Cómo saber si tu hijo come mucho, poco o bien

Si crees que tu peque come demasiado poco o que corre el riesgo de ser un preadolescente rellenito, ¡sigue leyendo!

Si tu hijo está en un percentil de peso equilibrado respecto al de su estatura, si juega, está activo, sonriente... estamos ante un niño sano que come menos o más de lo que a ti te gustaría... pero sin más. ¿Todavía no te quedas tranquila? ¿Te parece poco exacto? Llevas razón, el tema del comer en los niños jamás es una ciencia matemática y los números son más que relativos: en teoría, los bebés de 6 meses necesitan tomar de 350 a 800 calorías al día, los de 12 meses de 480 a 1.160 calorías, y los de 2 años de 660 a 1.300...

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Como ves, la franja de variación de cada edad es enorme (más del doble); eso quiere decir que hay niños que necesitan comer la mitad que otros; y que puede que tu hijo pertenezca a un grupo o a otro sin que eso signifique nada malo para su salud. ¿Nuestro consejo? Deja de preocuparte por la cantidad y céntrate en la calidad de lo que come, en la variedad y, sobre todo, en su actitud –mejor si es curiosa y divertida– ante la comida.

Hábitos triunfadores

Ya sabes que el baby-led weaning (dejar que los niños tomen más alimentos sólidos en detrimento de los purés) está muy de moda. La filosofía menos radical de esta tendencia consiste en poner a su alcance alimentos variados y adecuados a nivel nutricional, y que tu hijo, aunque aún no haya cumplido el año, elija por sí mismo lo que quiere comer. Hundir sus manitas en la comida, embadurnarse, experimentar con las texturas... es siempre tan buena idea, que esta filosofía, en sus versiones más light, se va afianzando en grupos de madres y pediatras. Eso sí, hay que prestar especial atención a los atragantamientos; al fin y al cabo estamos hablando de niños muy pequeños. Pero lo que pone de relevancia la filosofía baby-led weaning es cierto: incluso en bebés, la actitud a la hora de comer es muy importante, por eso es vital que sigas estos consejos:

Haced, al menos, una comida diaria en familia. Y que en esa comida no haya tele ni tablet de por medio. El acto de comer
ha de ser consciente, relajado y disfrutado, incluso para los bebés.
Mostrad interés por la relación que tiene tu hijo con la comida. En cuanto se pueda comunicar, pregúntale si está bueno, si tiene mucha o poca hambre, si le gusta más cocinado de otra forma...
Involucrad al niño en la preparación de la comida tan pronto como pueda ayudar.
No añadas azúcar ni edulcorantes a leche, zumos o yogures: el paladar, el gusto, se educa; y educar al dulce es una opción poco saludable.
• Y cuando es mayorcito e intenta probar algo nuevo (y le cuesta) o esforzarse con algo que no le gusta mucho (aunque sea una cucharada), felicítale; explícale por qué es bueno ese alimento y pasa rápido a otra cosa.

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Los niños que comen poco…

¿Estás segura de que tu hijo entra en esta categoría? Poco es realmente poco cuando tu hijo no sube de peso (o incluso baja), está estancado y, sobre todo, si ves que el niño está diferente, que está cambiado. En estos casos puedes consultar al pediatra o a un nutricionista.

Es casi seguro que tu hijo, a pesar de comer poco, esté tomando las calorías que necesita, ni más ni menos. La comida, a partir de los 6 meses, tiene que ser a demanda, igual que has hecho con la lactancia materna o con el bibe. Tu hijo ha de comer lo que le apetezca de la comida que le ofrezcas. Y si se resiste a los sólidos y sigue tomando sobre todo leche, acuérdate de que la etapa de lactancia se extiende hasta los 24 meses... por algo será.

…y los que se pasan de percentil

Tener un niño gordito, lleno de lorzas, ya no está de moda y además no es sano. Pero ten muy claro que la única manera de que un niño no engorde –sea cual sea su edad– es que haga más ejercicio físico. La restricción alimentaria no está recomendada en los peques. Si le sobran unos kilitos, revisa junto al pediatra y a un nutricionista sus hábitos alimentarios y vuestro estilo de vida para que la intervención alimentaria no
interfiera en su crecimiento.

Ojo con estos productos en el súper

Cuando vayas al supermercado, fíjate en las composiciones de los alimentos. Y piensa que, según los expertos, los niños españoles comen demasiado azúcar, sal, grasas trans, grasas saturadas y un exceso de proteínas de origen animal.
• Refrescos y zumos. Hay que tener cuidado, sobre todo si exceden los 5 g de azúcar por 100 ml.
• Alimentos envasados. Los fabricantes añaden azúcar a casi todos ellos, incluidas las conservas y las verduras congeladas.
• Pan y pastas. Elige siempre las que sean integrales de verdad.

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