Así debe ser la trona ideal

Si tu casa es amplia puedes adquirir la trona que más te convenza, aunque sea muy grande.

Los modelos son innumerables: si te decantas por una evolutiva, cuando tu hijo crezca podrás quitar la bandeja y regular el respaldo y el reposapiés para que tu pequeño la use como silla.

Si prefieres una trona transformable, cuando tu hijo ya no la utilice podrás convertirla en una silla y una mesita para su cuarto. También son muy prácticas las tronas multiuso, que funcionan como hamaca y trona a la vez.

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Si tu casa es pequeña, es mejor que optes por una trona plegable, de las que ocupan lo mínimo cuando no se utilizan. O por una sin patas, de las que se sujetan a la mesa y se adaptan a ella sin necesidad de montaje. Bastan unos puntos de anclaje fuertes y una lona resistente para proporcionar al niño un asiento seguro y cómodo que le permite comer con todos.

Un accesorio que favorece su evolución

No es imprescindible, pero sí muy recomendable que los niños pequeños dispongan de una trona. Y es que con este accesorio comparten antes la mesa con su familia, se sienten más integrados en ella y aprenden a comer como los mayores.

Y no solo eso, además pueden entretenerse jugando con sus coches y construcciones o haciendo garabatos en un papel, estando controlados y sin correr ningún riesgo, mientras sus padres atienden una visita, hablan por teléfono o terminan alguna tarea que tienen entre manos.

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