El reflejo de succión, clave para empezar la lactancia materna

A veces cuesta instaurar la lactancia materna, a pesar de que el bebé tiene el reflejo de succión. ¿Quieres saber cuáles son las causas y cómo puedes ponerles solución?

Tu bebé llega al mundo con el reflejo de succión ya desarrollado (aparece hacia la semana 32 del embarazo) y lo pone en práctica de manera automática: ante el acercamiento del pezón a su boca, comienza a succionar.

Sin embargo, en algunos casos cuesta un poco instaurar la lactancia. Si te ocurre, tranquila. Ten presente que el origen del problema suele estar en una técnica inadecuada y que existe una solución más fácil de la que piensas.

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Las funciones del reflejo de succión

El reflejo de succión es el paso previo a la deglución, dos funciones esenciales para que el pequeño pueda alimentarse.

Este reflejo innato sirve también para calmar y reconfortar al bebé cuando se siente molesto (por eso los especialistas recomiendan recurrir a la succión en momentos dolorosos para el niño, por ejemplo cuando tengan que vacunarle).

Pero no sólo eso. Además, el reflejo de succión interviene en la producción de la leche: cuando el niño mama estimula las terminaciones nerviosas del pezón, que envían señales a la glándula hipófisis, localizada en la base del cerebro, para que empiece a segregar prolactina y oxitocina, dos hormonas encargadas de la producción de la leche materna y del vaciamiento de las mamas, respectivamente.

De modo que la succión es clave a la hora de mantener en el tiempo la lactancia materna: a mayor succión, más producción de leche.

Cuando pongas a tu hijo al pecho por primera vez, notarás que busca de manera nerviosa el pezón (reflejo de búsqueda). Ese es el momento para introducir en la boca el pezón. Al principio le costará, incluso lo cogerá y lo soltará; necesita practicar hasta adaptarse.

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