Lactancia materna: dudas resueltas para seguir con ella

Tu bebé llora al mamar, rechaza un pecho, se queda con hambre... Son situaciones normales. ¿Cómo actuar ante ellas?

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Cuando surgen desajustes
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Alimentas con pecho a tu hijo porque sabes que es estupendo para él y que la OMS recomienda la lactancia materna en exclusiva hasta los 6 meses (y después el tiempo que se desee, complementada con otros alimentos). Pero, después de un inicio prometedor (o quizá difícil), habéis establecido una pauta de lactancia satisfactoria. El bebé se agarra bien al pecho, se queda satisfecho y coge peso. Y para los dos el momento de la toma es especial.

Entonces, de repente, algo cambia: hay tomas en las que el pequeño se muestra inquieto, suelta y agarra el pezón, se estira bruscamente o llora mientras come. O te pones enferma y te planteas dejar el pecho durante unos días... En muchas ocasiones, obstáculos como estos causan el abandono definitivo de la lactancia materna.

Apoyo para seguir con la lactancia

María José Lozano, médico coordinadora del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, opina que “aún existen lagunas en la promoción de la lactancia materna, incluso entre los pediatras, que muchas veces no sabemos dar soluciones adecuadas a las dificultades normales que aparecen en este camino. La madre necesita apoyo e información para continuar dando el pecho hasta los 6 meses, como recomienda la OMS, pero es muy frecuente que alrededor de los 3 meses se comiencen a recomendar suplementos de biberón y también que se produzca entonces el abandono de la lactancia”.

Los datos así lo demuestran. En España, alrededor del 80% de las madres empiezan a amamantar a sus hijos cuando dan a luz, pero esta cifra decae al 68% a las 6 semanas, al 52% a los 3 meses y al 36% cuando el bebé cumple 6 meses. Las razones que explican esa tasa de abandono son diversas y en la mayoría de los casos están originadas por problemas que tienen fácil solución.

“Si una madre quiere seguir dando el pecho y no puede por falta de ayuda o asesoramiento, hay un problema que debemos solucionar”, explica la doctora Lozano.

Suelen ser situaciones normales
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En el transcurso de la lactancia materna suelen producirse desajustes en tres momentos determinados: cuando el bebé tiene 3 semanas de vida, al cumplir 1 mes y medio y, frecuentemente, a los 3 meses. Pero en realidad, no son desajustes sino situaciones normales que no deben causar ninguna inquietud. Conocerlas sirve de gran ayuda.

- El bebé tarda menos en comer. Si antes tardaba 15 minutos o más en vaciar cada pecho, ahora lo hace en 4 o 5 minutos. No es que mame menos, es que se ha convertido en un experto en el arte de la succión y tiene más fuerza, por lo que vacía el pecho de forma más rápida y eficaz.
- No se nota la subida de la leche. Los pechos de la madre, que al principio de la lactancia se hinchaban y deshinchaban en cada toma, permanecen igual antes y después de dar el pecho, ya no gotean y la madre apenas nota la subida de la leche. Es lógico: en general, cada madre produce la cantidad exacta de leche que necesita su bebé; al cabo de unas semanas ya no nota los pechos tan llenos ni gotean porque la producción de leche se ha adaptado a las necesidades del niño.
- Parece que aún tiene hambre. Después de mamar, el bebé se chupa el dedo, o el puñito entero, con voracidad. Tranquila, no siempre es señal de que tenga hambre: a los niños les proporciona placer y tranquilidad chupar y succionar.
- Vuelve a despertarse de noche. El bebé ya dormía de un tirón... y ahora a veces se despierta en medio de la noche. No creas que es por hambre (prueba a darle agua). En torno a los 4 meses es habitual que ocurra esto. “Forma parte de un proceso normal de maduración y algunos niños que dormían seis horas seguidas, a esta edad pueden llegar a despertarse cada hora y media. Poco a poco recuperará su patrón de sueño”, dice la experta.
- Coge menos peso. Es normal que con 3 meses gane menos peso a la semana que al principio. Y es que los bebés engordan cada vez menos.
- ¡Se tira dos días sin hacer caca! Un lactante puede estar perfectamente dos o tres días sin manchar el pañal (aunque sí debe mojarlo al menos cuatro veces al día), siempre que cuando lo haga, las heces tengan una consistencia normal, pastosa y semilíquida. Y también es normal que si ha estado dos o tres días sin evacuar, cuando por fin lo haga se manche hasta el cogote.

Aunque todas estas situaciones son normales, “la madre las interpreta como señales de que su hijo se queda con hambre, de que ella tiene cada vez menos leche, o de peor calidad... Pero no es así”, explica la doctora Lozano.

Qué hacer en estos casos

“Pecho a demanda. Si el niño quiere más, lo que es probable porque está creciendo, hay que ponerle más veces al pecho. A los dos o tres días la producción de leche se habrá ajustado a la demanda del bebé. Hay que vigilar que el niño saque la leche hasta vaciar un pecho completo, y no cambiar de mama hasta entonces”, aconseja María José Lozano.

