Comiditas para aprender a masticar

A partir del año el bebé tiene que comenzar a masticar. Iníciale en esta habilidad con los alimentos y con las preparaciones más adecuadas.

Cada niño tiene una maduración diferente, también a la hora de aprender a masticar: algunos bebés lo hacen hacia los 10 meses y otros a partir de los 12.

Para saber si el tuyo está preparado, fíjate en si es capaz de mover la lengua contra los laterales de la boca y si muestra interés por lo que coméis los mayores.

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Si se dan estas dos premisas, puedes empezar a dejarle los purés menos pasados, con tropezones. Si no, espera hasta que te lo diga el pediatra (lo hará alrededor del primer cumpleaños del pequeño).

La masticación es fundamental para el niño: le ayuda a triturar los alimentos para poder digerirlos con facilidad (así se evitan los molestos gases), estimula el desarrollo de la mandíbula, endurece las encías y contribuye a que la dentadura se desarrolle sana. Además, al masticar el niño ejercita una serie de estructuras (lengua, labios, músculos de la mandíbula) que influyen en el crecimiento de la cara; si no las mueve, se irán debilitando y puede que el desarrollo de esta zona no sea todo lo armonioso que debiera.

Por otro lado, además de iniciarle en la masticación, en esta época también es muy importante que le estimules para que desarrolle otras capacidades que le darán una mayor autonomía, como beber en vaso o en taza y utilizar las manos para comer.

Es el momento de los tropezones

Para empezar, ofrécele los purés más espesos. Cuando se haya acostumbrado a comerlos de esta manera, puedes probar a aplastar con el tenedor unos trozos de patata cocida y echársela en el puré; aunque no tenga muelas, el pequeño aplastará el alimento contra las encías y lo ensalivará hasta deshacerlo. Por otra parte, si le preparas zumo de naranja, no lo cueles, así lograrás que se habitúe a encontrarse la fibra de la fruta.

Una vez que coma bien los trozos de patata que se encuentra en el puré, puedes ofrecerle galletas de dentición (especiales para esta etapa) o un trozo de corteza de pan.

El hecho de coger el alimento con las manos y de llevárselo a la boca le va a dar mayor autonomía. ¡Imagínate!, todavía no sabe utilizar la cuchara, pero ya es capaz de alimentarse él solito.

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Además, comer con los dedos le proporciona muchos estímulos: al tocar el alimento descubre nuevas texturas y siente el contraste de la temperatura frío/caliente, y al llevárselo a la boca ejercita la coordinación mano-ojo.

Para animarle a que coma con los dedos, debes prepararle pequeñas comiditas con contraste de color (será un espectáculo irresistible para tu peque) y dejar que se ensucie.

No le regañes si tira algo al suelo, o si se llena el pelo de galleta o de patata.

Se trata de iniciarle en un juego divertido, el de probar nuevos alimentos, con texturas y sabores diferentes, lo que con el tiempo le ayudará a tener cultura gastronómica. En caso de que rechace algún alimento porque no le gusta el sabor o la textura, espera una semana y vuelve a intentarlo.

Vigila los atragantamientos

A la hora de preparar estas pequeñas comiditas, elige alimentos muy blandos, que él pueda triturar fácilmente con sus encías: trocitos de patata cocida, arroz cocido, plátano maduro aplastado con el tenedor, huevo cocido hecho migas, zanahoria cocida y rallada, etc.
Recuerda elaborar sus platos sin sal y evita alimentos como aceitunas, frutos secos, patatas fritas de bolsa, palomitas de maíz, granos de maíz cocido, garbanzos o alubias sin aplastar, salchichas, caramelos… Todo lo que por su dureza y tamaño pueda hacer que se atragante.

Si aun así se atraganta, con pan o con otro alimento, dale un poco de agua. Si no se le pasa y no puede toser, ni llorar, ni hablar, ni respirar, llama al 112 y comienza la maniobra de Heimlich: sienta al bebé en tu regazo (su espalda contra tu pecho), abrázale por detrás (pasa tus brazos por debajo de sus axilas) y coloca el puño cerrado (el pulgar metido dentro del puño) justo entre el ombligo y el esternón (a la altura de la boca del estómago); realiza cinco compresiones rápidas hacia arriba y hacia adentro en la zona, hasta que expulse el alimento.

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