Cómo hacer que tu bebé coma de todo a través de los sentidos

Un buen ‘foodie’ nace… ¡y se hace! Desde su primer contacto con la masticación, puedes ofrecer a tu hijo alimentos que se salgan de su ‘zona de confort’ y que le ayuden a apreciar nuevos sabores y texturas. ¿Ya tiene 12 meses? ¡Comienza la Operación Gourmet!

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D.R.
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Comer con los ojos

¿Hay algo más llamativo que el color rojo intenso de las fresas o el morado de los arándanos? Ofréceselos en trocitos o haz un puré poco pasado que, incluso, podrás usar para untar en el pan a modo de confitura. Melocotón, sandía, aguacate... Si a sus brillantes tonos les sumas su frescura y sus texturas blanditas, estamos ante otra opción nutritiva y supersencilla para ofrecer a los peques.

Fuera del mundo vegetal, determinados tipos de pasta (mejor integral) como los tornillos, lazos, variedades de colores... también despertarán su curiosidad. Pronto se convertirá en una de sus comidas favoritas, debido a su sabor suave y a que les resulta muy fácil de manejar. Eso sí, asegúrate de que está más bien pasada y de cortársela en trozos pequeñitos.

Desarrollando el gusto

A priori, que el niño acepte comer un trozo de pan o un pedazo de plátano no tiene mucho mérito. Pero, ¿y si te atreves a ir más allá de los valores seguros? Por ejemplo, ofreciéndole espinacas –con su característico sabor terroso–; el tan de moda kale –cuya textura dura y un poco amarga podrás contrarrestar si la riegas con aceite de oliva virgen extra y limón y la dejas reposar una noche en la nevera– o el cardo, cuyo contenido en calcio es responsable de su toque amargo.

En el mundo de los cereales también hay posibilidad de innovar, sobre todo a través de las variedades integrales, que tienen más contenido en fibra, vitaminas del grupo B, un sabor más intenso y además, regulan el tránsito intestinal: hablamos de la quinoa, el trigo duro o candeal, el arroz integral, el mijo, el kamut...

¡Qué bien huele!

Añade en su dieta pequeñas cantidades de cebolla, cebollino y ajo. Al cocinarlos, estos ingredientes actúan como auténticos potenciadores del olor y el sabor, capaces de poner un plus hasta a sus purés más anodinos.

No solo eso: los 12 meses marcan la transición a una alimentación que, cada vez más, se integrará con la del resto de la familia. En ese sentido, recurrir a aderezos, hierbas y especias, no solo le aportará un extra de antioxidantes, sino que contribuirá a expandir su paladar y prepararle para el paso a la comida adulta.

¡No te pases! Y, por supuesto, evita las muy picantes, que pueden resultar excesivas para su gusto, aún sensible. Si no sabes por dónde empezar, opta por los binomios clásicos: manzana con canela, coliflor con nuez moscada, carne picada con orégano, vegetales con tomillo, aguacate con cilantro, pescado con limón y perejil, pollo con curry suavecito...

Con las manos en la masa

La perspectiva de un niño en una trona con churretes de comida por todas partes, no es apetecible, pero sí necesaria. ¡Déjale que toque y se manche!

Le fascinará la textura babosa de una tortilla a la francesa en trocitos, o un cuenco de ‘bolitas’ (lentejas, guisantes... Congelados, le servirán, además, para aliviar sus encías). También puedes preparar un slime muy sui generis con puré de patata casero o arroz muy pasado.

¡Oído cocina!

A los niños de entre 1 y 6 años (capaces de masticar y tragar con seguridad), les gustan más las verduras crudas frente a las hervidas, entre otras cosas porque les atraen los colores vivos.

Eso por no mencionar el irresistible crack que hacen al morderlos. Deja que su oído se deleite ofreciéndole bastoncitos de zanahoria o pepino. ¡Fresquitos y deliciosos!

ADEMÁS

--> Es bueno que coma con los dedos

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