Bebé de 1 año: ¿puede comer como los mayores?

Casi, casi, pero no del todo. Todavía hay algunas diferencias que debes tener en cuenta al alimentarle.

 

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Sus necesidades son distintas

Tu hijo ya tiene un año, su dieta incluye la mayoría de los alimentos más habituales y le encanta tomarlos en su trona, sentado a vuestra mesa (es bueno que lo haga, porque realizar al menos una comida en familia al día le enseña que es parte del grupo, lo que refuerza su autoestima, y le ayuda a fijarse en vosotros y aprender buenos hábitos).

Pero ¿significa eso que ya puede comer igual que el resto de la familia? No del todo.

Aunque a esta edad su sistema digestivo está bastante maduro, todavía es pronto para que coma exactamente igual que un adulto. Aún hay alimentos que no debe probar y varios detalles respecto a los horarios y la forma de repartir las comidas a lo largo del día que debes tener muy presentes. Toma nota.

Alimentos prohibidos por ahora

En cuanto a los alimentos, continúa excluyendo de su dieta los de sabor muy fuerte, los difíciles de digerir y todos aquellos con los que pueda atragantarse.

Concretando, hasta que cumpla los 18 meses, evita darle carne de caza, pescado azul, patés, frutos secos (estos, hasta los 2 años, y entonces muy picaditos), patatas chips y cortezas, legumbres enteras (conviene que las aplates con un tenedor para que no se atragante), frutas con hueso, frutas tropicales, fresas, melocotón, quesos curados, fritos muy aceitosos, moluscos y ahumados.

Por otro lado, no descuides su ingesta de leche, ya que sigue siendo un alimento básico para su buen desarrollo. Debe tomar medio litro diario, además de los lácteos habituales de su dieta.

Más comidas, menos copiosas

Respecto al número de veces que debes darle de comer a diario, ten presente que no es bueno habituarle a hacer sólo tres comidas copiosas, como es (mala) costumbre entre los adultos. Dada la reducida capacidad de su estómago, es mucho más saludable que haga cinco comidas livianas al día (desayuno, tentempié a media mañana, comida, merienda y cena).

Esto resulta muy beneficioso para él por múltiples razones:

- De este modo digiere y asimila mucho mejor todo lo que come.
- La energía y los nutrientes se reparten uniformemente a lo largo del día, garantizando los niveles constantes de glucosa en sangre y previniendo el consumo de las reservas del organismo.
- Evitas que se agobie al ver el plato rebosando hasta arriba.
- Será menos complicado variarle el menú y acostumbrarle a probarlo todo.

Y en cuanto a los horarios...

Es otra cuestión fundamental. Salvo en las fechas señaladas, habitúa a tu hijo a comer siempre a las mismas horas (una variación de 15-30 minutos arriba o abajo carece de importancia), porque esto le ayudará física y psíquicamente.

A nivel físico, su estómago se acostumbrará a trabajar a unas horas fijas y concretas del día y cuando éstas se vayan aproximando, sus paredes empezarán a segregar más jugos gástricos, gracias a los cuales tu pequeño tendrá más apetito y digerirá mejor los alimentos que tome.

Y a nivel psíquico, seguir un ritmo de comidas le hará entender que alimentarse es una necesidad importantísima, a la que hay que dedicar un tiempo y una atención, lo que reducirá el riesgo de que se convierta en un niño inapetente o con problemas de sobrepeso.

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