Reacciones típicas del bebé
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También es posible que, una vez que la lactancia ya está instaurada, en ocasiones el niño rechaze el pecho o dé sensación de no comer bien. También en estos casos hablamos de reacciones que son normales. Saber a qué se deben y cómo actuar tranquiliza mucho a la madre.

- El niño aparta la cabeza y no quiere coger el pezón. Puede deberse a una mala postura, en cuyo caso la madre debe corregirla para que ella y su hijo se encuentren cómodos. La madre también debe tener en cuenta que cuando a un bebé se le coge de la coronilla, mueve la cabeza hacia atrás como un reflejo automático. Para acercarle al pecho hay que empujarle suavemente por la espalda, no por la cabeza. Además, si algo roza a un bebé en las mejillas o en el mentón, éste se dirige de forma refleja hacia lo que le ha tocado. Esto es útil para que coja el pezón, pero si ya lo tiene en la boquita y le roza otra cosa, soltará el pezón para agarrar lo que nota.
- Prefiere un pecho a otro. Es posible, y no hay problema en seguir dándole de un solo pecho si rechaza de plano el otro.
- Se distrae en las tomas. Hay que resignarse a que las distracciones sean cada vez más frecuentes: a partir de los 3 meses las conexiones cerebrales del bebé se multiplican a toda velocidad y su vista y oído mejoran de manera espectacular. Ya ve más allá de la cara de su madre y suelta el pezón si papá entra en la habitación, si escucha la tele o si pasa una mosca. Eso sí, por la noche sigue mamando como antes.
- Llora durante las tomas. Puede deberse a cambios en el sabor de la leche o en el jabón que utiliza la madre, o a que tenga la nariz taponada y le cueste succionar. Sacarle los mocos o suprimir el alimento o el jabón que causan el disgusto del niño terminará con las molestias. También sucede que algunos bebés son más impacientes y les molesta esperar el tiempo que tarda en desencadenarse el reflejo de eyección desde que empiezan a succionar: estaban habituados a encontrar la cantidad de leche que querían nada más ponerse al pecho, y ahora tardan más en obtenerla. Si le pasa al tuyo, tranquila, se acabará acostumbrando a esperar.
- No quiere comer. Es posible que haya días en los que el pequeño mame menos. “No hay que forzar al niño a hacer una toma determinada si tiene un berrinche, ya que se puede provocar un rechazo real donde no existía más que una crisis pasajera. La solución puede ser darle el pecho en un ambiente tranquilo y con pocos estímulos externos, y no esperar a que el niño llore para ponerlo el pecho, pues es posible que su ansiedad no le permita mamar tranquilo”, explica la experta.

¿Y si no tengo suficiente leche?

La mayoría de las madres tienen leche suficiente para alimentar a su bebé, en exclusiva hasta los 5 o 6 meses y de forma complementaria desde esa edad. Es más, tienen la leche justa y la que más beneficia al niño.

Para María José Lozano, “lo importante para que la lactancia materna tenga éxito es que la madre confíe en sus posibilidades de alimentar a su hijo y que sea una experiencia agradable y positiva”. De esta forma los problemas se solucionan sólo con un poco de paciencia y amor.

Una duda: ¿le doy el pecho si estoy mala?
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Puedes seguir dando el pecho aunque tengas gripe, resfriado o gastroenteritis, y además tomarte los medicamentos necesarios compatibles con la lactancia. Aunque siempre se debe preguntar al pediatra antes de seguir un tratamiento cuando se está lactando (nunca uses un fármaco sin consultarlo), la posibilidad de que el medicamento que consumes perjudique a tu pequeño es remota.

Fármacos y lactancia

En este sentido, ten en cuenta las siguientes consideraciones: si el fármaco se le puede dar al niño sin temor, también lo puede tomar la madre; si sus posibles efectos secundarios son leves, no te agobies por si pasa o no a la leche (tu médico ya lo habrá valorado antes de prescribírtelo); los tratamientos continuados no tienen por qué dañar al bebé (el médico ajustará las pautas).

Por otra parte, normalmente es indiferente la hora a la que se consuma el fármaco en relación a las tomas, aunque en casos especiales el médico recomendará que la madre lo haga tras la última toma nocturna, para que el pico máximo de concentración en sangre coincida con el periodo más largo en que el bebé no mama.

Otra situación posible es que la madre se encuentre muy mal o esté hospitalizad. En estos casos, hablar con el médico le ayudará a decidir qué hacer si quiere seguir con la lactancia.

¿Y si el bebé está malito?
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Si el pequeño tiene una enfermedad común (si está resfriado o tiene diarrea, por ejemplo), le vendrá bien mamar. La leche materna le aporta defensas extra, le ofrece los nutrientes que necesita e impide que se deshidrate.

Y también puede tomar leche materna si está hospitalizado, incluso hasta cuatro horas antes de la anestesia (algunos expertos creen que hasta dos horas antes). Si el niño está demasiado débil para succionar del pecho, la madre se puede sacar la leche y dársela en un biberón o, para que no se habitúe a la distinta forma de succión de la tetina, con una cucharita.

Si tiene una enfermedad más grave...

En estos casos, habrá que atender a lo que recomiende su pediatra. En cualquier caso, no hay que olvidar que la leche materna le aporta alimento y una buena dosis de amor maternal.

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