La rutina le ayudará a dormir

Si vuestro pequeño ya ha cumplido los 6 meses y continúa comiendo y durmiendo “cuando quiere”, seguid las siguientes pautas. Habituarse a un ritmo de vida más organizado le hará bien a él... y a vosotros.

Hay niños a los que les cuesta más que al resto adaptarse al mundo exterior (porque son muy nerviosos, o porque han tenido cólicos del lactante...).

Si el vuestro ya ha cumplido su primer medio año y sigue llevando un horario caótico, no esperéis más. Debéis acostumbrarle a unas rutinas diarias, que os permitan llevar una vida más organizada.

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¿Es de día o de noche?

Vuestro hijo ya tiene el estómago preparado para ingerir más cantidad de alimento, lo que le permite estar más horas seguidas dormido, sin comer nada. Este avance indica que os encontráis en un buen momento para habituarle a un horario menos anárquico, acorde con sus necesidades pero también con las vuestras.

Para poder adaptar los horarios del pequeño a los vuestros es fundamental que le enseñéis a distinguir entre el día y la noche. Para ello, acostumbradle a dormir las siestas diurnas en el salón, en su cochecito, sin suprimir toda la luz y sin mitigar los ruidos ambientales. Y por la noche acostadle en su cuna, a oscuras y en silencio.

Si además adquirís la costumbre de darle las tomas diurnas en el salón, le estáis ayudando a asociar el cochecito y el salón con el día, y la cuna y la oscuridad con la noche. Cuando reclame la toma nocturna, dádsela casi a oscuras en el dormitorio, tardad lo menos posible y volved a acostarle en cuanto eructe. Para retirarle la toma de la madrugada, consultad con el pediatra la posibilidad de retrasarle la última toma del día y de hacerla más abundante que las demás. Así, al quedarse más saciado, es más probable que duerma toda la noche seguida.

Múltiples beneficios

Las rutinas que se suceden cada día benefician mucho a vuestro hijo:

  • Le ayudan a prever lo que va a venir y a esperarlo. Esto, a su vez, le facilita la organización de su mundo interior y le aporta seguridad y confianza en un ambiente al que, con esa ayuda tan valiosa, puede adaptarse.
  • Las secuencias repetidas le permiten participar del mundo de los mayores, lo que favorece su socialización.
  • El niño de esta edad ya se percibe como un ser separado de sus padres y, por esta razón, le produce cierta ansiedad perderlos de vista. Como todavía no tiene noción del tiempo, cuando su madre sale de la habitación duda acerca de su vuelta (es el “miedo a la separación”). Las rutinas, en este caso, actúan ayudándole a prever los hechos y, por tanto, le anticipan lo que ocurrirá más tarde: aprende que su mamá (o su papá) se va, pero luego vuelve. De esta forma adquiere seguridad y serenidad.
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    Las rutinas son una guía para vuestro bebé. Gracias a ellas encuentra puntos fijos, seguros, en un ambiente tan lleno de sorpresas. Por eso, en cuanto consigáis establecerlas en vuestra vida cotidiana, la convivencia con vuestro pequeño os resultará mucho más fácil. Así él estará más contento y vosotros, menos cansados.

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