Tu pecho por fuera

Tus senos se preparan para la lactancia desde las primeras semanas del embarazo. Aquí te explicamos cuáles son los cambios externos que se producen en el seno para dar de mamar y en las siguientes páginas, cómo fluye la leche por dentro y qué hace el bebé para extraerla.

Pezón

Cuenta con unos agujeros diminutos (es difícil verlos), entre 15 y 20, a través de los cuales sale la leche.

Son las aberturas de los llamados conductos galactóforos, que desembocan en el pezón.

No todas las mujeres tienen el mismo número de conductos y aberturas, pero ello no afecta a la capacidad para amamantar, ya que en la lactancia lo que se da es el pecho, no el pezón.

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No obstante, en algunas ocasiones, como en el caso de los pezones umbilicados o invertidos, que se retraen al ser estimulados, sí se puede complicar un poco el agarre del bebé. Durante el embarazo aumenta la capacidad eréctil del pezón, es decir, su propensión a ponerse firme al ser estimulado con el tacto o el simple contacto. Además, tiene fibras musculares que se contraen y actúan como esfínteres controlando la salida de la leche.

Areola

Es la piel coloreada que rodea tu pezón. Verás que con el avance de la gestación, este círculo oscuro aumenta de tamaño y se oscurece aún más. Es debido a la acción de varias hormonas que se incrementan ahora: estrógenos, progesterona y prolactina.

Y todo ello por una sabia razón: para que el recién nacido pueda localizar fácilmente esta zona y comenzar a mamar.

Glándulas de Montgomery


Son los bultitos (glándulas sebáceas) que se aprecian en y alrededor de la areola y que con el embarazo también aumentan de tamaño.

Su función es limpiar, desinfectar y lubricar tu pecho, ya que producen unas sustancias que alteran el PH de la piel y evitan que crezcan bacterias. También producen un líquido aceitoso que mantiene los pezones suaves y limpios y que desprende un olor especial.

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