Está controlado

Tu hijo nace sin horarios y poco a poco se va acostumbrando al ritmo de vida de los adultos. Facilítale esta adaptación.

En la recta final del embarazo empiezas a dormir poco y mal. Sí, la razón evidente es que el bebé ocupa mucho espacio y te incomoda.

Pero hay quien piensa que existe un segundo motivo: la naturaleza, tan sabia, te prepara para lo que van a ser los próximos tres meses, esto es, días y noches felices, pero con mucho sueño y poco descanso.

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El recién nacido llega al mundo sin horarios. Hasta este momento no ha sabido lo que es el hambre ni el sueño, ya que el alimento le llegaba a través de la placenta cuando lo necesitaba y dormía cuando le apetecía, sin más.

Y, paradójicamente, cuando tú estabas más activa (durante el día), tu hijo dormía más porque se sentía acunado por tu movimiento.

Y, al contrario, cuando tú te tumbabas para dormir, él encontraba espacio para moverse a sus anchas. Por eso no es raro, sino bastante probable, que al nacer tenga el horario cambiado.

Le costará un tiempo acostumbrarse a vuestro ritmo básico de vida. Al principio conviene que tengas una cosa clara: debes olvidarte del reloj y adaptarte a sus necesidades.

Más adelante ya habrá tiempo para intentar que el bebé vaya adquiriendo horarios más “racionales”.

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