emocional y sensorial.

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D.R.

Aunque las primeras nanas escritas de las que tenemos noción datan de la Edad Media, las madres recurrían a este tipo de canciones para calmar a sus hijos desde mucho antes, sin que supieran explicar por qué tranquilizaban tanto a sus pequeños.

¿Por qué le relajan tanto?

Hoy sabemos que este efecto calmante se debe a que el bebé está habituado a escuchar la voz de su madre desde el quinto mes de embarazo y ahora, al oírla de nuevo, rememora su vida intrauterina y vuelve a sentirse tan feliz como entonces.

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Además, está comprobado que las nanas resultan aun más relajantes para el pequeño si la madre se las canta meciéndole en sus brazos, y así le ayudan a sentirse mejor cuando está malito (si tiene cólicos del lactante, por ejemplo). El motivo es el mismo que en el caso anterior: este vaivén le recuerda a cuando vivía dentro de su madre y era mecido continuamente por sus movimientos. 

También sabemos que al bebé le encanta que sea su padre quien le cante nanas: su voz le resulta muy familiar (la conoce desde el embarazo, cuando la escuchaba a través de la pared uterina) y, en general, a los bebés les agradan más las voces graves (masculinas) que las agudas (casi siempre femeninas).

Es importante resaltar que la frecuencia cardiaca y el ritmo respiratorio de los pequeños disminuyen mientras están escuchando nanas, y esto les facilita la conciliación del sueño. Tenlo en cuenta y si a tu bebé le cuesta dormirse, prueba a cantarle alguna nana para que se adormezca. Ahora bien, recuerda que debes dejar de tarareársela antes de que se quede dormido del todo. Si no, le acostumbrarás a dormirse al son de tus melodías y cada vez que se despierte tendrás que volver a cantarle para que concilie el sueño de nuevo.

No te cortes si tienes mal oído y cantas mal. Lo que sí importa es que cuando se las cantes te sientas a gusto y tranquila. Los niños son especialmente sensibles al estado anímico de sus padres y tu hijo no es una excepción: si por tu voz o tus movimientos te nota nerviosa, no podrá relajarse. También resulta fundamental que se las cantes en voz bajita y con mucho cariño, por dos motivos:

  • Hasta los seis meses los niños tienen los tímpanos muy sensibles y si se las cantas en un tono de voz alto, es posible que se asuste y, desde luego, no se tranquilizará ni podrá conciliar el sueño.
  • El tono cariñoso es especialmente recomendable porque además de ayudarle a sentirse a gusto en su ambiente, le hace sentirse querido y protegido, algo que, a su vez, fortalece los lazos de unión contigo.
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    Otra manera de jugar

    También puedes cantarle nanas a modo de juego cuando esté despierto. En este caso, hazlo acercando tu cara a la suya (a unos 25 centímetros de distancia, para que pueda verte bien), poniendo voces distintas y gesticulando mucho. Así tu pequeño irá tomando conciencia de las expresiones faciales que acompañan a tus palabras (un paso importante para que pueda empezar a entender lo que le dices) y entrenará su capacidad de atención.

    Otra posibilidad es que le cantes acercándote y separándote de él. Este juego le animará a localizar la procedencia del sonido que está escuchando y le ayudará a perfeccionar su sentido del oído.

    Por último, si tu hijo está nervioso y tú estás cansada y no te apetece cantar, puedes ponerle música clásica (Mozart, Bach y Vivaldi son los autores favoritos de los más pequeños), o accionar su carrusel de cuna, o ponerle un Cd de nanas infantiles... Acercarle a un reloj de pared que haga tic-tac o al lavavajillas cuando esté funcionando son otras opciones recomendables. Cualquiera de estos sonidos le encantará.

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