Biberones: Claves para elegirlo

De vidrio o de plástico, recto o ergonómico, liso o decorado, grande o pequeño... el biberón es uno de los artículos a los que más partido sacará tu hijo. Elígelo con garantías y de una marca reconocida.

Tanto las madres que dan el pecho a su bebé como aquellas que optan por la lactancia artificial, en algún momento deben enfrentarse a la elección de un biberón. Para agua, para zumo, para papillas o para medicinas, el biberón es un accesorio enormemente útil durante el primer año del bebé.

El modelo básico está formado por un recipiente de vidrio o de diferentes materiales plásticos termorresistentes. El recipiente puede ser de distintas formas, para ayudar a la madre en la sujeción y agarre, o al niño cuando pueda hacerlo solo, y de diferentes tamaños para adaptarse a las necesidades alimenticias de recién nacidos o de mayorcitos más glotones.

Todos llevan una escala graduada impresa para facilitar la preparación de las tomas en la proporción adecuada.

Otra parte esencial es la tetina, que puede ser de silicona transparente o de látex natural, y tener diferentes formas (anatómica, fisiológica, de cereza, etc) según el gusto de cada niño.

El biberón se completa con un aro o rosca que mantiene fija la tetina en su posición y una tapa antigoteo que evita las pérdidas de líquido.

Todas y cada una de estas partes deben higienizarse con esmero (utiliza jabón y cepillo) después de cada toma y luego, esterilizarse durante al menos los cuatro primeros meses del bebé (o más tiempo si así lo recomienda el pediatra).

Asegúrate de que el biberón que compres a tu hijo es compatible con el sistema de esterilización que usas en casa. No todos admiten ebullición prolongada.

Por otro lado, muchos biberones incluyen diferentes dispositivos anticólicos como válvulas, cánulas, etc. que anulan el efecto vacío que se produce por la succión del niño en el interior del biberón y evitan la formación de burbujas de aire.

Esto favorece que la leche fluya de forma constante y con facilidad, contribuyendo a mejorar el momento de la toma y la digestión del niño, ya que minimizan el riesgo de cólicos en el lactante.

Y en el interior...

Si preparas leche de fórmula y empleas agua mineral, recuerda que ésta debe ser natural, de baja mineralización, pobre en sodio (menos de 25 mg/l), en calcio (de 25 a 100 mg/l) y en flúor (menos de 0,3 mg/l) y apta para bebés.

Estas aguas no se deben hervir, no lo precisan y además resultaría contraproducente para la salud del niño.

Si utilizas agua del grifo, ésta debe ser hervida, pero recuerda que el proceso de ebullición no debe superar el minuto. Si la hierves durante más tiempo se produce una concentración muy alta de las sales minerales que contiene que podría perjudicar el sistema digestivo del niño.

En cuanto a la leche en polvo, has de ser muy rigurosa en la preparación y seguir exactamente las indicaciones del fabricante en cuanto a la proporción. No cometas el error de añadir más cantidad por tu cuenta: podrías perjudicar la digestión del niño y causarle un grave problema de estreñimiento.

Como norma general se emplea un cacito raso de leche por cada 30 ml de agua. Conviene que prepares la toma justo antes de dársela al niño y luego tires el sobrante. No caigas en la tentación de guardar nada para la siguiente. La leche es un buen caldo de cultivo para las bacterias y no vale la pena arriesgarse a causar al niño una gastroenteritis.

Por último, si utilizas un biberón para dar al niño sustancias como la manzanilla, ciertas medicinas o zumo de naranja o de manzana, ten en cuenta que pueden colorear el interior del recipiente. No las dejes durante mucho tiempo dentro sin limpiarlo o quedará teñido.

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