¿Cómo abrigo al bebé?

Saber qué ropa ponerle en cada momento es la clave para que esté a gusto y evitar resfriados.

Durante el embarazo el bebé vive en un entorno muy feliz: no siente frío ni calor, no pasa hambre y se duerme con facilidad. Una situación idílica que se rompe cuando nace.

En ese momento el pequeño llega a un ambiente totalmente distinto al que estaba habituado y por primera vez en su vida siente frío: pasa de los 36,5 ºC del cuerpo de su madre a los 24 ºC del exterior.

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Además, desde que abandona el útero materno empieza a perder calor rápidamente. Por eso le colocan unos instantes sobre el pecho de su madre, porque el contacto piel a piel con ella le ayuda a regular su temperatura. Esta vulnerabilidad al frío se debe a varias causas: a que su sistema de termorregulación aún está muy inmaduro, a que su piel es finísima y apenas le protege y a su escasez de reservas de grasa.

Como contrapartida, y para poder sobrevivir, el pequeño cuenta con unas defensas naturales que le ayudan a mantener su organismo caliente: la vérnix caseosa, que es una capa de grasa blanquecina que le recubre el cuerpo y que no hay que intentar quitar, porque se reabsorbe sola a los dos o tres días de nacer; su postura flexionada, que hace que su cuerpo esté menos expuesto al frío, y la vasoconstricción periférica, un mecanismo de defensa contra las bajas temperaturas que contribuye a conservar calientes sus órganos vitales, aunque las manos y los pies se le queden fríos.

Señales que te avisan

Pero el problema de la inmadurez del sistema de termorregulación no se limita solo a que el pequeño sea hipersensible al frío, sino también al calor. Por eso pasa de sudar a tiritar (y viceversa) en cuestión de segundos y es más propenso que los adultos a los constipados y a la deshidratación (como consecuencia de sudar demasiado).

Por todo lo expuesto, en estos primeros meses tendrás que prestar mucha atención a la ropa que le pones y a la temperatura ambiente que le proporcionas, para que tu pequeño no pase frío ni se acalore.

Mantenerle calentito sin que llegue a sudar es esencial para que se sienta a gusto y feliz, pero desde que nació estás comprobando que no resulta fácil lograrlo.

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Para saber si debes abrigarle más o menos, debes estar atenta a sus señales corporales y actuar en consecuencia:

  • Necesita que le abrigues más si... Tiene fría y colorada la punta de la nariz, se muestra nervioso e incómodo y llora y le tiembla la barbilla. Si las uñas y los labios se le amoratan, no lo dudes: está pasando mucho frío.
  • Necesita que le destapes si... Compruebas que le sudan la nuca y las axilas, que le han salido coloretes en las mejillas o que está muy rojo.
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