Primeros sólidos, ¿cuánto debe comer?

Tendrás que darle los nuevos alimentos poco a poco y en las cantidades adecuadas. ¿Y cuáles son estas?

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D.R.
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A partir de los 6 meses

La leche materna es el mejor alimento para el bebé. Tanto la Organización Mundial de la salud (OMS), como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Academia Americana de Pediatría y la Asociación Española de Pediatría recomiendan la lactancia materna en exclusiva durante los primero 6 meses de vida del niño.
A partir de ese momento, y manteniendo la lactancia materna hasta los 2 años o más (o bien hasta que la madre y el niño decidan), es necesario añadir gradualmente nuevos alimentos para facilitar unos niveles de desarrollo y de salud adecuados. Indica el Dr. Josep Ortega Rodríguez, pediatra de la Clínica Perpetuo Socorro, de Lérida.

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Cómo y cuándo empezar

Lo ideal es que la diversificación alimentaria se inicie a partir de los 6 meses (nunca antes de los 4 meses). Debe hacerse de forma progresiva, sin prisa, ofreciéndole siempre pequeñas cantidades, respetando un tiempo (tres días) para cada nuevo alimento y observando bien cómo lo tolera el niño.

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Cereales, verdura, fruta, ¿cuál primero?

El calendario de incorporación es siempre orientativo. Los padres y el pediatra ajustarán el momento y la cantidad de cada alimento según las circunstancias del bebé, añade el Dr. Ortega.
Cereales, fruta y verdura o viceversa da un poco igual. En cuanto al gluten, según la evidencia científica actual, no hay una fecha mejor para incorporar los alimentos con gluten; se puede dar, como los demás, a partir del 6º mes.
Para la leche de vaca, sí es adecuado esperar a los 12 meses. Hasta entonces ha de tomar 500 ml de leche adaptada (los de pecho, a demanda).
Mientras el bebé solo tome leche (materna o adaptada) no necesita agua. Cuando empiece con los sólidos, hay que ofrecérsela y ha de ser su bebida principal (zumos y otras bebidas solo de forma esporádica), aclara el pediatra.

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¿Con cuchara o le dejo con los dedos?

Existen dos teorías para introducir la alimentación diversificada. Por un lado, la forma tradicional: alimentos triturados ofrecidos con cuchara, y por otro, la alimentación complementaria guiada por el propio bebé o Baby Led Weaning (BLW) sin cuchara.
En este caso, es el niño quien manipula los alimentos con la mano (cortados en trocitos) y se los lleva a la boca.
Por supuesto, el BLW solo se puede utilizar si el bebé ha adquirido ciertas competencias motoras y cognitivas. Según este método se le puede ofrecer la misma comida que al resto de la familia, siempre que esta sea saludable y evitando hasta los 3 años los sólidos que por su consistencia y/o forma puedan suponer un riesgo de atragantamiento.

Todo en pequeños trocitos, con poca sal, sin azúcar, miel ni edulcorantes, para que los coja con la mano y experimente nuevas texturas, gustos y olores. Así se favorece la autonomía, la masticación, el desarrollo de los músculos y la dentición.
Al principio comerá poco, pero mejorará con el tiempo. La alimentación ha de ser a demanda de las necesidades del niño.

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Método mixto

“En mi opinión, indica el Dr Ortega, hay que informar a los padres de los pros y contras de ambos sistemas. Yo soy partidario de un método mixto: combinar una alimentación de purés (chafados, mejor que triturados) y ofrecerle, según el ritmo de dentición y el interés del niño, alimentos en trocitos, para que inicie la exploración manual y orofacial.
Si colabora y se consigue una ingesta adecuada, se puede mantener el BLW. Si los trocitos suponen un problema, mejor seguir con el método clásico”.

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¿Cuál es la cantidad correcta?

Cada niño tiene unas necesidades que cambian con el tiempo. Los padres, siguiendo las indicaciones de su pediatra han de ofrecer una alimentación variada, suficiente y equilibrada. En general, el niño es capaz de regular su ingesta en función de sus necesidades (salvo si está enfermo, que se seguirán las pautas médicas).
De verduras, legumbres, pasta, arroz, frutas, etc., las cantidades irán según el hambre que manifieste el niño.

De los segundos platos, conviene poner límites. Se recomienda de 6 a 12 meses: 20-30 g de cerdo o ternera (un tercio de filete aproximadamente); 20-30 g de pechuga de pollo (un sexto de la pechuga); 30-40 g de merluza (un cuarto de filete o media rodaja); un huevo pequeño.
No se debe incluir carne, pescado o huevo en más de una comida al día (si se quiere ofrecer en comida y cena hay que fraccionar las cantidades).
De 1 a 3 años: 40-50 g de carne (medio filete o media pechuga) o 60-70 g de pescado (medio filete de merluza o una rodaja) o un huevo al día.

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¿Qué le puedo dar?

Sus comidas pueden incluir farinaceos: papillas de cereales, arroz, pasta pequeña, sémola de maíz; verduras y hortalizas: zanahoria, patata, judia verde, calabacín, calabaza, puerro, tomate, cebolla, etc.
Pero ni espinacas ni acelgas, antes del año, por su contenido en nitratos.
Legumbres, siempre bien cocidas (por su composición nutricional son plato úncio).
Frutas: plátano, pera, manzana, mandarina, sandía, melón... Melocotón, mejor a partir del año.
Carne, pescado y huevo: las cantidades antes indicadas.
A partir de los 9-10 meses: yogur natural, queso fresco y fruta fresca como postre (si no la toma, seguir con papilla de fruta en merienda y a media mañana).
Recuerda, sin forzar nunca al niño. Él manda.

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Te interesa saber...

Los menores de 3 años no deben tomar pez espada, emperador, cazón, tintorera o atún, por su contenido en mercurio.
También deben evitar el consumo habitual de gambas, langostinos, cigalas por la presencia de cadmio.
La carne, mejor blanca: pollo, pavo, conejo...
Si merienda un alimento protéico, como jamón, reduce la cantidad de carne, pescado o huevo de ese día.
Prepara sus verduras y hortalizas cocidas al vapor o hervidas con poca agua y bien tapadas. Al año puedes optar por plancha, asado, horno, frito, etc.
No pongas sal a sus platos y reduce los embutidos, cubitos de caldo y sopa en polvo.
A partir de los 8 meses añade aceite una pizca de oliva virgen extra a todas sus comidas.

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Comer en familia

Los padres deciden qué, cómo y cuándo se come, pero es el niño quien decide si quiere o no comer y la cantidad.
Si el niño participa de una comida familiar sana y equilibrada y se respetan las cantidades que él puede tomar, poco a poco mostrará interés por probar otros alimentos diferentes, copiará buenas costumbres, se creará una buena relación con la comida y mejorará el vínculo familiar.

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