El secreto para que tu bebé coma bien

A veces cuesta lograr que el bebé acepte los nuevos alimentos o coma con gusto. Estas claves te ayudarán a lograrlo.

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D.R.
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No te agobies de forma innecesaria

Hay niños que comen siempre bien y otros que... ¿Tu hijo está entre los primeros o entre los segundos? En cualquier caso, has de saber que en el cerebro del bebé existe un centro de regulación del apetito que hace que coma lo que necesita.

Por eso, antes de nada, un consejo: mira su curva de crecimiento. Muchas veces los padres nos equivocamos respecto a las cantidades que creemos que debe tomar nuestro hijo. Cada niño es diferente, igual que ocurre con los adultos. En lugar de fiarte de tus sensaciones guíate por su curva de crecimiento, que es un dato mucho más fiable. El percentil al nacer marca su desarrollo y es la base desde la que debes valorar su evolución. Si el niño aumenta de peso, crece a un ritmo correcto y no baja de percentil, todo va bien (si tienes dudas, habla con su pediatra).

Si no es así y efectivamente tu hijo come menos de lo que debería o lo hace sin gusto y las comidas se convierten en batallas, sigue las siguientes pautas.

No le obligues a comer

La comida es un momento de encuentro entre tu hijo y tú, y es importante que sea agradable. De ti depende darle los mejores alimentos, pero no puedes influir en la cantidad que toma; esto le concierne a él y debes respetarle. Es más, si le obligas a comer más de lo que quiere es probable que coma más de lo que necesita. Y esto puede crear un mal hábito que conduzca a la obesidad, porque se altera su sensación de lo que es “suficiente”’.

Por otro lado, al obligarle a comer puedes provocar una aversión al momento de la comida y hacer que ésta se convierta en una lucha y que su apetito disminuya (está demostrado que el estrés es un factor que lo anula).

Crea un buen ambiente

Es aconsejable que el bebé haga al menos una comida al día en familia, ya que veros comer le anima a hacerlo (aprende por imitación). Prescinde de poner la tele y crea un ambiente agradable a la hora de la comida (nada de riñas ni dramas relacionados con lo que come o deja de comer).

Así el niño la asociará con algo placentero, lo que le influirá el resto de su vida. Puede que coma poco, pero piensa que los mimos y sonrisas también le hacen crecer y son fuente de alimento “emocional” mucho más importantes de lo que se piensa.

No te sientas culpable si no come

En el apetito del niño influyen poderosamente los genes (si tu hijo es de los que comen poco es probable que a ti o a tu pareja también os pasara de pequeños). Así que su buen o su escaso apetito no dice nada sobre tus cualidades como madre.

Sedúcele con la comida

La introducción de las papillas suele ser un momento crítico, pero si inicias con alguna que se parezca al sabor dulce de la leche y con una consistencia suave (una de plátano bien chafado o de zanahoria cocida), es más probable que le guste. Empieza con una de un solo sabor, se acostumbrará antes.

Prueba también distintos trucos a la hora de introducir el puré de verduras, la carne... Si se niega en rotundo a probar un alimento, quizá es que aún no está preparado. Cada bebé sigue su propio ritmo con los sólidos, en ello influye su constitución, peso y madurez. Si es así, espera unas semanas.

Y por otra parte, no olvides que en el rechazo a una nueva comida puede influir también en gran medida la desconfianza hacia lo desconocido; en este caso, el truco está en ofrecerle muy poquito cada día, hasta que lo conozca y se anime a tomarlo.

Dale más autonomía al comer

Hacia los 12 meses, el bebé puede alejarse de ti y coge y tira juguetes desde su trona para que se los devuelvas (es el inicio del juego social). Estas actividades le ofrecen una incipiente sensación del “yo”, entiende que no es una parte de mamá, sino una persona diferente. Y también quiere autonomía en la comida: por eso, se empeña en llevarse él la cuchara a la boca. Aprovéchalo, déjale una cuchara y ve alternando cucharadas: “una tú, una yo”.

Además, ofrécele alimentos que pueda coger con la mano (una galleta, láminas de fruta, un pedacito de queso blando...) y permítele comer con los dedos; para él es natural llevarse todo a la boca, y hacerlo con la comida le ayuda a entender la textura.

Ten paciencia con sus gustos

Los gustos de los niños suelen ir por temporadas. Quizá el tuyo ahora sólo quiera macarrones (pasta, patatas fritas y arroz suelen ser los favoritos), pero la monotonía satura y él mismo optará por otros platos, sobre todo si los ve en casa, la guarde, el parque...

Sustituye los alimentos que rechace

Puede que te preocupe que tu hijo rechace alguna comida, (lentejas, pescado...). Ten en cuenta que no hay alimentos imprescindibles, sino grupos de alimentos imprescindibles. Esto quiere decir que si el niño no toma lentejas, pero sí arroz (ambos son del mismo grupo) no hay que preocuparse.

Cada alimento aporta unos nutrientes y ningún alimento por sí solo aporta todos, por eso hay que combinarlos. Para preparar una buena comida hay que elegir alimentos de cada grupo, pero no es necesario que tome todos los que aparecen en ellos.

Conoce los grupos de alimentos

Te conviene saber cuáles son para asegurar una correcta nutrición de tu hijo.

- Grupo 1. Leche y productos lácteos, carnes, pescado y huevo. De origen animal, aportan proteínas, grasas, vitaminas y minerales.
- Grupo 2. Verduras y frutas. Aportan vitamina A, C y otras, fibra y minerales.
- Grupo 3. Cereales, pan, arroz, patatas, pasta, legumbres y frutos secos. Aportan hidratos de carbono, proteínas, fibra, vitamina B y minerales. Los integrales tienen más fibra.
- Grupo 4. Aceites y grasas (margarina, aceite vegetal...). Proporcionan grasas y vitaminas A y D.

Acepta que ahora crece más lento

Durante el primer año de vida el crecimiento del bebé es vertiginoso: aumenta unos 7 kilos y crece unos 25 cm. Este crecimiento es muy rápido al principio y en la segunda mitad del año se ralentiza. Ser consciente de ello te tranquilizará, igual que saber que este proceso de ralentización continúa en el segundo año y en los siguientes hasta la pubertad.

Esto implica que el niño necesita menos alimento y que la disminución de su apetito, en un momento dado, tiene una causa fisiológica. Otro dato a tener en cuenta es que hasta que cumpla 8 meses, el tejido subcutáneo que da al bebé su aspecto regordete va aumentando, pero a partir de esta edad disminuye, y el bebé se va estilizando.

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