Lactancia materna: qué debes tener en cuenta

La leche materna es el mejor alimento para tu bebé. ¿Sabes qué pautas te conviene seguir para instaurar y mantener la lactancia? Descúbrelo.

 

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Infórmate sobre la lactancia

El primer paso para una lactancia feliz empieza antes incluso de tener al bebé. De la misma forma que acudes a clases de preparto, asegúrate de informarte sobre el tema: pregunta a tus amigas, lee, dirígete a un grupo de apoyo... Así estarás preparada cuando llegue el momento. Si por el contrario lo vas dejando y luego te viene todo de nuevas, quizá te veas en la situación de ir apagando fuegos.

Da de mamar al bebé a demanda

Si intentas seguir un horario a rajatabla, lo más probable es que acabéis los dos frustrados. Si tu bebé solicita pecho, ofréceselo. A veces sólo busca con ello consuelo y está bien que sea así. Además, verás que las cosas pueden cambiar. Por ejemplo, los bebés pasan por episodios de crecimiento (generalmente al mes y medio y a los tres meses) en los que tienen más apetito y modifican los hábitos a los que estabas acostumbrada. Deja que las cosas fluyan. El estrés es un factor que afecta a la lactancia: situaciones de mucha tensión pueden llegar a bloquear la salida de la leche (no la producción).

Empieza a dar de mamar justo tras el parto

El inicio precoz de la lactancia materna es la mejor forma de instaurarla. “Con ello se disminuyen algunos problemas, como la ingurgitación (congestión mamaria)”, explica Alba Padró, asesora del grupo Alba Lactancia Materna. Según recomienda la OMS, lo ideal sería empezar en la media hora siguiente al parto vaginal, o en cuanto puedas si fue cesárea. Es importante hacerlo porque la succión del bebé es lo que marcará la producción láctea. Cuanta más succión, más cantidad tendrás y más se reducirá el tiempo que tardará en subirte la leche (normalmente sube a las 48-72 horas del parto).

Asegúrate de instaurarla bien

A partir de las seis semanas de vida se considera que la lactancia está instaurada. Antes de esa fecha no es recomendable ofrecer al bebé chupete o biberón, porque la técnica de succión es diferente a la del pecho y puede llevarle a confusiones. De hecho, según la Asociación Española de Pediatría, el uso precoz del chupete por el bebé puede ser causa posterior de grietas y dolor en el pezón. Otro inconveniente es que con el biberón la leche sale más rápido que con el pecho y eso lleva a que muchos bebés rechacen mamar.

Ten confianza en ti misma

Ya sabes que debes dar el pecho a demanda (son unas 8-12 tomas en 24 horas). Los primeros días quizá sean un poco difíciles –¡os estáis conociendo!–, pero es esencial que tengas confianza en ti misma. Olvídate de mitos como el de que hay leche de “menos calidad” o que si un pecho es pequeño produce menos. Si el niño duerme y engorda bien (100-200 g a la semana hasta los 4 meses) y moja unos ocho pañales al día todo va perfecto.

Aliméntate bien para dar de mamar

Sigue una alimentación lo más sana posible y olvídate de dietas hasta al menos los tres meses del bebé. Dando el pecho pierdes unas 500 calorías diarias, ¡así que necesitas energía de calidad! Es aconsejable reducir el consumo de café o de té y, si tu hijo sufre cólicos, a veces también el de leche de vaca. En cuanto a la ingesta de líquidos, no es necesario forzarte.

Sigue una técnica correcta

Es algo básico para evitar complicaciones. Lo importante es que la oreja, espalda y cadera del bebé estén en línea recta y tu pezón a la altura de su nariz. También que el niño no coja sólo el pezón, también la areola. Cuando acabe (o si no lo ha cogido bien), separa su boca del pecho introduciendo un dedo entre sus labios y el pezón, así no te tirará. Hay diversas posturas; encuentra la tuya y cambia de vez en cuando.

Aprende a prevenir grietas y mastitis

Las grietas constituyen uno de los motivos más frecuentes de abandono de la lactancia porque causan mucho dolor. Se deben a una mala posición al dar el pecho y, generalmente, con mejorar la técnica se soluciona el problema. La mastitis ocurre cuando la ingurgitación no evoluciona correctamente y acaba en inflamación o incluso en infección de la mama. Te sientes como si tuvieras la gripe, fiebre incluida. Sigue dando el pecho, lo que necesitas es vaciarlo. Quizá el médico te recete algún antibiótico.

Date masajes reparadores en el pecho

Es normal que en algún momento notes los pechos congestionados. En estos casos, un masaje te reconfortará. Si hay ingurgitación, se recomienda la técnica de presión inversa suavizante: antes de dar el pecho, presiona sobre la zona que rodea al pezón, para que la hinchazón se desplace hacia atrás y el bebé pueda cogerse mejor. Otro remedio natural: aplicar hojas de col frescas en los senos (sin tocar el pezón).

Olvídate del tabaco y del alcohol

Está demostrado que la nicotina pasa a la leche materna. Si eres de las que no han podido dejar de fumar durante el embarazo, lo recomendable es que reduzcas lo máximo posible la cantidad y que te abstengas de fumar al menos durante las dos horas anteriores a la toma. Y, por supuesto, que no lo hagas jamás en presencia del pequeño (ni dejes que lo haga nadie). En cuanto al alcohol, también pasa a la leche. Como no existe una cantidad mínima que sea segura, mientras estés lactando debes abstenerte por completo, igual que en el embarazo.

Sigue también estas pautas

Para que la lactancia materna vaya aún mejor, además de las pautas que te hemos dado ten en cuenta también estos aspectos:

Ropa. Es el momento de apostar por la comodidad. Opta por ropa que te facilite dar el pecho, como las camisetas y sostenes de lactancia, con apertura por delante. Son recomendables los sostenes sin aro (para que no den problemas de ingurgitación) y que no aprieten (elige una o dos tallas de más). Si te notas los pechos congestionados, puede ser útil dormir con sujetador. 

Higiene. No necesitas una higiene especial. Con la ducha diaria (y jabón neutro) es suficiente. De hecho, una higiene excesiva puede ser contraproducente, porque perjudica la protección natural de la piel. Eso sí, lávate las manos antes y después de dar el pecho. Utiliza discos absorbentes para las pequeñas pérdidas de leche y cámbialos con frecuencia para evitar la humedad (y prevenir grietas).

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