Qué hacer si un niño no come

Si tu hijo come mal, paciencia. Deja que sea el pediatra quien controle su crecimiento, ofrécele tu mejor sonrisa en las comidas, para que no se conviertan en un drama, y sigue estos consejos.

image
D.R.
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Cuestión de matices

¿Cuántas veces le has dicho al pediatra que tu hijo no come nada o que come fatal? Infinitas, seguro. Pero antes de solidarizarnos con este problema, que angustia a miles de madres como tú, maticemos. Una cosa es que el niño no coma y otra, diferente, que no coma tanto como tú desearías. Tampoco es igual que haya sido siempre de poco comer a que la falta de apetito haya surgido con el inicio de la alimentación complementaria o con algún alimento concreto.

Cuestión de matices: si el niño no comiera nada, de verdad, tendría un problema importante y su pediatra ya habría tomado medidas para ingresarlo en un hospital. Si come, aunque no tanto como tú esperas, pero está controlado por su médico, gana peso y crece proporcionalmente (da igual el percentil en el que se encuentre), la cosa va bien. Seguramente es de constitución delgada y tendrás que hacerte a la idea de que no será un niño rollizo (y supondrá un golpe para tu ánimo si lo comparas con el de tu vecina).
Si se trata de un lactante y la falta de apetito ha surgido de pronto, habla con su médico. Ten en cuenta que en los más pequeños, una acusada falta de apetito repentina puede estar relacionada con infecciones de orina.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Pautas muy eficaces

Al empezar con la alimentación complementaria es lógico que, de entrada y hasta que se habitúe, el niño rechace los sabores nuevos y las texturas diferentes. No dejes que esto te lleve a pensar que antes comía bien y ahora no, ten en cuenta que lo que le ocurre es normal y recuerda estas pautas para que la introducción de nuevos alimentos (de los 6 a los 12 meses) transcurra sin problemas:
1. Sigue las indicaciones de su pediatra en cuanto al orden de estas novedades.
2. Cada alimento hay que introducirlo solo, de uno en uno y en pequeñas cantidades. Esto quiere decir que el primer día con dos cucharadas es suficiente. Después hay que ver cómo le sienta al niño (vómitos, diarreas, aumento de gases, etc.). Si todo va bien, al día siguiente puedes añadir otras dos cucharadas.
Tómatelo con calma, si gira la cabeza o lo expulsa con la lengua y lo rechaza, no le fuerces. Deja pasar un par de días y empieza de nuevo. Muchos problemas con la comida se inician en este proceso de toma de contacto con la cuchara y los nuevos alimentos.
3. La alimentación base hasta el año de edad es la leche. Por tanto, si el niño la toma, estará alimentado. No te agobies con el tiempo que pasa hasta que pueda comer un plato completo de puré o con los ingredientes.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Épocas de inapetencia que son normales

Hay periodos en los que el niño come menos porque sí. Por ejemplo, a partir del año no necesita tantas calorías, su organismo regula la cantidad de alimento que precisa y es normal que se reduzca su apetito y engorde menos.
No le obligues a comer más de lo que requiere. Por otro lado, entre los 18 y los 24 meses le interesa más saltar y jugar que estar comiendo; fracciona sus comidas para “que no pierda tiempo” y pueda marcharse.
También es fácil que esté desganado durante un tiempo después de una enfermedad (catarro, gripe, bronquiolitis, gastroenteritis, etc.), sobre todo si ha tomado medicación. No pasa nada. Ofrécele los alimentos que más le apetezcan y si es un lactante, permítele que sus tomas sean más cortas o sus bibes de menos cantidad.
Si la falta de apetito se mantiene, consulta con el pediatra para que diagnostique posibles intolerancias, infección de orina, celiaquía, reflujo gastroesofágico, acumulación de gases, etc. que puedan condicionar la situación.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Cómo convivir con un mal comedor

La clave está en la paciencia y el buen talante. Comer es algo que debe hacerse sin dramas, gritos, amenazas, llantos ni reproches. No hace falta forzar al niño para que coma cuando no quiere. Esta costumbre puede terminar con manías a la comida y anorexia en bebés y niños. A continuación encontrarás pautas que ayudarán a tu hijo (y a ti) a establecer una buena relación con la comida.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
1. Evitar los horarios rígidos

Un lactante debe mamar a demanda y si toma biberón, hasta que se sacie, en tomas cada tres horas aproximadamente. Desde los 6 a los 18 meses los bebés suelen hacer cinco comidas al día, y hacia los 2 años, cuatro o cinco comidas (tres principales y uno o dos tentempiés); pero recuerda que no hay por qué seguir horarios rígidos. Si en una de ellas no se lo termina todo o si se salta una comida porque tiene sueño, está muy cansado y no le apetece o está malito, no te agobies; ya comerá en la siguiente toma.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
2. Cambiar el orden de los alimentos

