¡Quiero comer!

El sueño y el hambre del recién nacido van de la mano: se despierta cuando quiere comer (aunque puede hacerlo por otros motivos). Los primeros meses hay que satisfacer sus necesidades inmediatamente: el niño tiene hambre, sea día o noche, ¡y no puede esperar!

A medida que el pequeño va creciendo, su necesidad de alimentarse con mucha frecuencia disminuye, lo que contribuye a que de noche duerma más.

Un periodo clave es la introducción de los cereales, entre los 4 y los 6 meses.

Al tomarlos las primeras veces en la toma nocturna el bebé aguanta más durmiendo de noche, lo que supone un gran hito en el ajuste de sus horarios.

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Un avance más: desde que el bebé se mantiene seguro sentado (a los 6 o 7 meses) puedes empezar a sentarlo en la trona para darle sus purés y sus papillas.

Y puedes acercar la trona a la mesa donde vosotros coméis, ya que comer todos juntos anima al niño a probar nuevos alimentos (cuando el pediatra te lo vaya indicando), aumenta su sociabilidad y le ayuda a amoldar su horario al vuestro. La toma o el bibe de la noche y el de primera hora aún puedes dárselos en su cuarto.

Los niños suelen regularse solos, así que a medida que el tuyo vaya creciendo, te irá “pidiendo” avances. Pronto no necesitará tomar la leche con urgencia al despertarse.

Y partir de los 15 meses se produce otro hecho relevante: el bebé ya puede comer casi de todo.

Podréis cenar juntos y ofrecerle lo mismo que toméis vosotros (croquetas, tortilla, pescado, jamón...), en pequeñas cantidades y poco a poco. A los 2 años sus hábitos alimentarios serán bastante parecidos a los vuestros.

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