Dáselo pegado a tu pecho

Una vez listo el biberón, coge a tu bebé en brazos, recuéstalo sobre uno de tus antebrazos y mantenlo ligeramente inclinado hacia adelante, para que pueda tragar mejor, y muy pegado a tu pecho, como si estuviera mamando, para que se sienta cobijado.

Antes de meterle la tetina en la boca, asegúrate de que está llena de leche para que no trague aire. Y si se deforma mientras está mamando, quita media rosca; así harás que el aire circule mejor en el biberón y tu pequeño succionará sin dificultad.

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No le des toda la toma seguida. Haz pausas para que descanse y eche el aire y una vez que termine, recuéstalo sobre tu hombro y dale unas palmaditas en la espalda para que eructe (si regurgita no pasa nada).
No te agobies si en ocasiones se deja parte de la toma. Igual que ocurre con los adultos, hay bebés más y menos comilones.

El indicativo más fiable para saber si están creciendo bien no es lo que comen, sino si van ganando peso semana a semana.

¡QUÉ INTERESANTE!

Muchas madres se preguntan si pueden conservar para la siguiente vez la parte de la toma que se deja su pequeño. La respuesta es no. Y no porque vaya a estropearse (en el frigorífico puede aguantar hasta 12 horas), sino porque adquiere una textura más pastosa y un sabor más fuerte que al niño no le agradarán nada, lo que aumenta el riesgo de que a partir de entonces rechace los biberones.

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