Tu bebé puede (y debe) comer con los dedos

Hay una etapa, entre los 9 y los 14 meses, en la que al bebé le encanta coger la comida con la mano. Aprovecha su entusiasmo ante este reto para introducir nuevos alimentos en su dieta.

 

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Una etapa fascinante

Tras meses alimentando a tu hijo casi exclusivamente con leche, purés y comida triturada, llega una etapa fascinante: la aparición en su menú diario de productos consistentes.

Alrededor de los 9 meses es un buen momento para que empiece a comer con las manos. A esa edad el niño ya ha desarrollado lo suficiente sus habilidades motoras para poder llevar a cabo movimientos de cierta precisión. Es lo que se denomina habilidad motora fina y le permitirá empezar a coger alimentos con sus dedos.

Cambios importantes

Algunos acabarán, lógicamente, en el suelo, pero otros muchos alcanzarán su objetivo: la boca. “Entre los 9 y los 12 meses desarrolla primero el agarre palmar, es decir, coge con la mano los productos de manera burda; luego el agarre de pinza (índice y pulgar) deficiente y, finalmente, el agarre refinado, cuando afina y se mete los alimentos en la boca con cierta pericia”, sintetiza la nutricionista Juana González, directora técnica de la clínica Alimmenta de Barcelona.

Además, coincide con cambios importantes en su alimentación: su apetito se hace irregular (la llamada inapetencia ondulante), por lo que habrá días que coma mucho y otros, poco.

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Todo son ventajas

Muchos expertos coinciden en la gran cantidad de ventajas que supone comer con los dedos. De entrada, le permite empezar a seleccionar alimentos.

Este proceso de autonomía y autorregulación alimentaria es fundamental en su desarrollo para comer de manera independiente. Por otra parte, perfecciona mucho sus habilidades de coordinación mano-ojo y, a la vez, gana en confianza.

Parte de la familia

Además, esta nueva etapa le permite incorporarse a la dinámica familiar. Ya está preparado para comer con vosotros en la mesa, es consciente de esta integración social y la disfruta. Se siente observado, querido y parte activa del núcleo familiar. Incluso es probable que le interese más tu plato que el suyo; su curiosidad es infinita.

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Cuida la presentación

Ponle un babero, colócale el plato y deja que se apañe con las manos, siempre bajo tu atenta mirada. Y no descuides la presentación de lo que le ofreces. Aunque creas que tu hijo no lo valora, es algo que tiene muy en cuenta y que facilitará su proceso de aprendizaje. “A veces un niño rechaza un plato por algo tan absurdo como que la judía es demasiado grande”, cuenta Juana. O incluso simplemente porque está rota. “También puede negarse a comer porque no le gusta el plato, le parece muy grande o le incomoda la disposición de los productos”, añade.

El color también influye

“A los niños de entre 1 y 6 años les gustan más las verduras crudas frente a las hervidas, entre otras cosas porque les atraen los colores vivos”, cuenta la experta en alimentación.

Coloca los productos cortados con esmero. Y puedes incluso situarlos estratégicamente para que empiece a comer aquellos que a ti más te interesan por su aporte nutricional.

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Quédate a su lado

Es fundamental que estés a su lado, sobre todo cuando lo que le pones en el plato es nuevo. Ofrécele cada alimento con paciencia y constancia y no asumas como un rechazo el hecho de que no quiera cogerlo.

Buenas tácticas

Pruébalo tú delante de él y haz ver que te encanta (recuerda que los niños comen por imitación). Si lo rechaza, inténtalo de nuevo con otra presentación (posición, tamaño diferente, plato distinto) y no olvides que para mejorar la aceptación de nuevos alimentos se pueden requerir entre 8 y 15 exposiciones previas.

Utiliza un tono conciliador y agradable. E introduce un único alimento nuevo cada 2-7 días para  detectar posibles intolerancias alimentarias.

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Dale tiempo

Tu hijo come a su ritmo, por eso tu paciencia es fundamental en esta fase. No le riñas si ingiere lento pero tampoco dejes que se eternice. “Media hora es tiempo más que suficiente para que pueda acabarse el plato”, dice la experta.

Cuando pasas de la comida triturada a los alimentos en trocitos, lógicamente tarda más y come menos. “Las normas de comportamiento y de funcionamiento se introducen en esta época”, cuenta la nutricionista.

Él sabe regularse

De hecho, un consejo práctico es que dejes que regule su propia ingesta, ya que los bebés se regulan bien según los impulsos de hambre y saciedad. Al año de edad el bebé come entre un tercio y la mitad de lo que come un adulto; a los 3 años, la mitad. Ten en cuenta estas proporciones para calcular su tiempo en la mesa.

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Siempre en trozos muy pequeños

“Han de ser trozos pequeños, por si se los traga sin masticar”, advierte la nutricionista. Y hay que evitar los que están demasiado fríos o calientes.

Además, has de tener mucha precaución con los que tienen piel (por ejemplo, las uvas) y con los demasiado duros, cuyas partes, en caso de romperse, pueden provocar que se atragante (cortezas, colines..)..

Ante un atragantamiento...

Si eso ocurre, ante todo mantén la calma: la pieza suele salir sola. Si no es así, deberás practicarle la maniobra de Heimlich: ponle boca abajo apoyado en tu pierna y golpea cinco veces en su espalda, entre los omoplatos; luego, boca arriba, comprímele el tórax con dos dedos, empujando hacia arriba el esternón, hasta que lo expulse. Verás que todo queda en un susto.

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