Estimula su gusto

Déjale probar y disfrutar sabores distintos, pero poco a poco, sin agobiarle. Este sentido se puede educar... y es conveniente hacerlo.

 

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1. Nuevos sabores

Llega la hora de comer y Alma ya sabe que ha de sentarse tranquilamente. La pequeña está a punto de descubrir nuevos sabores, un proceso delicado que es necesario realizar con paciencia y mucho respeto. Los expertos hablan de despertar la inteligencia a través de la boca, ya que los niños exploran el mundo llevándose todo a la boca. Siguiendo esta máxima, has de saber, mamá, que el sentido del gusto se puede y se debe educar para que la alimentación del niño sea correcta.

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2. Dulce, sí me gusta

Durante la gestación, los bebés experimentan el sabor dulce del líquido amniótico, por eso es tan fácil que luego acepten la leche, una papilla de cereales o el puré de frutas. La percepción del dulce está en la punta de la lengua y eso es lo que hace Alma: abre su boquita de piñón, prueba la papilla de cereales y... sí, reconoce el sabor con agrado.

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3. Salado, para mí no

Aceptar el sabor salado no es tan fácil. El puré de verduras (nunca se le añade sal, pero es salado) no suele ser plato de gusto por las prisas de los adultos. El niño no debe asociar una comida nueva con sensaciones desagradables, como la insistencia de mamá para que coma, o que el puré esté caliente, o que haya un enfado de por medio. Se empieza con una cucharada. Si ves que le gusta, sigues. Si no, esperas al día siguiente.

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4. Ácido, me da unos escalofríos...

El sabor ácido (como el de la naranja) es complicado de encuadrar. Se percibe en los bordes superiores de la lengua y en los laterales de ésta. Pero a muchos pequeños no les desagrada este escalofrío gustativo, ya que la sensación resulta muy refrescante.

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5. Amargo, ¿es una broma?

Mira qué gesto pone Alma ante el sabor amargo. Es idéntico al que pondría un adulto al activarse las papilas de la parte central posterior de la lengua. Esto nos permite asegurar que los bebés perciben los cuatro sabores que caracterizan el gusto. Un sentido muy poco valorado, pero que echamos mucho de menos cuando tenemos congestión nasal.

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6. Tocar la textura

Para que la nueva comida le resulte apetecible, debe “entrarle por los ojos”. Una poquita cantidad de alimento ofrecida en un plato divertido resulta más apetecible que un plato enorme. Si además permites que tu hijo la observe, la toque y la sienta, lo más seguro es que en algún momento se lleve el dedo a la boca y la pruebe. De ahí a que abra la boca ante la cuchara sólo hay un paso.

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