Salvo en el caso de la introducción de alimentos, en el que has de respetar el orden que te haya indicado el pediatra, cuando ya coma de todo no pasa nada si tu hijo quiere empezar por la manzana, seguir con un par de croquetas y terminar con la carne. El orden de los platos no va a alterar el peso del niño.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
3. Dejar que se manche

Si quiere comer él solo con su cuchara (a los 9-10 meses) o coger trocitos de alimento con los deditos, permíteselo. Verá la comida como algo que le estimula, no como una obligación. Otra cosa diferente es que se ponga a guarrear y a tirarlo todo al suelo. Esto no; retira el plato sin gritos y a otra cosa.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
4. Ofrecerle cosas nuevas

A partir del año, déjale probar alimentos vuestros, pero con el tamaño y la textura para que pueda tragarlos sin problemas (bajo tu vigilancia). La curiosidad del niño juega a su favor, siéntale con vosotros a la mesa para que vea la comida como algo lógico y familiar.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
5. No insistir

Si no se ha acabado su ración pero no quiere seguir, gira la cara, cierra la boca, escupe, se aleja de la bandeja de la trona, dice que no con la cabeza... está claro, ¿no? ¿De qué sirve esperar una hora más con el plato en la mesa, la comida fría y la paciencia al límite?

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
6. No forzar su ritmo

Déjale que paladee, saboree, mastique con tranquilidad y trague. No le llenes la boca cuando llora ni le pongas el chupete para que trague antes. No le metas prisa o se atragantará. Hay niños que comen rápido y otros lento, es parte de su personalidad.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
7. Darle de comer al aire libre

En cuanto el tiempo lo permita: sal con él a merendar en el parque o en la terraza, o porponle desayunar en el balcón. Otra opción es comer con él frente a una ventana abierta, para que vea los pajaritos (por supuesto, siempre bajo vigilancia de un adulto). El aire libre y el sol ayudan a mejorar el apetito.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
8. Entretener sin distraer

A los malos comedores les sienta de maravilla una pizca de entretenimiento durante el proceso. Según la edad, haz el avión con la cuchara, háblale de tus cosas o del color de la comida, ponle trocitos para que coja mientras le das el puré, cuéntale un cuento... Pero ha de quedar claro que estáis comiendo; no le pongas la tele salvo que falle lo anterior.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
9. Valorar su intención

Si prueba algo nuevo y no le gusta, valora la intención y su buena voluntad aunque haya comido poco. El halago y el refuerzo positivo dejan buena huella en la memoria.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
10. Respetar sus gustos

En cuestión de gustos... has de respetar que habrá alimentos que no le agraden y que no pueda con ellos y otros que sí, como le pasa a todo el mundo. Aunque esto no implica que si no quiere comer, le pongas todos los días otra cosa diferente que sí le guste.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Trucos de andar por casa

Utilízalos para que tu hijo vea la hora de la comida como un momento agradable y toodo resulte más fácil:

- Pon platos minúsculos y raciones mínimas para que no se sature al verlo. Se admiten platos de juguete o con sorpresa (al comer se ve un dibujo en el fondo).
- Usa una cuchara de silicona termocrómica (cambia de color con la temperatura); le parecerá divertida y te ayudará a saber si quema.
- Los moldes para hacer galletas cortan la fruta con formas divertidas y las pajitas de colores “quizá den mejor sabor a la leche”.
- Los trocitos de carne saben mejor pinchados con un palillo que con tenedor.
- Las pegatinas de naranjas y peras ayudan a premiar a quien se come la fruta.
- Decora (camufla) la comida para hacerla más apetecible y estimularle el apetito (según cada edad).

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
No es conveniente...

Ten en cuenta estas premisas que te ayudarán a evitar que haya problemas en la mesa:

- Guardar restos de comida que ha dejado (leche, puré...) por posibles contaminaciones.
- Mantener el plato horas en la mesa esperando que vuelva a la tarea pendiente.
- Ponerle raciones, imposibles de tomar para un niño.
- Aburrirle poniendo todos los días lo mismo: la dieta ha de ser variada, que entre por los ojos y nutritiva.
- Amenazar con castigos (ir a la cama, no ir al parque), decirle que no va a crecer...
- Incumplir los pactos: si le dices “dos cucharadas más y lo dejas”, ha de ser así o no volverá a creerte.
- Ir tras él con la cuchara mientras juega. Jugar y comer son cosas diferentes.
- Pesarle continuamente.
- No acudir a las revisiones que ha indicado su pediatra.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo